Todos, en algún momento, atravesamos una etapa de confusión. Un espacio invisible donde no sabemos qué queremos, ni con quién queremos estar, ni siquiera quiénes estamos siendo.
Es una etapa silenciosa… pero intensa.
Y aunque el mundo opine, juzgue o señale, al final la vida no le pertenece a nadie más que a uno mismo. Los comentarios ajenos pesan solo si uno decide cargarlos.
Tefy estaba ahí.
En medio de todo.
Nerviosa, vulnerable… pero por primera vez, sincera consigo misma.
Miró a su hermana y, casi en un susurro, le pidió:
—No le digas a nadie, por favor.
Su hermana no dudó. Su respuesta fue tranquila, sin juicio:
—Eso no me pertenece a mí. Es tu decisión a quién se lo cuentas.
Ese momento alivió algo dentro de Tefy. No era aprobación exagerada, ni rechazo. Era libertad.
La conversación terminó justo cuando el celular vibró.
La reacción de Tefy fue inmediata: una sonrisa apareció antes de que pudiera controlarla.
Su hermana la miró de lado y sonrió también.
—Me gusta verte así —dijo—. Nunca te había visto una sonrisa tan real.
Tefy bajó la mirada, casi sorprendida de sí misma.
—¿Se me nota tanto?
—Demasiado —respondió su hermana, divertida—. Bueno, ya no te molesto más. Habla con tu novia. Yo me voy.
Le dio un beso en la mejilla y salió.
El silencio que quedó no fue vacío.
Fue ligero.
Tefy tomó el celular.
—Bb, ¿cómo te fue en el examen? —escribió.
La respuesta llegó rápida.
☆: ¡Mi amor! ¡Aprobé!
Tefy sonrió como si la noticia fuera suya también.
—¡Te felicito!
Y siguieron hablando. Sin pausa. Sin prisa. Como si el mundo alrededor dejara de existir.
Entre mensajes, Tefy soltó algo que ya no podía guardarse:
—Mi amor…
☆: dime
—Le conté a mi hermana de nosotras.
Hubo una pausa breve.
☆: ¿Y qué te dijo?
—Que nos apoyaba.
☆: Qué bueno, mi amor.
Ese pequeño intercambio pesó más de lo que parecía. Era una puerta abierta en su vida.
Poco después, Roxy avisó:
☆: Amor, voy a hablar con mi mamá. Luego hablamos.
—Está bien, cuídate —respondió Tefy.
☆: Tú también. Besos.
Y el chat se quedó en silencio.
Tefy volvió a su casa.
La realidad no espera.
Había limpieza, comida, responsabilidades.
Mientras barría y organizaba, alguien tocó la puerta.
—¡Ya voy! —respondió.
Abrió.
Era su mejor amigo.
—¿Estás brava conmigo?
—No.
—Pero ni me hablas.
Tefy lo miró con calma cansada.
—Si no tengo nada que decir, no hablo.
—¿Vas a ir a la fiesta hoy? Tu hermana me dijo…
—No voy a ir a ninguna fiesta más.
El chico frunció el ceño.
—¿Puedo bañarme aquí y después me voy?
Tefy lo miró sin expresión.
—No. Tú tienes casa.
—Estás insoportable.
—Estoy normal. El problema es cómo lo tomas.
La conversación subió de tono en segundos.
Él se molestó, ella no retrocedió.
—Entonces me voy a la mierda.
—Cuídate —respondió Tefy sin emoción.
Antes de que cerrara la puerta, ella agregó con firmeza:
—Y lo otro se acabó aquí. Esa mentira de que somos novios, se terminó. Cuando mis padres lo sepan, lo van a saber bien.
Él se quedó congelado.
—No me hagas eso…
—No es personal. Es la verdad.
Silencio.
—Además… tengo novia.
El impacto fue inmediato.
—¿Roxy?
—Sí. Y te pido que respetes eso.
La puerta se cerró.
Tefy respiró hondo.
Por dentro, no se sentía fuerte.
Se sentía libre… y un poco culpable.
Pero siguió.
Minutos después, alguien volvió a tocar.
—¡¿Y ahora qué?! —dijo abriendo la puerta sin pensar.
Era Camila.
—Perdón… no era contigo.
Camila dudó.
—Solo venía a preguntarte si vas a ir a la fiesta…
Tefy no esperó más.
—No. No voy a ir a esa ni a ninguna.
Camila la miró en silencio… y se fue.
El teléfono vibró.
Roxy.
☆: Amor, ¿cómo estás?
—Bien… necesito contarte algo.
☆: dime
—Terminé con él.
☆: ¿En serio?
—Sí.
☆: Entonces… ¿soy toda tuya?
Tefy sonrió sin querer.
—Siempre lo fui desde el 24.
☆: Mi cosita…
—Tuya.
☆: Qué rico…
—Te amo.
Roxy se quedó en silencio unos segundos.
☆: Yo también te amo.
Y la conversación siguió.
Horas.
Palabras simples.
Pequeños mundos.
Hasta que Roxy escribió:
☆: Amor, mañana viajo con mi mamá a ver a mi abuela.
Tefy lo pensó un segundo.
—Vamos juntas entonces.
☆: Sí…
Y rieron.
Entre planes, fotos, historias y detalles, el chat se volvió su refugio.
Hasta que el sueño apareció.
☆: Amor, me voy a dormir… mañana madrugo.
—Descansa, mi amor.
☆: Tú también.
—Te amo.
☆: Yo más.
Tefy dejó el celular sobre la cama.
Y por primera vez en mucho tiempo, el silencio no le dolió.
Porque esta vez… no estaba sola dentro de él.
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Buscando mi Lugar
Aléatoire"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto." Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre. Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
