Si te busco valorame - PARTE 2-

27 16 7
                                        

Tefy permanecía bajo la ducha, inmóvil, dejando que el agua intentara lavar algo que no era visible. No era suciedad lo que sentía sobre la piel, sino peso. Un peso invisible que no se iba con agua caliente ni con silencio.
La mente no le daba tregua.
“¿Por qué el mundo puede ser tan contradictorio? Tan cálido un día… y al siguiente, tan cruel.”
Había días en los que la vida parecía un lugar habitable. Otros, en cambio, se sentía como un sitio donde sobrevivir era el único objetivo.
El sonido de su celular interrumpía el vacío. La música seguía sonando, como si el mundo exterior insistiera en continuar aunque ella estuviera rota por dentro.
Se levantó despacio, como si cada movimiento costara más de lo normal. Se quedó unos segundos en silencio, respirando hondo, intentando volver a su eje.
Salió del baño sin decir nada.
En su cuarto, tomó el teléfono. Varios mensajes sin leer. Los ignoró. No tenía energía para explicaciones ajenas.
Entró directo al chat de Roxy.
—Amor… ¿estás ahí?
La respuesta tardó, pero llegó.
☆ —Sí, aquí estoy.
—Te extraño.
☆ —Yo también… he estado pensando en ti.
Esa frase, simple, le aflojó un poco el pecho.
—Necesitaba escucharte.
☆ —Descansa un poco, ¿sí? Te noto cansada.
—Solo un rato.
El silencio entre mensajes no era vacío. Era compañía.
Ambas se desconectaron sin dramatismos, como si el cansancio hubiera ganado la noche.
A la mañana siguiente, el mundo volvió a su ritmo habitual.
Tefy abrió los ojos con el peso de siempre en el cuerpo, pero al revisar el celular encontró algo distinto: mensajes acumulados, notificaciones, y ese pequeño refugio digital donde Roxy insistía en estar presente.
Por un momento, eso fue suficiente para respirar.
Se levantó, fue al baño, y después se quedó unos minutos en la sala, observando una película que ni siquiera estaba siguiendo. Solo necesitaba ruido para no pensar demasiado.
Más tarde salió.
El aire en la calle le golpeó la cara como una realidad que no pedía permiso.
—Amor, ¿estás ahí?
☆ —Sí, dime.
—Estoy caminando un rato.
☆ —¿Para despejarte?
—Sí… o algo así.
No siempre las respuestas eran completas. A veces eran intentos.
Roxy envió fotos, audios, pequeños fragmentos de su día. Tefy sonreía con cada uno, aunque fuera por segundos.
—Me gusta tu ciudad —escribió Roxy.
—Cuando vengas, la vas a ver con otros ojos.
☆ —Eso suena a promesa.
—Lo es.
Los días siguieron así: entre conversaciones largas, silencios necesarios y un amor que crecía en espacios digitales.
Pero no todo era luz.
Algunas presencias del pasado no desaparecen: solo esperan el momento para volver a incomodar.
En el parque, Tefy sintió primero la mirada antes de verla.
Bethy.
—Mira quién está aquí —dijo con una sonrisa cargada de intención.
Tefy no respondió.
No porque no pudiera, sino porque había aprendido que no todas las batallas merecen energía.
Bethy insistió, buscando reacción, provocación, grietas.
Pero Tefy permanecía firme en su silencio.
Hasta que otra voz interrumpió el ambiente.
—Déjala en paz.
Mia apareció sin anunciarse, como si la situación no necesitara más explicación.
—Aquí no vienes a molestar a nadie —dijo con calma firme—. Si tienes algo que decir, dilo en otro lado.
Bethy protestó, pero la tensión perdió fuerza frente a la seguridad de alguien que no negociaba respeto.
Tefy solo exhaló.
No siempre el conflicto se resuelve peleando. A veces se resuelve sobreviviendo sin entrar en él.
Esa noche, el celular vibró.
Roxy.
☆ —¿Estás bien?
—Sí… solo fue un día raro.
☆ —Cuéntame cuando puedas.
Tefy dudó. Pero eligió no cargarla con todo.
—Después te digo.
A veces amar también es eso: decidir cuánto peso compartir sin romper al otro.
Antes de dormir, Tefy se quedó mirando el techo.
No todo estaba bien.
Pero tampoco todo estaba perdido.
Y eso, en su vida, ya era una forma de resistencia.

Buscando mi Lugar Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora