Tefy cerró la puerta de su cuarto con la misma pesadez con la que cargaba el pecho. No había terminado de dejar el celular sobre la cama cuando la voz de su padre la alcanzó desde la sala.
—Ya tu prima nos contó de esa muchacha con la que te estás viendo.
Tefy se quedó quieta un segundo. No por sorpresa… sino por cansancio.
—Se llama Roxana —corrigió sin mirarlo.
—Me da igual cómo se llame. Lo que necesito es que termines eso ahora mismo. Y desde hoy me entregas el celular.
El silencio que siguió no fue vacío. Fue resistencia.
—No.
Su padre dio un paso adelante, la mirada dura, como si cada palabra fuera una orden inevitable.
—No voy a discutir contigo. Se acabó.
—No.
La segunda negativa no fue más fuerte. Fue más firme.
Él entrecerró los ojos.
—¿Y casualmente esa era la muchacha con la que estabas hoy?
Tefy levantó la mirada por primera vez.
—Se llama Roxana. Y sí. Es mi novia.
La palabra cayó en la sala como algo prohibido.
Su padre apretó la mandíbula.
—Eres una falta de respeto. Me das vergüenza. ¿Tú escuchas lo que estás diciendo?
Tefy sintió algo romperse por dentro… pero no retrocedió.
—No me importa lo que pienses. Estoy con ella porque la amo. Y eso no va a cambiar.
—Eso no es amor —escupió él—. Eso es un error. Y en esta casa no se va a aceptar.
—Entonces no me aceptes a mí tampoco —respondió ella, sin gritar, pero con una claridad peligrosa—. Pero no voy a dejarla.
El aire se tensó.
En ese momento, la madre apareció en la puerta, alarmada.
—¿Qué está pasando aquí?
—Tu hija anda en la calle con otra mujer —respondió el padre sin girarse.
La madre miró a Tefy.
—¿Con Roxana?
—Sí, mamá —dijo Tefy—. Con Roxana.
El hecho de que ya lo supiera no alivió nada.
—¿Tú ya sabías? —preguntó él, incrédulo.
Ella bajó la mirada un segundo.
—Sí.
El padre soltó una risa seca.
—Perfecto. Toda la familia lo sabe menos yo.
Tefy dio un paso adelante.
—Necesito que me apoyes.
La respuesta llegó sin demora.
—No puedo.
Esa frase dolió más que cualquier grito.
El padre golpeó la mesa.
—Se acabó. Esa relación termina hoy.
Tefy negó con la cabeza.
—No.
El golpe llegó rápido.
No fue solo físico. Fue emocional. Fue la confirmación de que no había diálogo posible.
—Puedes hacer lo que quieras conmigo —dijo Tefy con la voz temblando—. Pero no voy a dejarla.
Sin más discusión, se encerró en su cuarto.
Y por primera vez… no lloró de inmediato.
Primero sintió rabia. Luego vacío. Después, el silencio.
Minutos después, la puerta se abrió de golpe.
Su prima.
Su hermana detrás.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó la prima.
Esa voz.
Tefy se levantó como si algo dentro de ella hubiera estado esperando ese momento.
—¿Tú todavía tienes el valor de venir aquí?
La agarró por la blusa.
—¿Tú sabes lo que provocaste? ¿Tú sabes el daño que hiciste?
—Suéltame —dijo la prima, tensa—. Me estás lastimando.
—Lo único que te faltó fue lograr que me destruyeran la vida completa.
La hermana intervino rápido.
—Tefy, suéltala.
Pero el daño ya estaba hecho.
La prima salió sin decir más nada.
El cuarto se quedó en silencio otra vez.
La hermana se sentó al lado de ella.
—Ellos están muy molestos…
Tefy respiró hondo.
—No es solo molestia. Es rechazo.
—Yo no —dijo su hermana rápido—. Yo te entiendo.
Ese pequeño gesto fue lo único que evitó que se quebrara del todo.
Pero el padre volvió a entrar.
Y esta vez, no preguntó.
Solo atacó con palabras.
Tefy ya no respondió.
Porque entendió algo simple y cruel:
no todas las conversaciones están hechas para convencer a alguien… algunas solo existen para desgastarte.
Esa noche se rindió el cuerpo, no el sentimiento.
Al amanecer, el mundo seguía igual.
Su celular vibró.
Roxy.
Mensajes largos. Audios. Gratitud. Amor. Ansiedad.
Pero algo en la voz del chat no sonaba igual.
—¿Por qué no te conectaste? —preguntó Roxy.
—Tuve problemas… en casa.
—¿Qué pasó?
—Mucho ruido… demasiado.
—Tranquila, amor.
Pero nadie estaba tranquila.
Los mensajes siguieron… hasta que Roxy desapareció.
Silencio.
Minutos que se volvieron horas.
Tefy intentó llamar.
Sin respuesta.
Otra vez.
Nada.
La mente empezó a hacer lo que siempre hace cuando no hay información: inventar escenarios.
Y ninguno era bueno.
Salió al techo de la casa buscando aire, pero el aire no ayudó.
Solo pensaba en ella.
En perderla.
En lo que venía.
En lo que ya estaba roto.
Bajó.
Volvió a intentar.
Nada.
El celular cayó sobre la cama.
Y el silencio se volvió insoportable.
La voz del padre volvió a escucharse desde fuera:
—¿Ya hiciste lo que te dije?
Tefy no respondió.
Solo se acostó.
—Piensa bien las cosas. Y termina eso.
La puerta se cerró.
Pero dentro de ella no se cerró nada.
Esa noche fue larga.
Demasiado larga para una sola mente.
Y cuando el dolor no encontró salida…
Tefy buscó cualquier cosa que lo apagara por segundos.
No porque quisiera desaparecer.
Sino porque no sabía cómo seguir sintiendo tanto.
Se quedó ahí, entre pensamientos que pesaban más que el cuerpo…
hasta que el sueño la venció sin pedir permiso.
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Buscando mi Lugar
Losowe"Si lees hasta el final, ya formas parte de mi secreto." Hubo un tiempo en que todos sabían mi nombre. Era la chica popular, la que parecía tenerlo todo: amigos, atención, seguridad... o al menos eso fingía. Nadie imaginaba el caos que escondía detr...
