Todoroki está enamorado de Bakugō, pero este tiene miedo al rechazó, teme el no ser correspondido por la persona que ama. Tan grande es su miedo al rechazó que decide escribirle cartas en anónimato a Bakugō expresando aquel tan hermosos sentimiento...
El rubio había intentado por semanas hablar con Todoroki y preguntar sobre las cartas que el había mandado, sin embargo Midoriya no lo había dejado en todo ese tiempo, estaba con la persona que le gusta pero aún así necesitaba su espacio personal, no le veía la necesidad el estar 24/7 pegado a Midoriya.
Era otro día y al fin había llegado la hora de almorzar, tal vez esta vez tendría éxito al acercarse al bicolor y de una vez por todas aclarar lo que pasaba, pero sus planes cambiaron al ver como Midoriya se acercaba hacía él.
—Kat-chan, vayamos a almorzar juntos.
—Claro pero, ¿podrías adelantarte? Es qué tengo un asunto pendiente que resolver.
—¿Asunto pendiente...? ¿Cuáles son esos asunto pendiente?
—Es algo que no te puedo contar por ahora, pero prometo que lo haré; así que por favor ve primero tú a la cafetería estaré ahí contigo en unos minutos.
—Pero ¿por qué no me puedes contar?, ¿acaso me ocultas algo o alguien?
—Claro que no, no seas idiota.
—Entonces dime, ¿qué asunto tienes que resolver...?
—Deku, por favor...
—No Katsuki, soy tu novio y tengo que estar enterado de lo que haces
El rubio suspiró cansado, no sabía como escapar de Midoriya todo el tiempo el peliverde quería saber qué hacía, dónde estaba, con quién estaba; por obvias razones a Katsuki no le agradaba eso, sentía que el peliverde no confiaba en él.
—¿Acaso desconfías de mí?
—C-Claro que no es eso.
—¿Entonces qué es?
—Sólo tengo curiosidad por saber que hace mi novio... —dijo nervioso
—Sino desconfías de mí entonces déjame ir a resolver este asunto, y te prometo que te lo contaré todo.
—Pero... Bueno está bien.
—Gracias, nos vemos después.
—Claro... después.
Así fue como el de ojos rubis se escapó de Midoriya, ahora sólo faltaba encontrar a Shōto.
Buscó y buscó por toda la escuela y no lo encontraba, hasta que decidió ir a ver a la azotea y fue cuando por fin encontró al bicolor.
—Así que aquí estabas bastardo, te estuve buscando por mucho tiempo.
Al escuchar aquella voz hizo que el cuerpo del bicolor se tensara y sin razón alguna sus nervios aumentarán.
—¿B-Bakugō? —dijo mientras volteaba hacía dónde se encontraba el chico.
—Sí, soy yo, y tengo que hablar contigo urgentemente.
—C-Claro, ¿de qué quieres hablar? —su voz temblaba al pronunciar cada palabra pero intentaba contenerse.
—Tú eres quien mandaba las cartas, ¿cierto?
Su mente quedó en blanco, los nervios invadían todo su cuerpo y un gran temor llegó a él.
—¿Cartas? No sé de qué me estás hablando.
—No te hagas el idiota, ví como ponías una carta en mi pupitre.
El cuerpo le temblaba y sudor bajaba por su frente, estaba muy nervioso y muy asustado.
—Seguro que me vistes a mí, ¿no me habrás confundido?
—Todoroki deja de fingir, sé perfectamente lo que vi y esos tonos llamativos de tu cabello obviamente te iban a delatar.
Le habían descubierto, estaba acorralado, todas las excusas que sé le ocurrían eran totalmente absurdas.
—Yo... Lo siento mucho... No quería que te enterarás y mucho menos ahora que tienes una relación... —Hizo una reverencia en forma de disculpas.
—¿Sólo pediras disculpas?
—Es lo menos que puedo hacer. Como ya lo dije Bakugō fue idiota de mí parte pensar que alguna vez llegarías a sentir algo por mí, es obvio que tu amor siempre le perteneció a Midoriya. Así que por favor olvida esas cartas, rompelas; quemalas; tiralas; haz lo que más quieras pero olvídate de ellas, espero que algún día me perdones por tratar de expresar mis sentimientos... —No pudo contener más sus lágrimas y empezaron a salir.
Bakugō se quedó sin palabras al escucharlo, se sentía mal, no sentía ni una pizca de pena por el chico, sentía como si su corazón se hubiera roto.
—Yo...
Antes de poder acabar la frase el bicolor salió corriendo, no quería que Bakugō lo viera llorar. Ahí se quedó por un rato Katsuki, se sentía mal por haber lastimado al bicolor... No sabía porque se había puesto triste, después de todo no lo había echó a propósito, así que no era su culpa. Sin embargo se sentía la peor persona del mundo por haber herido indirectamente el corazón del bicolor.
El amor duele, y a veces duele demasiado.
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