Mi lado intenso no es para cualquiera.

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Tefy se quedó bajo la ducha, dejando que el agua cayese sin prisa, como si intentara arrastrar todo lo que no podía decir en voz alta.
El mundo le pesaba.
No era un pensamiento concreto, sino una acumulación silenciosa: personas que dañan sin mirar atrás, palabras que hieren sin tocar el cuerpo, y una sensación constante de que la vida no siempre juega limpio. A veces la balanza simplemente no se equilibra, por mucho que uno lo intente.
En ese estado de desconexión, la música de su celular seguía sonando, filtrándose entre el ruido del agua como si viniera de otro lugar.
“Ya no he valorado lo de antes…
las cicatrices me enseñaron tarde,
pero mejor tarde que nunca.
Camino por senderos de vida…
y soy lo que decidí ser.
No voy a alarmarme más, ya me enfadé suficiente.
Hay cosas que no paran,
recuerdos guardados en el desván…
el tiempo dirá lo que vales.”
Tefy cerró los ojos.
No sabía si la letra la calmaba o la enfrentaba con todo lo que evitaba sentir.
Salió del baño en silencio, se sentó en la cama y tomó el celular. Tenía varios mensajes sin leer, pero no abrió ninguno. Solo bloqueó uno tras otro, sin analizar. Ese día ya había visto demasiado.
Roxy apareció en línea casi de inmediato.
☆ — Pss… te pillé conectada y ni un beso me mandas.
— Estaba borrando cosas, no es nada.
☆ — ¿Qué cosas?
— Mensajes, nada importante.
☆ — Mejor. No te llenes la cabeza con eso.
— No te preocupes.
☆ — ¿Estás mejor?
— Sí… un poco.
☆ — Descansa entonces. En serio.
— Sí… voy a hacerlo.
☆ — Te amo.
— Yo más.
Se desconectaron.
Pero el silencio que quedó no era descanso. Era pausa.
Al día siguiente, Tefy despertó con el celular vibrando sin parar. Mensajes, audios, notificaciones. Roxy había dejado una tormenta de palabras que a ella, en ese momento, le devolvieron algo parecido a la calma.
Sonrió.
Esa era su forma de respirar otra vez.
Salió de la cama, se bañó y se quedó un rato en la sala viendo a su hermana sin realmente prestarle atención, como si el mundo necesitara unos segundos más para arrancarla del todo.
Más tarde, salió a caminar.
Necesitaba aire, aunque no supiera exactamente de qué quería escapar.
—Amor, ¿estás ahí?
☆ — Sí, aquí estoy.
—Estoy caminando un poco.
☆ — ¿Te pasa algo?
—No… solo necesitaba salir.
☆ — Entonces caminamos juntos.
Tefy sonrió, mirando su teléfono mientras le enviaba fotos de la ciudad.
—Mira por donde voy.
☆ — Es linda tu ciudad.
—Cuando vengas, te la enseño de verdad.
☆ — Eso no va a pasar… es muy lejos.
—Nada es imposible.
☆ — Tú siempre dices eso.
—Porque es verdad.
☆ — Ya… te creo cuando lo vea.
Y rieron.
Tres horas de conversación sin darse cuenta.
El tiempo, cuando hay conexión real, pierde la forma.
Días después, el parque se convirtió otra vez en escenario de tensión.
Bethy apareció.
—Mira quién está aquí… la intocable.
Tefy no respondió.
—¿Qué pasa? ¿No hablas ahora? ¿O te da miedo?
El silencio de Tefy no era debilidad. Era control.
Pero Bethy insistía, empujando palabras como si quisiera romper algo dentro de ella.
—Kamilita también estaba tranquila… y ya ves cómo terminó.
Ahí algo se tensó en el aire.
Tefy apretó la mano sin darse cuenta.
No respondió.
Hasta que Mia apareció.
—¿Qué es este show? ¿Quién está molestando aquí?
El ambiente cambió.
La tensión se dispersó, pero no desapareció.
Bethy se fue entre protestas.
Mia solo suspiró.
—Hay gente que vive para provocar.
Tefy sonrió apenas, sin ganas.
En ese momento sonó su celular.
Roxy.
☆ — ¿Qué pasó?
—Nada… Bethy estaba molestando.
☆ — No le hagas caso.
—No lo hago.
Pero algo en la voz de Roxy sonaba distinto.
Más distante.
Menos firme.
Y Tefy lo sintió, aunque no dijo nada.
Esa noche, en casa, la soledad fue interrumpida dos veces.
La primera: una puerta que nadie había tocado.
La segunda: otra vez.
Tefy se levantó con incomodidad, revisó.
Nada.
Vacío.
Pero el cuerpo ya había aprendido a desconfiar.
Más tarde, volvió a ocurrir.
Esta vez sí abrió.
Y lo que encontró cambió la atmósfera de la casa en un segundo.
No era solo presencia. Era pasado regresando sin permiso.
Tefy retrocedió.
El corazón dejó de seguir el ritmo normal.
El aire se volvió pesado.
Y el teléfono vibraba sin descanso en la cama.
☆ — Amor, responde. ¿Quién era?
Ella no podía escribir.
No todavía.
El resto de la noche se fragmentó entre miedo, tensión y decisiones que no se alcanzaban a nombrar.
Y aunque el mundo siguió girando afuera…
dentro de Tefy algo dejó de sentirse seguro.

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