Veintidós

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–Tienes que hablarle tú.

–Pero soy el único al que no recuerda, no sabe quien mierda soy, no sabe todo lo que hice por él y no sé ni cómo arreglarlo, no tiene sentido que yo sea el que le diga todo– Respondió una voz que trataba de no quebrarse, perdida en la oscuridad de la habitación.

–Pero escuchaste lo que dijo Zayn. Por más que no te recuerde, cuando más calma tiene es cuando estás tú, y pueder ser hasta más efectivo que mi habilidad– Replicó la otra voz notablemente exaltada.

–Está bien, yo le voy a explicar todo, pero tú vigila– Finalizó.

Pasos se oyeron en la oscuridad. A pesar de no poder ver nada estaba seguro que era un lugar muy angosto por la manera en la que el eco se oía. No tuvo mucho tiempo para pensar cuando una presencia se hizo notar en esa misma habitación.

–Oh, estas despierto.

Era él.

–¿Dónde estoy?

–Supongo que tu nueva casa. 

Su corazón comenzó a latir más rápido inevitablemente, sentía que comenzaba a hiperventilar. El castaño, al notar su exaltación, supo de su mala elección de palabras.

–No, no, no. Fue una muy mala forma de empezar, Dios, lo siento. Empecemos de nuevo, soy Louis.

–Me sunas de algún lugar.

El mareo en su mente no le permitía recordar con claridad los sucesos previos, pero, a pesar de estar a oscuras, sentía cercanía con la voz. La llevaba grabada en su memoria desde la primera vez que lo había oído.

–Oh, si. Soy el chico que se escapó de casa y tu padre me tomó.

La voz se fue apagando por cada palabra que decía, haciendo ver que no quería hablar del tema. Harry no insistió.

–¿Puedes prender la luz?

No le dio tiempo ni de terminar la frase cuando la luz se prendió, obligándolo a cerrar los ojos por la repentina iluminación. Cuando los volvió a abrir se quedó sin aliento al notar los múltiples moretones que se hacian ver entre la pálida piel del ojiazul.

–No es nada, tranquilo, estoy bien– Se excusó al ver la cara de preocupación que portaba.

–¿Te lo hizo mi papá?– Lo interrumpió, sabiendo que si lo dejaba hablar iba a darle escusas baratas. No era un tonto, sabía que esos moretones no eran por accidente y recordaba perfectamente la mirada con rabia de su progenitor, no había que ser muy inteligente para atar esos cabos.

–¿Para qué mentirte? Si– Respondió sin rodeos.

–Llévame con él, tenemos que hablar.

–No, tú no irás a ningún lado hasta que hablemos.

Harry bufó pero terminó cediendo, al fin y al cabo aún estaba en un lugar desconocido, sin saber ni cómo ni cuándo llegó.

–¿Qué es lo último que recuerdas?

El silencio reinó en la sala. No recordaba mucho, solamente alguna que otra imagen de su padre peleando con Zayn realmente enfurecido. Su mente, aún entorpecida por la neblina, no le daba tregua a ninguna imagen certera.

–Que soy... ¿Rojo?

–No esperaba que te acuerdes de eso.

–¿A qué se refería con que era rojo?

Louis suspiró, ya era la tercera vez que intentaba decirle todo pero nunca terminó de concretarlo, ahora finalmente era el momento y tenía miedo de que sea demasiado por procesar. Otro desmayo podría significar algo terrible.

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