El miedo no desaparece cuando uno decide cambiar. Solo cambia de forma. A veces se disfraza de dudas, otras de recuerdos, y otras —las más peligrosas— se viste de felicidad.
Tefy lo sabía bien.
Había convivido con el rechazo tanto tiempo que la calma le resultaba sospechosa, casi irreal. Y ahora, lo que sentía por Roxy no encajaba en ninguno de sus mecanismos de defensa. No era alarma. No era huida. Era algo peor para alguien acostumbrada al caos: esperanza.
Y la esperanza, cuando es nueva, asusta.
Encontró a su padre en la entrada, con la misma rutina de siempre, como si el tiempo no se moviera en esa casa.
—Ponte a limpiar —ordenó sin mirarla.
Tefy no discutió. No porque estuviera de acuerdo, sino porque había aprendido a elegir sus batallas. Mientras pasaba el trapo, su mente ya no estaba ahí. Estaba en otro lugar. En otro nombre.
—¿Me dejas pasar o te ensucio todo? —Shirley apareció en el umbral con su habitual tono de burla.
—Si entras con esos pies, limpias tú —respondió ella sin levantar la vista.
Shirley sonrió, pero no se fue. Se quedó. Como siempre.
—Te noto rara.
Tefy no contestó de inmediato. Esa palabra le rozó algo interno.
Rara.
Como si cambiar fuera un error.
—No estoy rara —dijo al fin—. Estoy cansada de ser la misma.
Él soltó una risa breve, sin entender del todo.
—¿Y eso qué significa?
Tefy lo miró por primera vez de verdad.
—Que dejé de correr hacia lugares donde me pierdo.
El silencio que siguió fue incómodo. No porque ella dudara, sino porque él no sabía cómo sostener esa versión nueva de ella.
—Te estás ahogando en algo —insistió Shirley después—. Lo veo.
Tefy negó despacio.
—No. Esta vez estoy saliendo a la superficie.
—¿Y por qué ya no sales? ¿Qué te pasó?
Ella respiró hondo. No había enojo. Había claridad.
—Me cansé de fingir que todo eso me llenaba.
Shirley frunció el ceño, incapaz de aceptar una respuesta tan simple.
—No puedes cambiar así.
Tefy sonrió apenas.
—Sí puedo. Ya lo estoy haciendo.
El teléfono vibró.
El nombre en la pantalla cambió el aire del cuarto.
Shirley lo notó.
—¿Quién es Roxy?
Ahí estaba el momento. El punto sin retorno.
Tefy no se escondió.
—Es alguien importante para mí.
—¿Importante cómo?
La pregunta no fue curiosa. Fue incómoda.
Tefy lo entendió. Y aun así, no retrocedió.
—Como alguien por quien me estoy enamorando.
El silencio cayó pesado.
—Entonces era eso… —murmuró Shirley, más para sí mismo que para ella.
No hubo escena. No hubo gritos. Solo la comprensión amarga de alguien que entendió tarde.
—No te voy a juzgar —dijo al fin, levantándose—. Solo… pensé que yo todavía tenía un lugar.
Tefy bajó la mirada un segundo.
—Siempre fuiste parte de mi pasado, no de mi destino.
Shirley asintió, aunque dolía.
—Cuídate.
Y se fue.
Esta vez, Tefy no sintió vacío. Sintió espacio.
Cuando por fin se encerró en su cuarto, el mundo volvió a su forma más honesta: la pantalla iluminada.
Roxy estaba ahí.
Y con ella, una pregunta que cambió el aire de todo lo anterior.
☆: ¿Quieres ser mi novia?
Tefy leyó una vez. Luego otra. No por duda, sino por miedo a que fuera demasiado bueno para ser real.
Su primera reacción fue el instinto viejo: huir.
Pero ya estaba cansada de huir.
Escribió despacio.
Tefy: Sí… sí quiero.
Y al enviar el mensaje, algo dentro de ella cedió. No se rompió. Se acomodó.
La conversación siguió como si el mundo exterior no existiera.
Apodos, risas, silencios cómodos. Una intimidad que no pedía permiso para crecer.
—No me digas “Bb” —bromeó Tefy.
—¿Y cómo quieres entonces?
—Sorpréndeme.
—“Mi cosita” —escribió Roxy al fin.
Tefy se quedó en silencio. Luego rió.
No era una risa nerviosa. Era una risa que no necesitaba explicación.
Horas después, el cansancio empezó a mezclarse con la emoción.
☆: ¿Por qué te cuesta tanto dejarte querer?
Tefy miró la pregunta largo rato antes de responder.
Tefy: Porque aprendí a desconfiar incluso cuando algo se siente bonito.
La respuesta tardó unos segundos.
☆: Entonces voy a quedarme para enseñarte que no todo duele.
Tefy tragó saliva.
Tefy: ¿Y si te vas?
☆: Entonces no te prometo perfección… pero sí presencia.
Hubo una pausa.
Después, otra frase.
☆: Voy a ser tu “parchito”.
Tefy cerró los ojos un segundo.
Era ridículo. Era tierno. Era peligroso.
Y aun así, le creyó.
A las cuatro de la mañana, cuando ya no quedaban palabras sino sueño, la despedida fue suave.
☆: Creo que ahora sí voy a dormir…
Tefy: Descansa.
☆: Tú también, mi cosita.
Tefy dejó el celular sobre el pecho.
La habitación estaba en silencio, pero su mente no.
No era calma vacía.
Era otra cosa.
La sensación de estar cruzando una puerta que ya no se podía cerrar.
Y por primera vez, en lugar de miedo…
sentía dirección.
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Buscando mi Lugar
De Todo"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto." Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre. Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
