Hay días en los que el cuerpo despierta… pero la mente sigue atrapada en otro lugar.
Como si el descanso no hubiera sido descanso.
Como si la vida no hubiera dado tregua ni siquiera en sueños.
Tefy estaba profundamente dormida cuando la realidad irrumpió sin cuidado.
—¡ESTEFANY! ¿DÓNDE ESTÁS? —la voz de su padre atravesó la casa.
No era una llamada.
Era una orden disfrazada de grito.
Tefy abrió los ojos lentamente, todavía atrapada entre el sueño y el cansancio.
Pero no se levantó.
Su cuerpo no respondía a la prisa del mundo.
La puerta se abrió de golpe.
—¡Levántate! ¡Tienes que limpiar! —insistió él—. ¡Y despierta a tu hermana!
Tefy lo miró unos segundos.
Luego giró la cabeza hacia el otro lado.
Su hermana seguía dormida.
Y no la despertó.
Hay decisiones pequeñas que dicen mucho de una persona.
Y esa fue una de ellas.
Se incorporó en la cama.
Con pesadez.
Con pensamientos dispersos.
Y tomó su celular.
Lo primero que hizo fue buscarla a ella.
—Amor… ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes?
Pero no había respuesta.
Roxy aún no estaba ahí.
Y en ese silencio, Tefy entendió algo incómodo:
a veces el amor no coincide en el mismo horario.
Suspiró.
Y siguió con su día.
Cocinar.
Limpiar.
Organizar.
Repetir.
La rutina no pregunta si estás bien.
Solo avanza.
En una hora, la casa quedó en orden.
Pequeña, pero ordenada.
Como si el exterior intentara compensar el caos interno.
Cuando terminó, su hermana apareció como si nada.
—Ya estoy lista para limpiar —dijo, con energía tardía.
Tefy la miró de arriba abajo.
Y soltó una frase seca:
—Tú eres descarada.
—¿Por qué? —preguntó ella, sin entender.
—Porque ya está todo hecho.
La hermana sonrió.
Y no discutió.
Hay personas que solo funcionan cuando el trabajo ya está terminado.
Desayunaron juntas.
Entre conversaciones simples.
Entre silencios que no incomodaban.
Hasta que el celular vibró.
Ese tipo de vibración que no es solo notificación…
es emoción anticipada.
Roxy.
Tefy sonrió sin darse cuenta.
—¡Amor! —escribió.
Y la respuesta llegó casi de inmediato.
—Mi amor, ¿cómo estás?
Y en ese instante, el día cambió de tono.
—Bien… acabo de terminar de limpiar —respondió Tefy.
—Yo acabo de despertar —dijo Roxy.
La conversación fluyó sin esfuerzo.
Como si el mundo externo no tuviera permiso de interrumpirlas.
Hablar con ella era diferente.
No era pasar el tiempo.
Era sentirse acompañada.
—Voy a bañarme —avisó Roxy.
—Dale, amor —respondió Tefy.
Y se despidieron con ese “te amo” que ya no necesitaba explicación.
Pero la vida no se queda quieta mucho tiempo.
Tefy salió a hacer un mandado.
Y el mundo volvió a cruzarse con ella sin pedir permiso.
—Hola… ¿tú estás en la universidad? —preguntó un chico.
—Sí. ¿Por qué? —respondió ella, sin interés.
—Yo también.
Pero la conversación murió ahí.
No por grosería.
Sino por distancia emocional.
Tefy siguió caminando.
Sin girarse.
Sin detenerse.
Y sin darse cuenta, el chico dijo su nombre.
—Me llamo Alberto.
Pero ya era tarde.
El sonido se perdió entre pasos.
Lo único que le importaba estaba en el celular.
Hasta que un mensaje llegó.
“¿QUIÉN ES ALBERTO?”
Tefy se detuvo.
Frunció el ceño.
Y luego entendió lo absurdo del momento.
—No es nadie, amor —respondió—. Un chico que me habló y ya.
Y siguió caminando como si nada.
Pero la calma no siempre dura.
De regreso a casa, algo extraño empezó a circular.
Estados.
Mensajes.
Palabras incompletas.
Hasta que uno la golpeó sin aviso:
“Camila murió…”
El mundo no se detuvo.
Pero dentro de ella, sí.
—No… —susurró.
Y volvió a leerlo.
Otra vez.
Y otra.
Hasta que el significado se volvió real.
Roxy la buscaba sin descanso.
—Amor, ¿qué pasa? Respóndeme.
Pero Tefy no encontraba cómo explicarlo.
Porque hay noticias que no se dicen… se sobreviven.
—Mataron a Camila —escribió finalmente.
Silencio.
Roxy ya lo sabía.
Y en ese momento, la distancia dejó de importar.
—Tranquila, mi amor… respira —le dijo ella.
Y por primera vez en el día, Tefy no se sintió sola.
Pero entonces llegó otro golpe.
Un mensaje desconocido.
“Te vas a quedar sola poco a poco…”
La sangre se le enfrió.
Captura.
Envío.
Prueba.
—Es Bethy —dijo Tefy.
Y no había rabia exagerada.
Solo cansancio emocional.
Roxy no dudó.
—No le hagas caso a eso. Estoy contigo.
Y esa frase, simple, sostenida, sin dramatismo…
fue lo que evitó que el día terminara peor.
Las horas pasaron.
La tensión bajó.
La respiración volvió a su ritmo.
Y al final, solo quedó el silencio de la noche.
Tefy entró a la ducha.
Y por primera vez en todo el día…
no pensó en nada.
Solo dejó que el agua hiciera lo que las palabras no podían: calmar.
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Buscando mi Lugar
Random"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto." Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre. Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
