Té (One-shot) Dark Dramione. #Hauntober Día 3

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Estaba segura que fue el té, algo tenía ese té.

Debió anticiparlo cuando recibió la carta con el emblema del mal en cera verde, la M garigoleada de un apellido maldito, pero Hermione era demasiado confiada para su propio bien.

La firma de abogados para la qué trabajaba la eligió a ella, ella sobre de 13 brujas y magos, algunos con más experiencia, algunos con más registro de casos ganados. Se sintió afortunada de ser solicitada personalmente. Su apellido era demasiado conocido y siempre ligado al de Harry, pero en lo que se refería al trabajo solo era una empleada promedio, una abogada de nuevo ingreso labrandose un futuro en leyes mágicas.

El té sabía extraño.

No era su primer cliente, pero los otros habían sido asignados al azar, estaba nerviosa y entusiasmada por conocer al mago que exigía su presencia. Le habían dado un panorama general de su problema, un mago de raíces viejas y gran fortuna disputaba su herencia con su propia madre. El conflicto sucedió al instante en que el cuerpo del padre perdía la tibieza de la vida y adquiría la palidez del muerto. Hermione ignoró lo poco humano que sonaba eso, su trabajo no era juzgar la vida familiar.

Él le dijo que era mejor tomarlo bien caliente, le quemó la lengua y tuvo que disimularlo, todo lo que probó después perdió sabor.

Necesitó de toda su fuerza de voluntad para no dar la vuelta cuando lo vio, sentado en el medio de la mesa reunión, con esos ojos metálicos y brillantes, nada parecido al chico ojeroso y desnutrido que ayudó a los mortífagos a entrar en Hogwarts. Draco Malfoy era su contratante. La sonrisa ladeada qué se formó en sus labios fue suficiente confirmación.

Al principio creyó qué la elegió solo para molestarla, su caso era difícil y hacerla quedar como una incompetente siempre había sido el sueño de su vida, pero Malfoy se mostró más interesado en lo que su cerebro prometía. Durante el primer contacto no se abstuvo de decir varias veces que conocía lo sagaz qué era, reconociendola frente a todos como la persona que lo sacaría del pleito con Narcissa. Ya no le decía madre.

Tal vez también tenían algo los pastelitos de calabaza.

La trató con respeto siempre, por un segundo casi se olvidó que ese era Draco Malfoy, su nemesis de Slytherin. Parecía casi normal, casi ordinario, nunca hubo recordatorio de su pasado, no trajo a la luz viejos apodos, no la llamó sangre sucia. La única vez que sucedió algo incómodo fue en su quinto contacto, cuando le informó que había logrado encontrar un viejo manuscrito de su tatarabuelo. El documento hablaba de un pozo de sangre, habían construido la mansión sobre él, con maldiciones para que la propiedad solo pudiera pertenecer a los descendientes Malfoy.

—Tendrá que sacar el culo de la silla de mi padre por fin. —había dicho con su sonrisa torcida.

—Sí, a menos de que quiera enfermar horriblemente. Lo único que la ha salvado es que aún se hace llamar Narcissa Malfoy y que el anillo de matrimonio de la familia sigue en su dedo, pero con el último documento que enviamos deberá entregarlo.

—¿Enserio?

—Así es, se considera parte esencial de la mansión, es así como la propiedad no daña a la esposa de un Malfoy, el anillo es protección y reconocimiento mágico.

—Ya veo. Sabía que no me equivocaba al pedirte para esto. Gracias, Granger.

Al levantarse, efusivamente extendió su brazo para tomar el de ella, una clase de apretón qué acabó en el sitio incorrecto, sobre la marca de Bellatrix. Hermione supo de inmediato qué él había sentido el relieve de la palabra bajo la manga de su blusa, su cara se transformó de la satisfacción a la seriedad total.

Bucle *Antología*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora