Todo bien, nada mal

1.3K 63 6
                                        

37.7 si era fiebre, por lo menos en mi casa. La había duchado, como pude, luego le di ropa limpia, se tumbó en el sofá, le di una pastilla para que le bajara la fiebre y le calenté un vasito de sopa para que le hiciera efecto la medicación con algo calentico y no tuviera elestómago vacío. La hora se me estaba echando encima y Alba era consciente de ello ... llevaba media hora echándome de buena manera y por mi bien pero hasta que no le dejara la cocina limpia no me iba a ir.

- Oye te tienes que ir, empiezas a cantar en media hora... - llamó mi atención mientras le estaba fregando el lio que había armado para calentar la sopa-.

- Tranquila me da tiempo, tengo una chaqueta en la moto y así -señalé mi atuendo, con los pantalones casi por la rodilla- voy genial. Lo mismo alguien se enamora de mis tobillitos -le dije con cara de interesante, pero cuando me di la vuelta ya estaba a mi lado cogiéndome de la mano-.

- Ven, te doy algo mejor. Lo mismo tengo algún pantalón más largo... y una camiseta más mona -dijo mirándome de arriba abajo, una buena fotografía se llamaba eso-.

- ¿Tanto cómo yo de mona? -le dije haciéndole cosquillas-.

- Eso es imposible -me respondió dándome un toque en la nariz con su dedito índice-.

Me llevó a su habitación y comenzó a sacarme ropa. No era fea, se notaba que la rubia enana tenía buen gusto. Elegí uno de los jerséis más amplios que tenía, era amarillo, y unos pantalones negros largos que me quedaban de pitillos. Con la chaqueta de cuero que tenía en la moto me quedaría genial. Cogí la ropa y me metí al baño, me coloqué todo, me arreglé un poco el pelo y salí a la habitación en busca de la rubia. Ni rastro, así que seguí el ruido de la casa y me dirigí al salón. Cosa que algo me sorprendió al verla.

- ¿Qué haces vestida? -le dije al encontrarla en medio del salón con la ropa de salir puesta-.

- Yo voy contigo.

- Tú no vienes conmigo... tú te quedas en la cama durmiendo...

- Pero yo quiero ir contigo -me dijo con cara de pena-.

- Albi, jo, si es por la ropa... luego si quieres vengo a devolvértela.

- jajaja que tonta por dios, ¡que alguien se la lleve! - dijo tocándome la cara con sus manos-.

- Albiiii, pero hoy tienes que descansar, porfi -le dije poniendo un pucherito para intentar ablandarle -.

- Pero, yo tenía planeado ir a verte con la peña... - me dijo medio llorosa-.

- Alba que estás malita -me acerqué un poco más a ella, sin dejar hueco entre nosotras y la cogí en volandas, rápidamente enganchó sus piernas cómo un koala a mi cuerpo, como un acto reflejo- y voy a llevarte a la camita -le di un beso en la mejilla, para hacerle la pelota-.

- No me hagas ilusiones -me dijo susurrando al oído, y todos mis sentido se activaron, hasta mi cara se puso roja-.

Claramente Alba se había dado cuenta pues no paraba de mirarme la cara con cara de niña pequeña haciendo una trastada. De camino a su cuarto, después de mi reacción, empezó a llenar mi cara de pequeños besitos.

- ¡Eres un bebé prechiocho! -y siguió recorriendo mi mejilla con sus mini besitos-.

- Pues ya hemos llegau, de aquí no te puedes mover -y la dejé tumbada en la cama-.

- Pero yo te quiero ver cantar, jo -dijo con cara de pena-.

- Te hago videollamada, pero no seas cabezota... estás malita -le dije apartándole el mechón rubio de la cara-.

El sitio de mi recreoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora