Una fiesta, treinta y cinco personas, solo dos qué importan en esta historia.
Está era Hermione Granger, la bruja más inteligente en siglos, sobresaliente en todos los ámbitos académicos durante el colegio, ahora también en su trabajo en el Ministerio. Soltera, pero cómoda con eso. Nacida de muggles, su apellido ganó notoriedad gracias a su intelecto y luego de su participación en la batalla de Hogwarts. Su cuenta en Gringots era decente gracias al premio de la orden de Merlín qué recibió. Su cabello había sido un desastre en su infancia, pero ahora se mantenía en orden, aunque secretamente batallaba cada mañana con pociones qué le definieran sus rulos castaños. Sus labios eran delgados, pero tenían esa forma de arco qué le daba un toque muy femenino. Su complexión delgada terminaba favoreciendo su busto, metido cómodamente en un sostén de doce euros. La mayoría de brujas y magos la saludaban apenas verla, todos con una palabra amable para ella.
Este era Draco Malfoy, el mago ex-mortífago repudiado por todos, en algún momento fue príncipe de Slytherin, título perdido en la desgracia de su juventud. Demasiado atractivo para infortunio de otros, cosa que no le servía de nada pues ninguna bruja quería estar ligada a alguien considerado como "escoria". Sangre pura, su apellido de gran renombre ahora enlodado hasta la última letra. Sus bóvedas en Gringots seguían llenas de oro qué no le interesaba tocar. ¿Qué podía comprar un paria como él? Su cabello de un rubio tan claro que podía ser casi blanco, nariz larga y ojos de un gris acero qué congelaban a cualquiera. Nadie deseaba ninguna clase de contacto con él.
La bruja y el mago reunidos después de años en el mismo lugar. ¿El evento? Halloween. ¿Ubicación? Mansión Avery.
Resultaba que Daniel Avery había decidió sabio juntar a un puñado de magos sangre pura con un puñado de magos mestizos o nacidos de muggles, muy consciente de que eso lo pondría en una situación difícil. Sin embargo, todo estaba tranquilo hasta el momento, cada quien disfrutaba de la reunión en paz.
La realidad es que Draco había asistido arrastrado por Theodore Nott, pero lo abandonó a la menor oportunidad, atraído por las bragas de una bruja medio ebria. Solo e incómodo Draco decidió qué no desistiría hasta el final, lo tomó como un reto más. No se fue ni cuando escuchó qué Harry Potter llegaba con la comadreja y Granger. Se ubicó cerca de las bandejas de fruta y lejos de la ponchera, lejos de donde se concentraba la mayoría. Se distrajo con su propio reflejo en los enormes ventanales del salón y bloqueó su oído tarareando en voz baja la última melodia qué aprendió en el piano.
—¿Son buenas? Se ven bien, pero tal vez están duras. ¿Hey, me oyes? ¿Malfoy, me escuchas? ¿¡Hey, hurón!?
—¿Hmm? —su movimiento de cabeza en cámara lenta sorprendió a Hermione, su enojo disminuyó en un suspiro, captando la mirada apagada en los ojos del mago. Mientras que para Draco fue algo más que una ilusión verla parada a unos pasos de él, pero supo esconder su impacto bajo una máscara de desinterés.
—Oh, creí que me ignorabas a propósito. —susurro Hermione no sabiendo que más decir ahora que lo tenía completamente de frente. —Lo siento, no quise llamarte hurón.
—¿Lo hiciste?
—Lo hice.
—Sin problema, Granger. —el rubio movió sus hombros y Hermione captó lo largo de sus brazos, parecía haber crecido más en el tiempo sin verlo, un adulto Malfoy en toda regla.
—¿Te encuentras bien?
—Aburrido.
—¿De verdad? Siempre creí que esta clase de eventos estaba hecha exclusivamente para personas como tú.
—¿Y como soy, Granger? —algo de pelea afloró en él, pero se apagó tan pronto como sintió qué Potter lo miraba desde el otro lado del salón.
—No me mal intérpretes, no me refiero a nada negativo, más bien a que ya estarías acostumbrado a fiestas como esta, ya sabes, en las que solo se viene a cuchichear sobre la vida de los demás, alzando tu copa y sosteniendo una bandeja de canapés.
—¿Metiendo a todos los sangre pura en la misma bolsa, eh? Si Avery te oye seguro te echa.
—Él es diferente, es muy agradable. Ha ayudado mucho en la proclamación de las nuevas leyes de protección muggle.
—Así que estas aquí solo por él.
—Sí, en realidad no me interesaba mucho venir, pero Harry dijo que era para demostrar que las viejas costumbres sangre puristas ya no importaban y además Daniel me prometió un baile.
—¿Bailas?
—Estupendamente debo aclarar, pero me temo qué el anfitrión esta ocupado para regalarme unos minutos y no soy una persona que luche por atención. Ya será luego.
—Hmm... ¿Eso no pone celoso a la comadreja?
—Nop. —de una forma infantil la bruja hizo un pop en la "p" extra de su negativa. Draco ubicó a Weasley, coqueteando con una rubia del Profeta, cerca de la puerta y próximos a un hotel si su intuición aun valía de algo. —¿Entonces, me las recomiendas? —Hermione señaló una bandeja con manzanas verdes bañadas en caramelo negro.
Draco no había tocado nada aún, pero extendió la mano hacia la bandeja de plata y asintió. Casi esperaba que ella eligiera otra cosa solo por llevarle la contraria o por temer qué la estuviera engañando, pero Hermione muy segura tomó una de las manzanas y sin esperar mordió con fuerza. Draco escuchó como el caramelo se partía entre sus dientes con un sonido crujiente y húmedo. Un poco del néctar de la jugosa manzana verde se escurrió por un costado de sus labios, cayendo hasta su barbilla y muriendo al chocar en su pequeño escote de corazón. Si alguna vez Draco quiso ser otra cosa, era sin dudas esa gota de jugo.
—Mmm... vaya, es deliciosa.
Como un autómata el rubio sangre pura asintió, su garganta de pronto estaba completamente seca. ¿Se trataba de una broma o es que ya estaba perdiendo la razón? ¿Y porque no podía apartar la mirada de ella?
—Vamos, agarra una. —Hermione invitó, pero recibió la negativa con un ligero movimiento del mago de pronto mudo. —No te considero por tímido, coge una. —Nada, Malfoy solo la miraba. —No voy a seguir comiendo frente a ti si no pruebas también. ¡Oh, ya se! Vamos, muerde de esta. —Hermione extendió la misma manzana qué había mordido, girándola en la parte intacta.
Solo hasta ese momento el rubio reaccionó, aunque no pudo decir que de forma inteligente, su cerebro nadaba en algo viscoso y caliente. Toda vergüenza, tristeza y auto-desprecio se esfumó de su cabeza, con cuidado alcanzó la muñeca de la bruja y acercó la manzana a él, pero no mordió el lado ofrecido, giró un poco la extremidad delgada de Hermione para hacer coincidir su boca con la mordida ya hecha.
Fue el turno de Hermione de estar atónita. Sus ojos se dirigieron a la hilera de dientes que arrancaron un trozo de la manzana y luego de la lengua que salió para lamer el jugo azucarado de la golosina de Halloween. Todo su cuerpo se estremeció.
—Cierto, muy sabrosa.
—S-sí.
—Te dejaré para que la termines. Un placer verte, Granger. —Como si nada hubiera pasado Malfoy se acomodó su perfecto traje hecho a mano y comenzó a alejarse, pero antes de dar unos cuantos pasos, una bruja castaña lo detuvo de escapar.
—Malfoy... ¿Bailas?
—Estupendamente. —le sonrió, llevándola con él al circulo de baile.
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Bucle *Antología*
FanfictionCompilación de Drabbles y one-shots *Dramione * Theomione * Harmione *Lunarry *Thuna
