Empezar algo nuevo siempre da miedo.
No por el camino en sí, sino por lo que uno descubre de sí mismo cuando ya no puede volver atrás.
Tefy lo estaba aprendiendo en silencio, sin darse cuenta: cada conversación con Roxy era un paso fuera de su antigua versión.
Esa noche, la pantalla del teléfono era su refugio.
☆ —Mi amor… tenía ganas de escuchar tu voz.
Tefy sonrió apenas.
—Yo también.
☆ —Me encanta hablar contigo… reír contigo… que me digas cosas bonitas.
—¿Te gusta tanto?
☆ —Sí… mucho.
Tefy soltó una risa suave.
—Qué rico, bb mía.
Se quedaron hablando sin medir el tiempo.
No era una conversación normal. Era una especie de mundo paralelo donde todo lo demás dejaba de existir.
Risas, silencios, preguntas sin sentido, respuestas rápidas… como si ninguna quisiera soltar la otra.
Hasta que el cansancio empezó a pesar.
☆ —Amor… ya son casi las cuatro y media. Vamos a dormir.
Tefy miró la hora y suspiró.
—Sí… vamos a dormir.
Hubo un silencio corto. No incómodo. Más bien de apego.
☆ —Te amo muchísimo.
—Yo más… que descanses.
☆ —Tú también, mi coshita.
La llamada terminó.
Pero Tefy no soltó el celular.
Se quedó mirando el techo.
Sonriendo.
Hay personas que no llegan a tu vida con ruido.
Llegan como una calma extraña que asusta… porque se siente demasiado buena para ser real.
Y eso era Roxy para ella.
Un pensamiento la llevó a otro… y antes de darse cuenta, el sueño la venció.
Cuando abrió los ojos, ya era tarde.
El descanso había sido profundo… pero interrumpido por la realidad.
Un grito atravesó la casa:
—¡TEFY!
Se cayó de la cama sin entender nada, envuelta en las sábanas.
Corrió como pudo.
Abajo estaba su hermana, con cara de indignación absurda.
—¿Tú te comiste mi dulce de chocolate?
Tefy la miró en silencio unos segundos.
El contraste era ridículo.
La intensidad del mundo interno… y la trivialidad del mundo externo.
Soltó un suspiro.
—De verdad… ¿me despertaste por eso?
Se dio la vuelta sin discutir más.
Pero antes de volver a su cuarto, tomó el celular.
Y escribió:
“Buenos días, mi amor…”
Las palabras salían solas.
Como si su corazón escribiera antes que su mente.
“Eres la niña más hermosa del mundo… te amo muchísimo…”
Y envió el mensaje sin pensarlo demasiado.
Horas después, Roxy la llamó.
Y el día volvió a encenderse.
—¿Qué haces?
—Hablando contigo.
Risas.
Silencio.
Conexión.
Hasta que, entre bromas y curiosidad, Roxy preguntó algo inesperado:
☆ —¿Y tú… eres de imaginar mucho?
Tefy se quedó pensando.
—Depende…
☆ —¿Depende de qué?
Una pausa.
Esa clase de pausa donde nacen los secretos emocionales.
—De la persona.
Roxy entendió sin que se explicara más.
Y así, poco a poco, comenzaron a explorar un tipo de conversación nueva.
No era sobre lo físico.
Era sobre la imaginación, la confianza, la curiosidad emocional.
Sobre cómo dos personas pueden construir un mundo solo con palabras.
☆ —Me gusta hablar contigo…
—A mí también.
☆ —Me haces sentir rara… pero bien.
Tefy sonrió.
—Eso es peligroso.
☆ —Me encanta el peligro.
Y ahí estaba el verdadero centro de todo.
No el contenido.
Sino la conexión.
La forma en que dos personas se atreven a abrir puertas emocionales sin saber qué hay detrás.
Pasaron las horas.
Risas.
Mensajes.
Audios.
Y cuando la noche volvió a caer, ninguna quería soltar la conversación.
Porque había algo que ambas empezaban a entender sin decirlo:
no era solo hablar…
era encontrarse.
☆ —Amor… creo que ya debo dormir.
Tefy sintió ese pequeño vacío que aparece cuando algo bueno se pausa.
—Está bien…
☆ —Te amo.
Tefy respiró hondo.
Esta vez no dudó tanto.
—Yo más.
Y al apagar la pantalla, se quedó en silencio.
Pero no era el mismo silencio de antes.
Ahora tenía compañía.
Aunque no estuviera ahí.
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Buscando mi Lugar
Random"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto." Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre. Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
