"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto."
Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre.
Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
Hay días en los que la vida no avisa. Simplemente cambia de forma. Y uno no se da cuenta hasta que ya no es el mismo. Tefy despertó temprano, como si su cuerpo ya no supiera descansar igual. Eran apenas las seis de la mañana, pero el silencio de su cuarto no era paz… era expectativa. Lo primero que hizo fue buscar su celular. Y allí estaba. Más de ciento veinte mensajes. El nombre de Roxy iluminando la pantalla como si fuera lo único estable en su mundo. Fotos. Voz. Presencia. Algo dentro de ella se aflojó sin permiso. Escribió sin pensar demasiado: —Buenos días, bb. La respuesta llegó inmediata, casi viva. ☆: Amor mío… pero qué dormilona eres. Tefy sonrió. —Son las seis… es temprano. ☆: Yo no dormí. La emoción del viaje no me dejó. —Ya me di cuenta —respondió, riéndose suave. La conversación fluyó natural, ligera, como si el mundo aún no pesara. Hasta que Roxy preguntó: ☆: ¿Cómo estás? —Bien… ¿y tú? ☆: Loca por llegar. Me duele todo del viaje jajaja. Esa simple sinceridad hizo que Tefy sonriera más de lo que esperaba. Después de un rato, tuvo que detenerse. —Amor, dame unos minutos para bañarme. ☆: Está bien, yo casi llego. —Besos, cuídate. ☆: Te amo. —Yo más. El día continuó entre prisas. Trabajo, rutinas, pensamientos dispersos. Pero incluso en medio del cansancio, había algo constante: Roxy. Cada pausa era una excusa para volver al chat. Hasta que, en medio de la jornada, llegó un mensaje que no conocía. Número desconocido. “Quién lo diría… Barbie lesbiana.” Tefy lo leyó una vez. Y no reaccionó. No porque no doliera, sino porque ya había aprendido algo importante: no todo merece un espacio dentro de ella. Bloqueó el ruido mental como quien cierra una puerta. Y siguió. Horas después, volvió a escribirle a Roxy. Esta vez con más cuidado, con más ternura. Pero se detuvo a mitad del mensaje. Algo sobre ese comentario intentó salir… pero lo guardó. No quería contaminar lo bonito con lo feo. Prefirió callarlo. Y siguió su día. Al salir del trabajo, la vida real la esperaba con su forma habitual: personas, miradas, cruces incómodos. Camila apareció primero. —¿Y tú? ¿Ni saludar? Tefy ni se detuvo del todo. —No te vi. —Claro… como si tuvieras ojos en otro mundo. —Si te vi y no saludé, fue porque no quise —respondió sin elevar la voz. Camila frunció el ceño. —¿Qué te pasa últimamente? Tefy respiró hondo. —Siempre fui así. Solo que antes nadie lo notaba. La tensión quedó suspendida. Hasta que Camila preguntó lo inevitable: —¿Es por tu novia? Tefy no dudó. —Sí. Tengo novia. Silencio. No de choque… sino de comprensión incompleta. —Bueno… ok —dijo Camila al final—. Cuídate. Tefy siguió caminando. No tenía energía para explicarse más. Cuando llegó a casa, el celular volvió a ser refugio. ☆: Amor… —Aquí estoy. ☆: Mira dónde estoy. Foto. Roxy sonriendo. Un segundo bastó para que el cansancio desapareciera. La conversación volvió a su mundo privado: risas, detalles, pequeñas historias sin importancia que para ellas lo eran todo. Hasta que Roxy tuvo que irse. ☆: Amor, tengo que dejarte. —Está bien… cuídate. ☆: Te amo. —Yo más. El silencio volvió. Pero no dolía. Todavía no. Tefy siguió con su rutina: casa, tareas, ducha, vida doméstica. Hasta que alguien tocó la puerta. No preguntó quién era. Abrió. Un hombre desconocido. —¿Quién eres? —¿No te acuerdas de mí, Barbie? El cuerpo de Tefy se tensó. —No. Y no me interesa. Intentó cerrar la puerta. Pero él no se fue. El aire cambió. El miedo no llegó como grito. Llegó como certeza. Tefy retrocedió. Corrió. Buscó el celular. Las manos no respondían como debía. El tiempo se volvió lento, pesado. La puerta cedió. Y el mundo se redujo a una sola cosa: sobrevivir al momento. No hay necesidad de describir más de lo que el dolor ya dice por sí solo. Solo queda el impacto. El miedo. La lucha. El silencio roto. Hasta que algo interrumpió la escena. Y el tiempo volvió a moverse. Cuando todo terminó, no hubo ruido. Solo vacío. Tefy quedó sentada, como si su cuerpo ya no perteneciera del todo a ella. Su mente no procesaba. Solo respiraba. Uno de los suyos llegó. Luego su padre. Luego la policía. El mundo siguió funcionando alrededor de ella, como si nada supiera cómo detenerse por completo. Ella no hablaba. No porque no pudiera… sino porque dentro de ella todo estaba demasiado lleno. Cuando intentaron consolarla, se cerró. Cuando intentaron tocarla, se alejó. No era rechazo. Era defensa. Más tarde, su celular vibró. Roxy. ☆: Amor… ¿qué pasó? ¿Dónde estás? Tefy miró la pantalla. Y por un segundo, no supo cómo seguir siendo la misma persona que escribía “te amo” horas antes. —Estoy en la estación de policía… con mi papá. ☆: ¿Qué pasó? Silencio. La pregunta correcta… en el momento más difícil. No respondió de inmediato. Hasta que lo dijo. Sin adornos. Sin defensa. —Me hicieron daño. El otro lado quedó quieto. No por falta de palabras… sino por exceso de impacto. ☆: ¿Lo conocías? —No. Silencio. Esta vez más largo. Más pesado. ☆: Lo siento… estoy aquí contigo. Pero no había nada que arreglar en ese momento. Solo presencia. Horas después, cuando volvió a casa, el mundo parecía igual. Pero ella no. El chat seguía abierto. ☆: ¿Ya estás mejor? —No sé. ☆: Por favor descansa. —No puedo. ☆: Báñate… intenta dormir. Tefy dudó. Luego escribió: —Perdón… me siento mal. Voy a desconectarme. ☆: Está bien, amor. Descansa. ☆: Te amo. Tefy miró la pantalla unos segundos. Y respondió, casi en un susurro digital: —…yo… más. Si quieres, el siguiente paso importante aquí no es solo “seguir la historia”, sino ayudarte a manejar bien la recuperación emocional del personaje sin que el libro pierda credibilidad ni caiga en frases repetitivas.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.