- No puedes hacerme esto, Álvaro - dijo sollozando mientras sostenía su mano ensangrentada.
Este la acercó a sus labios y luego todo se volvió negro.
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Un nuevo libr...
Rodri sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies cuando vio a su amigo y a su atacante unirse en un violento choque. Cuando lograron separarlos, vio a Pascu llevarse las manos al vientre y luego caer de rodillas. Mientras se lanzaba a socorrerlo presa del horror desconocía la gravedad de su herida. Cuando se acercó y le recostó en el suelo de la forma más delicada que pudo sintió que su corazón se detenía al ver la cantidad de sangre que brotaba del cuerpo de su amigo.
Sin pensarlo se quitó la camisa y presionó con fuerza la lesión intentando detener la hemorragia, mordiéndose el labio con angustia ante la reacción de dolor que el herido tuvo. Sintió mucho alboroto a su alrededor, gente quitándose prendas para abrigar las piernas de Pascu, otros llamando a emergencias, otros menos moliendo a patadas al agresor, pero él solo tenía ojos para su amigo que yacía terriblemente pálido y con la vida escurriendo a través de su camiseta. Intentó mantenerlo consciente hablándole en todo momento y pidiéndole que le mirara. La verdad no sabía si le oía pero seguir repitiendo eso le ayudaba a contener sus lágrimas. Cuando le montaron en la camilla y cogió la mano de su amigo finalmente se quebró y el pánico se apoderó de él. Comenzó a llorar cuando este le besó y cuando le vio cerrar los ojos perdió el control.
-Mierda... no... no... Mierda ,Pascu no... por favor...!!
El personal de seguridad se llevó rápidamente al herido y algunas personas intentaron detener a Rodri pero él se fue corriendo al lado de la camilla. Luego todo se le volvió difuso. Los llevaron a ambos a una clínica cercana en un vehículo particular donde ingresaron a Pascu a cirugía inmediatamente. En algún punto alguien se percató de que las manos de Rodri estaban gravemente lastimadas, por lo que fue obligado a recibir atención médica, momento en que aprovecharon de inyectarle calmantes ya que no había dejado de llorar en ningún momento.
Cuando volvió a la sala de espera donde le esperaba el chico de la editorial, le pidió ayuda para llamar a la mamá de Álvaro ya que tenía los dedos hinchados y manipular el móvil le era muy difícil. Fue la llamada más difícil que le tocara hacer nunca, pero se sentía en la obligación de ser él quien le notificara. Acordaron que la esperaría en la clínica así Pascu siempre tendría a alguien afuera esperando para saber de él. Hizo también una breve llamada a su madre para avisarle de que se encontraba bien antes de que las noticias le llegaran por bocas ajenas. Luego, apagó su móvil. No necesitaba ver las redes sociales inundadas de mensajes o peor, de fotos del evento. Su hermana se encargaría de las redes de DLH y de emitir un comunicado oficial cuando la situación de su compañero pudiera hacerse pública. Luego fue interrogado por un par de policías para tomar su declaración sobre los hechos.
Todo transcurría en una nube de angustia y tranquilizantes y Rodri a ratos perdía la noción de la realidad por lo que Martín, el chico de la editorial se encargó de todos los papeleos necesarios, reservó una habitación para los padres de Pascu y una para Rodri previendo que estarían al menos una semana en la ciudad. Se encontraba sentado frente al músico sin saber que decirle, el pobre lucía tan abatido y tan roto que no parecían haber palabras de consuelo que valieran. Tenía la ropa manchada de sangre y los ojos enrojecidos de tanto llorar. Suponía que los padres de Pascu se alarmarían aún más si lo veían así pero no se sentía capaz de pedirle que fuera al hotel a cambiarse.
Rodri se dejó caer en un asiento sintiéndose la persona más miserable del mundo. Ahora solo quedaba esperar que los médicos pudieran salvarlo. Esperar, algo que siempre le había resultado especialmente difícil le parecía imposible ahora que la vida de su querido amigo era lo que estaba en juego. No dejaba de revivir en su cabeza como había ocurrido todo, el herido debió ser él, no Pascu. Se sentía tan culpable que respirar le dolía de solo pensar que su amigo podría no hacerlo nunca más por su culpa. ¿Por qué soltó el maldito cuchillo? ¿Por qué Pascu había intervenido? ¿por qué no corrió? No quería pensar en el escenario de que no sobreviviera. Simplemente no podía, pensar en la posibilidad implicaba aceptar que dicho desenlace era posible, y él quería y necesitaba desesperadamente aferrarse a la esperanza . La tranquila mañana que habían tenido parecía ahora tan lejana. Le dolía pensar que aquella serena y pensativa imagen de Pascu frente al mar podía ser el último recuerdo que tendría de él.
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La operación tardó un par de horas y debió recibir transfusiones de sangre para lograr estabilizarle. El médico que salió a hablar con ellos les explicó que se encontraba estable dentro de la gravedad de su situación. Había perdido mucha sangre pero ningún órgano interno se encontraba comprometido. Aquella noche debería permanecer en observación por si la hemorragia volvía y no podría recibir visitas hasta que despertara. Rodri sintió que las piernas le fallaban del alivio que le invadió, solo pudo susurrar "gracias" con la voz ronca de tanto llorar antes de volver a sentarse.
Estaba vivo.
Su Pascu estaba vivo, y eso era todo lo que importaba. Ya tendría tiempo de pedirle perdón y de compensarle por todo, ya se disculparía con su familia. Ahora que lo peor parecía haber pasado podía permitirse respirar tranquilo.
Rompió el silencio el móvil del chico que le acompañaba y este se apresuró a contestar pues le llamaba la mamá del herido. Rodri ya no lloraba, solo tenía la vista clavada en el suelo y apenas si asintió cuando el chico le avisó de que iría a recoger a los padres de Pascu.
Cuando les vio entrar en la clínica, Rodrigo esperaba ser culpado de todo, por eso se sorprendió cuando la mamá lo abrazó con fuerza mientras empezaba a sollozar.
- Está bien, está vivo... - fue lo único que logró decir antes de que las lágrimas le robaran la voz nuevamente.
* * *
Ninguno de los cuatro presentes se movió de la sala de espera aún cuando ya pasaba la media noche. Todos ansiaban saber sobre la evolución del chico. Se encontraban sentados en silencio esperando cualquier noticia sobre él, preocupados.
-Álvaro Pascual - Cuatro pares de ojos se volvieron ansiosos en dirección a la enfermera que había dicho el nombre. - Busco a un acompañante de Álvaro Pascual - repitió al ver que nadie se movía.
- Yo... Soy su madre.
- Ya está despertando, acompáñeme por favor.
Las dos mujeres se adentraron en el corredor y se perdieron de vista.