CAPÍTULO 21.

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Las palabras de Winston dieron vueltas por mi cabeza todos los días desde la acampada. Ya tenía sospechas anteriores, pero había decidido ignorarlas y enviarlas a un lugar recóndito de mi mente. El problema era que Winston confirmando que Montgomery no había sido quien mató a Bryce era lo que necesitaba para volver a recelar de todos. No era mucho lo que sabía, pero sí que sabía sumar dos y dos. Si el asesino estaba entre ellos, creía saber de quién se trataba. Además, ese grupo no hacía más que levantar sospechas, como si tantos unos como otros fueran culpables.

A Winston le había dicho que entendía perfectamente que quisiera hacer justicia por Monty, pero que yo no iba a ayudarle. Él ni protestó ni se quejó, tan solo asintió y respetó mi decisión. Y aunque hubiera optado por apartarme de todo eso, no podía quitarme la desazón que sentía constantemente desde entonces. No tenía ni si quiera ganas de fiesta, y eso era raro en mí. Lo único que me apetecía era ir de clase a casa, prestar atención y estudiar para mantener mi mente ocupada y ver un montón de series y películas, cuantas más mejor, así podía pasar más tiempo evadida de la realidad.

El día que cundió el caos, yo me encontraba en una de las salas de estudio inmersa en uno de los libros de química. Era mi hora libre y solo me quedaban un par de horas antes de poder irme a casa, pero entonces sonó la alarma. Oímos un voz por megafonía avisando de que el instituto quedaba cerrado por una alerta roja y que debíamos seguir el protocolo establecido. Una alerta roja significaba alguien armado.

Cerramos las puertas, los alumnos más grandes ayudaron al profesor que nos vigilaba a montar una barricada y los demás nos sentamos en el suelo, pegándonos a las paredes o escondiéndonos bajo las mesas. No estaríamos más de una docena de alumnos, pero entre todos se extendieron los susurros que aseguraban que se trataría de un simulacro. La respiración entrecortada y agitada de la chica que tenía enfrente mío llamó mi atención. Debía estar al borde de un ataque de ansiedad, así que me acerqué a ella.

- Eh, tranquila. Es un simulacro, de verdad. – le aseguré. Era la chica de uno de los del equipo, pero un par de años más pequeña que yo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque lo sé. – reiteré. – Ahora dame la mano. Y respira. Trata de coger aire profundamente por la nariz y soltarlo muy lentamente.

No es que supiera de ataques de ansiedad ni mucho menos, pero Tyler sí y alguna vez los había padecido delante de mí. Esto era lo que hacía siempre para calmarle. Y hablando de Tyler, juraría que estaba en esta sala hasta hace unos minutos, pero ahora ya no había ni rastro de él.

En los siguientes minutos vi como Alex, Tony y Charlie se deslizaban por el suelo hasta entrar en la sala de ordenadores. Tragué saliva al notar que algo se traían entre manos y, si quería saberlo, mi única opción era acercarme a ellos. Sin embargo, aún permanecí un rato más con la chica hasta que asintió asegurándome que ya se encontraba mejor. Gateé siguiendo el camino de esos tres y me detuve abruptamente al ver los papeles que había extendidos por el suelo.

- ¿Qué demonios es eso? – cuestioné. Los tres se giraron hacia mí, boquiabiertos.

- Estaba en la mochila de Tyler. – respondió Tony. Eran folios impresos con armas del mercado negro. Algunas incluso aparecían con un descuento en el precio.

- Esto tiene que tener una explicación. No es lo que creemos. – masculló Alex con convicción, mas el apunte de Charlie fue todo lo contrario.

- O sí es lo que creemos...

- Tenemos que decírselo a alguien. Y darle las fotos. – sugirió Tony, pero no pensaba permitir que saliera por esa puerta.

- No. Ni de coña. No vas a enseñarle eso a nadie. – repliqué. – ¿Estáis buscando en la mochila de Tyler porque creéis que es él quien está ahí afuera? ¡Es un maldito simulacro!

Marginado | Tyler DownDonde viven las historias. Descúbrelo ahora