Forcejeo.

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Conforme la lluvia aumentaba todo olía más dulce...  insólitamente dulce. La lluvia no podía provocar ese olor, había alguien cercano a ella.

Se puso de pie en un abrir y cerrar de ojos, buscando de donde provenía aquella dulce fragancia. Inconscientemente buscaba una cabellera rojiza entre los árboles, si era Victoria estaría lista para acabar con ella... no sabía porque pensaba eso con tanta seguridad, solo una vez había combatido contra un vampiro y Sam y su manada habían llegado para frenar la pelea.

Desesperada por no ver a Victoria decidió seguir el aroma que la lluvia había vuelto más intenso. Corrió tan rápido como le era posible, la dirección de la fragancia era contraria a la ubicación de su casa lo cual le hizo sentir alivio.

Conforme avanzaba le sorprendió sentir una profunda tristeza. Su velocidad disminuyó mientras se sentía cada vez más desanimada. Se obligó a detener su avance tratando de entender que le pasaba, el sentimiento de desolación la inundaba de una forma que nunca había logrado otra emoción.

Levantó la vista del suelo rápidamente al sentir la presencia de alguien. Jasper la observaba a unos metros de distancia.

Como una caricatura, Adara sacudió la cabeza un par de veces, se talló los ojos y los abrió lo más que pudo, luego, parpadeó repetidamente. Jasper seguía ahí.

Dio dos pasos al frente y retrocedió tres, temerosa de que su mente se burlara de ella nuevamente mostrándole una visión, igual que cuando estaba con los Vulturis.

Sin embargo, el Jasper de su visión en Volterra era muy distinto al que tenía enfrente. El Jasper de Volterra tenía el cabello peinado de forma ordenada, llevaba puesta una camisa azul marino que hacía contraste con los ojos dorados y la piel uniformemente pálida. El Jasper frente a ella lucía despeinado, sus ojos eran negros como el carbón y le adornaban profundas ojeras, tan moradas que parecían hematomas. Su aspecto andrajoso no se parecía en nada a como ella lo recordaba.

Se concentró en mantener a raya sus emociones, creyendo que eso haría que el Jasper imaginario se esfumara. Lo único que logró fue poder comprender que el sentimiento de desolación provenía de su alucinación.

—Adara. —susurró, aún sin atreverse a avanzar.

Escuchar su nombre por lo labios del vampiro fue como recibir una descarga eléctrica que le permitió comprender que no era su imaginación burlándose.

Jasper realmente estaba frente a ella. Y había dicho su nombre. Adara se sintió patética, antes había pensado que recordaba la voz de Jasper a la perfección, mas volverlo a escuchar le hizo comprobar que sus recuerdos no le hacían justicia al maravilloso tono de voz que él poseía.

—Estás aquí. Realmente estás aquí, frente a mí. —Jasper esbozó una triste y decaída sonrisa al ver a Adara acercarse con pasos cautelosos. —Volviste. —susurró en un hilo de voz. —Te atreviste a volver.

Jasper apenas tuvo tiempo de reaccionar al cambio en la voz de Adara. Invadida por la ira se abalanzó sobre el rubio, quien, en lugar de esquivarla la sujetó por las muñecas. A pesar de sentir la furia de la neófita Jasper recuperó parte de la calma que había perdido desde su partida. En un veloz movimiento Adara se zafó del agarre de Jasper. Lo empujó en el pecho lanzándolo en el aire a unos metros. Adara corrió la distancia y antes de volver a empujarlo Jasper la esquivó, aunque no lo suficiente, pues alcanzó a golpearlo.

Invadida por el resentimiento Adara intentó empujarlo una vez más. Jasper ya había anticipado el movimiento por lo que volvió a evitarla, esta vez con mayor éxito. La sujetó fuertemente de los brazos inmovilizándola. Adara se dio cuenta que Jasper no le devolvería los ataques, solo los esquivaría. Forcejeó tratando de alejarse provocando que Jasper aumentara su fuerza.

Hematoide.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora