Niebla. (One-shot) Dramione. #Hauntober Día 6

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¿Es tan malo realmente? Estar parado en la orilla del mundo a tu lado no se oye como lo peor que podría pasarnos. Hay cosas infinitamente peores y todas y cada una las hemos visto de cerca, nuestros ojos se han empañado con la acidez de una guerra en la qué nuestros nombres solo son lineas. El tuyo pasara a la historia en las placas de oro, el mio escrito en hojas amarillentas, olvidadas en el fondo de un archivo.

Espero que esto no sea lo peor que hayas hecho, que tomar mi mano no se trate de tu primer acto rebelde, odiaría ser tu golpe contra el sistema, esa pequeña locura qué te permitiste solo para que al envejecer tus historias sean las mejores.

Granger, tus historias por si mismas serán las mejores. No es necesario hacer esto, no conmigo, no por mi.

—¿Estas listo?

No. Nadie está listo para saltar en la niebla, no cuando las pupilas no logran ver más allá de esa espesura flotante. El aire es húmedo y respirarlo inflama los pulmones. Estoy tan dividido entre arrojarme sin más o volver a mi putrida celda, destinada a ser mi hogar hasta que llegaste, con tu pequeño y apretado trasero en esa deprimente falda azul. Y joder, supe que estaba salvado con solo echarte una mirada.

—¿Draco?

¿Porque soy Draco y tú sigues siendo Granger? Oh, sí, lo recuerdo, jamás podría olvidarme del beso eléctrico.

Tú depresión por Weasley y su ruptura era patético, te robaba brillo, pero eres tan necia, defensora de causas perdidas que no pudiste dejar de venir para intentar liberarme.

"Eres inocente, fuiste obligado" decías cada maldita vez.

El Ministerio te envío como mi defensor legal, pero como todo lo que haces esto también lo tomaste como un reto. Estabas tan decidida y sabía que te dolería perder, en cuanto te dieras cuenta de que no solo era un preso más, si no un trofeo político, botín de la guerra para presumir la victoria, en el momento que lo descubrieras jamás volvería a escuchar tus tacones fuera de mi celda. Iba perderte.

"Te daré mi declaración completa, si me besas"

—Draco, no hay tiempo.

Pensé que te negarías, ninguna bruja en su sano juicio besaría a un hombre que no se ha bañado adecuadamente en varios años, con una dudosa estabilidad mental gracias al encierro y la tortura, y lo más importante, un hombre que es considerado una cucaracha muy despreciable.

Granger, Granger, Granger, debí saber que nunca dejas de sorprender. El beso qué me diste fue tan intenso que la magia subió hasta la punta de nuestra lengua. El celador estaba tan conmocionado que no notó el chispazo  eléctrico cuando nuestras bocas se separaron. No hay magia en Azkaban, la suprimen de los presos y la minimizan en los visitantes, pero nosotros rompemos reglas juntos, ¿no es así?

La fuga en mis ojos era fácil de leer.

—¡Ahí están! ¡Corran!

—¡Draco, es ahora o nunca!

Odio verte desesperada tanto como odio verte llorar, más cuando ambas cosas son por mi. No valgo la pena ambos lo sabemos, aún así lloraste cuando descubriste qué nada evitaría mi estadía eterna en Azkaban. Potter lo intento con sus influencias, tú con tu labia, mi madre con dinero. Era el fin y lo único que quedaba para aceptarlo consistía en tomar tu mano, darte las gracias y decirte que en los años que pasara dentro, recordarte sería lo único que haría palpitar mi corazón. Cursi, pero cierto, no había otras palabras para darte. Somos así, los Slytherin somos así, amamos a una sola persona hasta el último minuto de nuestras vidas. Doloroso cuando es algo imposible.

¡Hermione, Draco!

—Es Harry. Por favor, Draco, tenemos que hacerlo, no va a ser compasivo con ninguno de los dos, es su trabajo.

Y era tu trabajo ser mi defensora hasta que los recursos se agotarán y los agotaste, tenías que rendirte bruja necia. Olvidarme y continuar, pero en vez de eso me besaste de nuevo e hiciste de la chispa una llama y de la llama, fuego y del fuego, fuga. ¿Qué harás con la niebla frente a nosotros? ¿Qué harás con Potter? ¿Qué harás conmigo?

Confía en mí.

Hechizos chocan junto a nuestros pies, pero es tarde para detenernos o para que yo siga pensando en el mal qué te hago al amarte, cojo tu mano y guardo aire, no se que pasará o que hay abajo, pero mi mayor demostración de afecto puede ser esta, confiar en ti.

La niebla nos traga justo cuando un testral estira las garras sobre nuestras cabezas, un poco más y nos hubiera alcanzado. Los gritos de los aurores y el aleteo de la criatura son tan fuertes que quiero taparme los oídos, en vez de eso me aferro a tu mano los segundos qué dura nuestro salto.

Jamás caemos en las aguas bravas del mar, en su lugar somos trasladados a un sitio muy lejos de ahí, nuestros cuerpos chocan contra un risco verdoso. No hay frío, no hay humedad, no hay neblina, un sol a poco de morir y el cielo en diversos tonos de naranja y amarillo es el fondo del verdadero final. Estamos aún cerca del mar, pero este es calmó y cristalino.

—Eres libre, Draco.

No me doy cuenta que lloró hasta que secas mis mejillas. Tú expresión es triste y me rompe el alma. Estamos arrodillado frente a un atardecer hermoso, no quiero que nada arruine esto.

—No voy a dejarte, Granger. Deja de pensar.

—No lo hice para que tú...

—Claro que no, no había ningún motivo para que lo hicieras, más que el regreso de mis afectos.

—Draco...

—Me dedicaré a ti para siempre, en esta vida y la que sigue.

—... yo también.

Este tercer beso es el mejor. Sabe a lo que debe saber el paraíso, la libertad y el amor.

Un "Te amo" queda corto. Preferimos la eternidad.

Bucle *Antología*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora