TEACHER'S PET 1

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⚠ Pequeña serie de 8 partes de AUs +18 con la misma temática ⚠

↭ No aprendí nada de tu clase, cariño, excepto cómo mentir y engañar mientras estamos bajo las sábanas ↭

Horacio, como en todas sus horas de clase de literatura, dejo de prestar atención a lo que su profesor decía sobre las obras de teatro dramáticas, prefirió concentrarse en lo bonito que se veía con aquella camisa azul marino y aquellos pantalones formales de pitillo. Prefirió perderse en el perfil de su bonita cara, su nariz respingada, cabello corto pero largo de arriba, sus bonitos muy bonitos ojos marrones y sus labios delgados, joder, sus labios delgados, como amaba besarlos, si por el fuera estuviera día y noche besándolos.

Seguía la bonita figura de su profesor con la mirada, desde que dejó el marcados para pintarron en el borde metálico del mismo hasta que se sentó en su escritorio y comenzó a llamar a algunos estudiantes, aquellos llamados pasaban con su libreta a mostrarle quién sabe qué, el profesor reía despacio mientras hablaba con algunos de ellos. Pareciera como si el bullicio se había callado, como si todos aquellos ruidos de sus compañeros estuvieran alejados y lo único que él podía escuchar era la linda risa del ruso, la manera en la que su risa deleitaba los oídos del chico era maravillosa. Salió de aquel trance en cuanto su móvil vibro.

"¿Te diviertes mirándome?"
"¿Al menos haz terminado la actividad?" Horacio rió, ¿qué puta actividad?

"Lo recompensaré, esta noche en mi casa" Respondió.
"Mi papá trabajara en el turno de la noche, te esperaré" Envió mientras sonreía.

Levantó un poco la mirada hacía su profesor, el hombre hizo lo mismo y le sonrió, dejandole un guiño discreto.



Horacio plancho con sus manos una vez más su camisa blanca, mirándose en el espejo del pasillo, escuchaba a su padre tomar sus cosas del salón. Sonrió para él mismo.

— No hagas travesuras, ¿vale?, y por favor, no invites a Gustabo que siempre hace un desastre- Horacio asintió— Vale, regresaré por la mañana, ten cuidado, no duermas tarde que mañana estudias— Jack besó la frente de su hijo mientras este asentía— Bien. Te veo mañana— Se despidió mientras salía por la puerta.

Pasaron, quizás, cinco minutos desde que su padre se fue y él se sentó en el sofá a mirar televisión. El timbre resonó por toda la casa, aquello alegró al chiquillo. Caminó hacía la puerta y, antes de abrirla, volvió a mirarse al espejo. Abrió la puerta, encontrándose con aquel maravilloso ruso de espaldas, el hombre se giró al notar que la puerta ya estaba abierta. Horacio no dijo nada, simplemente se hizo a un lado y dejo que pasara.

— Priviet— Saludó con una sonrisa.

— Hola, profesor— Respondió, bromeando con la última palabra y cerrando la puerta detrás de él.

— Por Dios, Horacio, no me llames así fuera de la institución— El chico rió— Que no te rías, aunque no lo creas me afecta- Le contó mientras se acercaba a él y lo tomaba de la cintura— Esto— Dejó un beso sobre los gruesos labios del chico— Va en contra de mi ética profesional— Dejó un beso más, subiendo aquella intensidad y lujuria— Y joder, tu padre me metería a la prisión sin pensárselo— Horacio paso sus brazos por detrás del cuello del hombre, poniéndose de puntillas para alcanzarlo— Pero no puedo evitar lo que me provocas.

— Mi papá no te va a hacer nada— Volvió a besar al hombre, con dificultad de la estatura. Viktor, para no hacerlo más difícil, se agacho un poco y tomo al chico por detrás de sus muslos, cargándolo y llevándolo hacía el salón, tocándole y estrujándole el trasero por el camino.

— ¿Quieres apostar?— Preguntó, dejándolo sobre el sofá— Es el jefe de la policía, Horacio— Le dijo con obviedad.

— Tengo la mayoría de edad, ¿a quién mierda le importa?— Se puso de rodillas en el sofá y dejo otro beso en la boca del mayor, mordiéndole los labios al finalizar.

— A tu padre seguramente— Horacio negó mientras le desabrochaba el cinturón— ¿Cómo que no?
— Bueno, entonces ¿qué hace aquí, profesor?— Preguntó, desabrochando el botón y bajando la bragueta del cinturón.

— Porque... Joder— Gimió despacio ante el toque de las pequeñas manos de Horacio tocándole sobre el boxer— Me debes una tarea, ¿qué te crees, educando?— Levantó al chico y lo tiró sobre el sofá con un golpecito en el pecho, se posó sobre él sin aplastarlo— ¿Qué me olvidaría de ella y no vendría a buscarla?— Horacio rió ligeramente— Oh, estas equivocado— Volvió a dejar otro beso en la boca del menor.

Viktor destrozaba los labios del chico a mordidas, lamidas y besos brutales, los dejaba hinchados y más rojos que una fresa. Mientras hacía aquello paseaba sus manos debajo de la camisa del chico, acariciando y pellizcando sus pezones un poco, escuchando los jadeos del chiquillo. La lengua del ruso viajo por el cuello de Horacio. Horacio se levantó un poco y sacó su camisa de una vez por todas, llevando sus manos al borde de la de su profesor, sacándola también y mirando aquella lechosa piel de su torso, la acarició un poco y después fue a devorar su cuello.

— Sin marcas, joder— Se quejo al sentir la succión del chico.

— Ya lo sé, ya lo sé— Respondió aún contra el cuello pálido, bajó hacía las clavículas y las besó, lamió y mordió, y ahí si que dejo marcas rojas y moradas.

— Horacio voy a follarte, ya esta, es que no aguanto más— Horacio rió un poco y asintió, ayudándolo a bajar sus pantalones de chandal.

— Vale, dejame chupártela— Pidió, tirando sus pantalones en el suelo y, acomodándose en cuatro sobre el sofá, acercando su rostro a los muslos del hombre, y dejando una lamida sobre la ligera tela de ropa interior.

Viktor levantó un poco sus caderas, dejando que el chico bajara su ropa y de ella saltará su pene pálido y rosado. Horacio parecía mirarlo embobado, se alejó a unos cuantos centímetros de la punta, tomo aquel gordo pene entre sus manos y dejo caer un cúmulo de saliva sobre la punta, y con sus suaves manos esparció aquel líquido resbaloso en todo el pene. Metió el miembro en su boca, cuando llegaba casi a la base, soltó algunas arcadas. Le faltaba practicar un poco más. Los gemidos del profesor de literatura resonaban en el salón, gangosos pero muy bonitos y suaves. Su cabeza bajaba y subía a un ritmo constante, golpeo su mejilla con el pene y rió, haciendo reír también a su profesor. Volvió a meter el pene en su boca, lo sacó por completo pero dejando un beso sobre la punta antes. Un hilo de saliva iba desde su barbilla hasta la rosada punta del miembro.

Y joder, la imagen que estaba teniendo Viktor era espectacular, una simple maravilla.

Horacio besó al Volkov sin dejar de masturbarlo, pasando su dedo pulgar sobre la punta y concentrándose un poco ahí, haciendo gemir más alto al hombre. Horacio se alejó de él, dejando el pene sobre el abdomen de su amante, le dio la espalda y volvió a acomodarse en cuatro, dejando a la vista su bonito y redondo trasero.

— Follame ahora— Demandó.

— Dame un momento— Pidió mientras con sus manos apretaba su trasero y dejaba a la vista aquella bonita entrada rosa.

La boca del ruso ensalivo aquella entradita, dejando largas lamidas y penetrándole con la lengua de vez en cuando, tratando de dilatarlo bien. Un dedo se coló en Horacio y este gemía fuerte a cada movimiento que aquel largo y delgado dedo hacía dentro, y gimió aún más alto cuando un segundo dedo se agrego a los movimientos. Viktor hacía una especie de tijera dentro del chico, aún sin despegar su lengua de su bonita entrada, haciendo que la saliva que generaba ayudará a que todo aquello pasará con más facilidad. Y después el tercer dedo hizo gritar un poco al chico.

— Quiero tu pene— Dijo tomando la muñeca de la mano con que lo penetraba, deteniéndolo— Quiero tu pene ahora— Volvió a pedir— Por favor follame, Viktor— Lo miró sobre su hombro, y el hombre solo sonrió, asintiendo ligeramente.

Una lagrima cayo por la mejilla de Horacio porque, mierda, aquel gordo y largo pene lo estaba ahogando, no le dolía, al contrario, le encantaba y amaba sentir aquello dentro de él. Pero las lágrimas eran inevitables. Viktor no se movió durante unos segundos, tratando de que el chiquillo se acostumbrara a su tamaño, besaba la espalda de Horacio mientras el tiempo pasaba, tratando de tranquilizarlo. Horacio manoteó el lateral del muslo del mayor, dándole una señal de que podía continuar, lo cual paso en cuestión de segundos. Viktor embestía al chico primero despacio, para después aumentar la velocidad. Los sollozos y gemidos salían entremezclados, Horacio lloraba, pero ni siquiera era de dolor o porque se sintiera mal, no, era todo lo contrario, lloraba por la magnitud de placer que se estaba concentrando en su cuerpo, se sentía tan malditamente bien que quería rezar para que el pene de Viktor jamás fuera para alguien más.

Volkov mordía de vez en cuando la espalda del chico, gruñendo cuando sentía que la entrada del chico se contraía y lo apretaba haciéndolo disfrutar más. Buscó el pene del chico, y lo masturbo con lentitud, haciéndolo gemir aún más alto, quizás aquello ni siquiera eran gemidos sino gritos pero gritos llenos de placer, la mano de Viktor se deslizaba sobre el pene del chico sin detener los movimientos de su cadera, algunas veces subía la intensidad de los movimientos, adorando ver como las manos del chico apretaban con fuerza el respaldo del sofá, una mano de Horacio fue a parar al lateral del muslo del ruso y lo apretó y enterró sus uñas, sacandole un poco de sangre pero sin importarle realmente.

— ¡Joder, joder, joder!— Gritó el alumno, con sus ojos puestos en blanco y su cabeza echada hacía atrás.

-— ¿Qué? ¿quieres más? ¿más rápido?— Preguntó, cerca de la oreja del chico, quien asintió sin pensárselo dos veces.

— Perforarme los órganos si quieres pero hazme querer gritar que te amo— El ruso rió ante aquello pero no lo denegó.

La velocidad aumento y con ello los choques de cuerpos, así mismo los sonidos que estos emitían, los gemidos de parte del ruso tampoco se quedaron al mismo nivel y ni hablar de los gritos del chiquillo. Viktor buscaba toda la profundidad que podía, Horacio miraba como aquella polla se asomaba por unos centímetros debajo de su ombligo, podía ver el movimiento rápido y como sobresaltaba en su cuerpo. Y joder, lo amaba, amaba ver aquello, y quizás también amaba un poco a su profesor.

— N-no puedo más— Dijo Horacio, con un hilo de voz— Vo-voy a manchar el sofá. Mierda, Viktor, para— Le pidió, sin ser respondido a aquello ni mucho menos ser obedecido, al contrario. Volkov pareció tomárselo como una broma y aumento aún más su velocidad.

La punta del pene del hombre chocaba una y otra vez con aquel delicioso y placentero punto de Horacio, y él creía sentir su próstata palpitar, ¿acaso era aquello posible? no lo sabía pero lo sentía. Horacio gritó una vez más, gritó el nombre de su profesor y entonces el líquido blanquecino que no quería derramar sobre el sofá fue expulsado sobre esa tela, mientras Viktor derramaba su líquido dentro del chico. Haciendo que sintiera una bonita calidez dentro.

Viktor salió del chico, se sentó en el sofá y después lo atrajo hacía él, sentándolo en sus piernas y acariciándole la espalda, dejando que se acurrucara en su pecho mientras se tranquilizaba.

— ¿Y ahora que voy a hacer con eso?— Preguntó apuntando hacía el líquido que reposaba en el sofá, Viktor rió— No te rías, que mi padre me va a matar- Se alejó de su pecho y lo miró, con una sonrisita en la cara.

— Dile que es yogurt— Dijo, con su dedo índice tomo de aquello y se lo metió a la boca, saboreándolo un poco— Mmh... Una delicia— Miró al chico y lo besó con delicadeza.

Enamorando un poquito, o quizás más, a su bonito alumno.

One-Shots || +18 || VOLKACIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora