Tefy se quedó bajo la ducha, sentada en el suelo frío, como si el agua no la estuviera limpiando… sino sosteniendo.
El cuerpo estaba ahí, pero la mente no.
Todo se había reducido a fragmentos: la carta, los abrazos, los silencios, las promesas que aún no sabían si eran refugio o despedida.
A veces recordar no es nostalgia… es una forma de dolor que no grita.
Solo pesa.
El celular sonaba al ritmo de una canción que parecía hablarle directamente:
“Me despido de ti sin dolor, aunque te quiera más que nunca…
fuimos todo y a la vez ruptura,
me enseñaste a creer en mí cuando ni yo me soportaba,
y ahora eres recuerdo guardado en el rincón más bonito de mi caos…”
Tefy cerró los ojos.
No lloraba fuerte.
Lloraba hacia adentro.
Salió del baño sin decir una palabra.
Se metió en la cama y se cubrió por completo, como si el mundo pudiera apagarse debajo de una sábana.
No quería hablar.
No quería pensar.
Ni siquiera quería entenderse a sí misma.
—¡Oye! ¡Respóndeme! ¿Qué te pasa?
La voz de su hermana rompió el silencio.
Tefy no se movió.
Hay días en los que el cuerpo funciona, pero el alma no responde.
Su hermana la miró un momento… y entendió sin explicación.
Y se fue.
Tefy tomó el celular.
Escribió:
—Solo quiero desearte buenas noches. Necesito un poco de espacio, pero no significa que me aleje de ti. Cuídate.
La respuesta llegó rápido.
☆ —Descansa, amor. Tómate tu tiempo. Te amo.
Tefy lo leyó varias veces.
No por duda.
Sino por necesidad.
—Chochan, préstame el celular un momento.
Su hermana se lo dio sin preguntar demasiado.
Y por unos minutos, el mundo de Tefy se redujo a una sola conversación.
—Estoy aquí.
☆ —Te extraño muchísimo.
—El WhatsApp me está fallando.
☆ —¿Podemos hablar por aquí?
—Sí.
La conversación no era perfecta.
Pero era real.
Y eso era suficiente para ambas.
Hasta que la vida cotidiana volvió a interrumpirlo todo.
—¡Apúrense que yo también tengo vida! —dijo la hermana.
Tefy la miró.
—Esto es importante.
—Todo es importante hasta que te lo interrumpen.
Treinta minutos después, la conexión se cortó.
Pero no el vínculo.
Esa noche Tefy escuchó música hasta quedarse dormida.
El volumen bajo.
Lo suficiente para no pensar demasiado.
Al amanecer, se levantó sin energía.
Se duchó.
Se vistió.
Y salió a trabajar como si el mundo no pesara dentro de ella.
Los días siguientes fueron un puente entre ansiedad y esperanza.
Mensajes, planes, listas, compras, ilusiones pequeñas que se sentían enormes.
—¿Qué llevo?
—No sé.
—¿Pan? ¿Cerveza? ¿Galletas?
—Lo que sea, amor.
Pero en el fondo ambas sabían algo:
no era solo un viaje.
Era una búsqueda.
Una noche, Roxy dijo:
☆ —Quiero probar algo.
—¿Qué cosa?
☆ —Una pastilla.
El silencio de Tefy duró un segundo más de lo normal.
—Eso no es un juego.
☆ —Confío en ti.
Ese fue el problema.
La confianza, cuando es ciega, también puede ser peligrosa.
El viaje se convirtió en una odisea de espera.
Terminales, listas, horas muertas, cansancio acumulado.
Pero Tefy no se movía.
Porque cuando alguien importa de verdad… la espera deja de ser opcional.
Se convierte en decisión.
Veintidós horas después, un autobús vacío.
Y un asiento disponible.
—Voy en camino.
☆ —No lo creo…
—Pues créelo.
Cuando llegó, no hubo discursos.
Solo un abrazo.
De esos que no explican nada… pero lo dicen todo.
Esa semana fue una pausa en el ruido del mundo.
Risas, agua, naturaleza, silencios cómodos, miradas largas.
Pero también decisiones sin medir consecuencias.
—¿Trajiste lo que te pedí?
—Sí.
Cerveza. Cigarros. Y una idea peligrosa disfrazada de curiosidad.
El agua del muelle estaba tranquila.
Demasiado tranquila para lo que iba a pasar después.
Roxy bebía, reía, flotaba entre sensaciones nuevas.
Tefy observaba.
Con una mezcla de amor… y miedo.
Hay momentos donde el amor no sabe si proteger o intervenir.
Y ese era uno de ellos.
—¡No siento nada! —reía Roxy— ¡Eso no sirve!
Tefy no respondió.
A veces el silencio es una forma de intentar controlar el desastre.
Un bote se acercó.
Una invitación casual.
Una decisión que cambió el ambiente en segundos.
—¡No vamos a ningún lado! —dijo Tefy firme.
Roxy ya no estaba del todo presente.
—Vamos, amor…
Pero no era ella quien hablaba.
Era lo que había consumido.
El día empezó a perder forma.
Agua, arena, confusión, celos, impulsos.
Hasta que Roxy se sintió mal.
Muy mal.
Tefy la sacó del agua como pudo.
La sostuvo.
La limpió.
La cuidó.
Sin descanso.
Sin pausa.
Sin pensar en sí misma.
Cuando Roxy vomitó, el mundo volvió a ser silencio.
Solo respiraciones lentas.
Y una cama.
Horas después, Tefy la miró dormir.
Y por primera vez en días, no pensó en el amor.
Pensó en el peso de amar sin control.
Le preparó algo de comer.
La despertó con cuidado.
La cuidó otra vez.
Como si nada hubiera pasado.
Pero algo sí había cambiado.
No afuera.
Dentro.
Porque hay semanas que parecen felices…
pero dejan preguntas que no desaparecen con el sol.
Y Tefy aún no sabía…
que lo más intenso de ese viaje no había sido lo vivido.
Sino lo que empezaba a entender en silencio.
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Buscando mi Lugar
Random"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto." Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre. Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
