Sueño roto

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Un cosquilleo subía por mis caderas, una mano helada paseaba por mi cara y unos labios sedosos acarician mis labios. Un frenesí acapara mi corazón, va rápido, no entiendo que le pasa, nunca lo he visto así. La miro a la cara y ahora entiendo todo, es una diosa y por eso mi corazón va por libre. Levanto mi mano y la poso en su cara, parece de seda o porcelana, parece tan hermosa que podría romperse, recorro su cara desde la frente hasta la barbilla, repaso sus labios y ella deja un beso acompañado de un mordisco y reacciono con un jadeo mudo. Las paredes de la casa empezaban a arder y unas caricias recorrían mi monte de venus. Mi mente se queda en blano, mis manos no reaccionan, no puedo moverlas, unas cadenas las tienen atadas, quedo estática, las luces de la habitación se apagan, todo se vuelve oscuro, los sudores fríos bajando por mi frente, estoy sola, grito pero nadie me escucha. Se enciende una luz en el horizonte y un chica se tira al mar, me pide ayuda, se está ahogando. Intento levantarme pero las cadenas me devuelven a mi sitio inicial, la chica se pierde entre las olas, pierdo de vista su mano.

- No, ayudaaaa. Se está ahogando - grito con todas mis fuerzas -.

Nadie me escucha, noto a alguien a mi lado pero no sirve de nada, no veo nada, no hay nada. Mi cara se llena de agua salada. No puedo más, mis fuerzas no existen, pero alguien se acerca a mi y me tiendo un pañuelo.

- No puedoo, tengo cadenas - suelto en un grito ronco -.

Noto como alguien me acaricia la cara y escucho una voz familiar, una voz dulce y angelical.

- ¡Nat, Nat!, ¿qué pasa? Despierta, vida.

- Alba - sale de mi boca un hilo de voz -.

Era Alba, estaba a mi lado, estoy en su casa con ella. Me tiene abrazada, con sus manos en mi cara limpiando mis lágrimas. Estaba soñando, aunque más que un sueño ha sido una pesadilla... pero, ¿cuándo me he quedado dormida? ¿Cuánto tiempo llevo con los ojos cerrados? Me siento cansada como si hubiese corrido un maratón.

- Ya está Nat, es solo un sueño. Estamos aquí.

Me coge la cara con sus manos y la acuna. Repasa mi perfil, mis labios, mis ojos y posa sus labios en mi frente para dejar un suave beso. Nos miramos a los ojos. Todo está bien, o eso creo. Me miro las manos y no tengo nada, me duelen, me duele todo el cuerpo como si una manada de elefantes hubiesen pasado por el.

- ¿Cuanto tiempo llevo dormida? - pregunto con el poco hilo de voz que me queda -.

- Pues fui a por el termómetro y cuando vine ya estabas con los ojos cerraditos. Luego me senté en el sofá y te aferraste a mi - me quitó el pelo que caía sobre mi cara para ponerlo detrás de la oreja- y yo me quedé dormida, si me levantaba te despertaba.

Que vergüenza, vaya acaparadora. Le quito el sofá y me quedo con ella. ¡Nat, sabes demasiado!

- Que desastre, lo siento - me disculpé con ella - Venía a cuidarte y me he quedado dormida...

- Estás más malita que yo, creo que es hora de cambiar roles - dice levantando una ceja y mordiéndose la punta de la lengua -.

Otro gesto así y no me controlo. Alba Reche, no ayudas nada.

- ¿En seeerio? Si estoy perfecta - levanto el brazo y saco músculo en señal de tener fuerza -.

- Anda, fantasma... - me coge el brazo y lo baja a la posición en la que estábamos - Omega el fuelte, tienes los ojos brillantes, has estado hablado en sueños, bueno gritando, y decías unas cosas muy raras, o sea que estabas delirando una poquita. Tienes sudor frío - me toca la frente- y estás ardiendo, eres una estufa...

- Entonces tengo fiebre, ¿verdad? - le digo poniendo un puchero gigante pues no entraba en mis planes ponerme mala... -.

- Pues creo que si, espero que me perdones ... - levantó la cabeza para mirarme y darme un pequeño besito en la mejilla -.

- Si me pides perdón así... te perdono las veces que quieras, rubia - y se empezó a reír -.

- No tienes remedio ni cuando tienes fiebre, pero esa frase te la guardaré... lo prometo - cruza los dedos y se los besa, parecido a lo que hace mi Martuka -.

- ¿Qué frase, rubia? - me hago la ilusa -.

- Pues la que has dicho, que si te lo pido así me ibas a perdonar siempre ...

- ¿YO HE DICHO ESO? - digo con los ojos abiertos y haciéndome la sorprendida -.

- Pero, qué falsa Lacunza... - se levanta y se cruza de brazos, haciéndose la enfadadita - no me esperaba eso de ti - y se va

- Pero, pero, ¿donde vas?

Me levanté del sofá para perseguirla pero ella ya estaba en su habitación, cuando llegué estaba de espalda. Subió sus brazos y se quitó la camiseta por encima de la cabeza, dejando su espalda a descubierto. Dios mío, está llena de lunares... a la altura de la constelación más bonita del planeta. Me quedé paralizada unos minutos hasta que su voz me despertó del trance en el que me había quedado al ver tan bella escultura.

- ¿Necesitas pijama? ¿Duermes desnuda? - me preguntaba sin darse la vuelta, pues estaba desnuda-.

- Duermo desnuda, pero yo me voy ya a casa... -no dijo nada y siguió cambiándose de ropa- ¿Me puedes mirar para poder despedirme de ti? - pregunté acercándome a ella seriamente.

Se dio la vuelta desnuda, sin camiseta y con los pantalones a medio poner y me encaró.

- Tú no te vas - me dijo tocándome el hombro con el dedo índice -.

- ¿Te puedes vestir? Me desconcentras... - me toqué la nuca con la mano, me estaba muriendo de la vergüenza-.

- Estaba en ello pero me has dicho que me diese la vuelta ... - y se pegó a mi para hablarme al oído - No te vas, así que ponte cómoda que ahora mismo vuelvo con una pastilla para que te baje la fiebre, por cierto, en el primer cajón hay camisetas de tu altura - y desapareció mientras que por el camino se iba poniendo la camiseta como iba pudiendo-.

Abrí el cajón y una camiseta me deslumbró. Era negra con un corazón roto en el centro, en ella se podía leer: bollo, en la parte derecha del corazón y drama en la parte izquierda. Un cuadro de camiseta, la saqué y me la puse. Me tapaba el kiwi, menos mal... Cogí una manta y salí de la habitación dirección al salón. Digo yo que me tocaría dormir en el sofá. Y a decir verdad, no era nada incómodo y bastante amplio. Con suerte, los pies no se me salen.

Una vez al salir del pasillo me topé con un piojo cargando con un vaso de agua en una mano y en la otra una pastilla y un termómetro. Venía a por mi a toda prisa y difícilmente me iba a dejar escapar.

- Tómatelo, te sentirás mejor - y me tendió la pastilla y el vaso de agua, y miro la manta que llevaba en la mano - ¿dónde vas? ¿Ahora quieres dormir en el portal? No te pega ser vagabunda, Lacunza ... -.

- A mi me pegan muchas cosas - dije al coger lo que me extendía de sus manos - Vengo a usurpar tu salón, espero que no te moleste -.

- No me molestas - se dio la vuelta y tomó dirección a su cuarto - yo te hacía en mi cama... - dijo en voz baja pensando que no le iba a escuchar-.

- Buenas noches, Reche.

- Buenas noches, Lacunza.

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⏰ Última actualización: Dec 20, 2021 ⏰

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