XXIII

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Shōto paso más de treinta minutos probándose ropa, ninguna prenda convencía por completo a su amiga, mas para su suerte la chica por fin había elegido dos ropajes para Todoroki, los cuales eran: un abrigo largo en color gris y una camisa de cuello largo en color blanco.

Ya con todas las compras hechas los tres jóvenes salieron del centro comercial. Caminaban buscando un lugar para poder comer algo; después de indagar por las diferencias tiendas de comida que estaban cerca del centro comercial decidieron entrar a un local de sushi. Entraron e hicieron sus respectivas órdenes.

Esperaban sus pedidos mientras conversaban, o mas bien Yaoyorozu e Iida eran los que estaban hablando sobre cosas triviales, Shōto se hallaba mirando por la ventana sumergido en sus pensamientos.

Todo el día había tratado de distraerse con sus amigos, pero por más que lo intentaba no dejaba de pensar en lo sucedido con Bakugō la noche anterior; su mente sólo recordaba a Katsuki mencionado su nombre, sus mejillas ardían al pensar eso. Le había prometido a su amiga que dejaría sus sentimientos por Bakugō de lado pero ¿sería fácil hacerlo? No estaba seguro de ello, aún tenía sentimientos muy fuerte por Bakugō, le sería difícil dejar de amarlo tanto.

Soltó un suspiro, esto no pasó desapercibido por sus acompañantes. El primero en cuestionar a Shōto fue Iida.

-¿Todo está bien? -Cuestionó el pelinegro.

Shōto salió de sus pensamientos ante la voz de Iida.

-Sí, sólo tengo hambre. -Enuncio para sus amigos.

Ambos chicos le creyeron y siguieron con la conversación, mas esta vez trataban de incluir en su conversación a Shōto.

[...]

Los adolescentes iban de regreso a su institución/internado, la habían pasado muy bien esa tarde, tan bien la habían pasado que agendaron otra salida sólo ellos tres.

Llegaron a su destino, entraron a la estadía del internado. Al estar dentro la primera en alejarse de ellos fue Yaoyorozu, la azabache se fue con sus amigas a entregarles sus regalos; cuando Momo se fue Iida y Todoroki se quedaron solos, a el bicolor se le había olvidado por completo que le había prometido a Iida resolver sus dudas.

-Nos vemos después Iida. -Se despido, estaba cansado así que iría a su habitación.

-Todoroki, espera -tomó la muñeca de Shōto para detenerlo-, ¿qué no íbamos a hablar?

El mitad pelirrojo se lo quedó mirando por unos minutos, lo pensó y el de lentes tenía razón.

-Cierto. ¿Qué es lo que quieres preguntarme? -Interrogó, por estar pensando en Bakugō se le había olvidado que tenía una charla pendiente con Iida.

Tenya se disponía a hablar, pero antes de pudiera pronunciar una palabra Shōto puso su dedo índice en sus labios en señal de que guardará silenció; sus mejillas se tiñeron de un rojo carmesí ante la acción del más bajo, tener tan cerca al bicolor lo ponía nervioso.

-Creó que aquí hay muchas personas curiosas podrían escuchar nuestra conversación, tal vez es algo privado lo que me quieres decir -susurró para sólo ser escudado por Tenya, de su parte había sido imprudente no preguntar el tipo de privacidad que quería Iida para su conversación-. Vamos a mi habitación, ahí nadie podría escuchar.

Tenya seguía avergonzado por la cercanía de Shōto hacia él, lo único que hizo fue dar una afirmación con su cabeza. Todoroki se apartó de él al obtener una repuesta, empezó a caminar a su habitación siendo seguido por Tenya.

Llegaron la alcoba del heterocromico, Todoroki abrió la puerta para que ambos entran, cerró la puerta y comenzó a hablar.

-Bien, ahora sí, ¿qué es lo que quieres saber?

Cartas para el chico de ojos rubíes [TodoBakuTodo] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora