CAPÍTULO 23.

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Nuestra protesta era en contra del régimen de control policial que se había asentado en nuestro instituto. No éramos capaces de tolerar ni un solo día más sin que las cosas cambiaran, así que hicimos algo que nadie esperaba: rebelarnos. Ya llevábamos un buen rato afuera, negándonos a regresar a clase y dispuestos a mantenernos en pie de guerra durante el tiempo que hiciera falta. La respuesta tanto del director como de la policía fue cargar contra nosotros, suponiendo que eso nos haría huir, pero contraatacamos. Les arrojamos todo lo que tuvimos a nuestro alcance, destacando los libros, cuadernos y estuches como nuestra mejor arma arrojadiza. Éramos demasiados; no podían con todos nosotros.

Una vez se nos acabaron los objetos, decidimos cargar contra ellos. Ya habíamos llegado demasiado lejos como para rendirnos. Y lo cierto es que sentaba muy bien ir contra la ley por una vez; luchar por lo que creíamos justo al tiempo que descargábamos toda nuestra frustración almacenada.

Llamó mi atención ver a Estela golpeando los escudos de la policía insistentemente. Los del equipo de fútbol eran sobre todo los que estaban en primera fila, pero no todos podíamos hacer frente a la fuerza de los agentes. Antes de que la cosa acabara mal para ella, la agarré del antebrazo y tiré, obligándola a retroceder un par de metros.

- No deberías jugártela tanto. – le advertí, pero su respiración agitada y su adrenalina por las nubes me hizo creer que no sería fácil convencerla.

- Tengo que hacerlo. Por mí y por mi hermano. – respondió, tratando de coger tanto aire como le fuera posible. – Monty habría estado el primero sin dudarlo, así que debo honrarle.

Ante semejante confesión, no pude retenerla más a mi lado. Estela ni si quiera lo dudó antes de volver a enfrentarse a la policía, recurriendo a toda la fuerza de la que disponía, lo que me hizo entender que, si quería que no le pasara nada malo, entonces debería ayudarla. Me metí entre la multitud y comencé a empujar con las manos y los hombros a los policías, como si así fuera a poder hacer que retrocedieran, y entre tanto pude ver cómo Estela me sonreía en agradecimiento. Fue una pena que no pudiera hacer nada cuando un par de agentes la agarraron por los antebrazos, atrayéndola hacia ellos. Al momento, uno la cogió en brazos y retrocedió, siendo protegido por los demás para que nadie pudiera impedirlo.

- ¡Ayuda! – gritó Estela, desesperada. – ¡Rose! ¡Rose!

Sus chillidos me hicieron golpear los escudos con más fuerza, pero un par de brazos me agarraron, obligándome a regresar hacia el mogollón de alumnos. De reojo pude ver el color de la chaqueta de uno del equipo de fútbol. El otro era Justin

- ¡Tenemos que ayudarla! – les reprendí nada más me soltaron, pero ya estábamos lo suficientemente lejos como para regresar a por Estela.

- Lo único que vas a conseguir así es que te esposen a ti también. – me advirtió Justin, lo que sirvió para hacerme entrar en razón.

No fui la única, sino que una inmensa parte del grupo comenzó a plantearse si todo esto tenía lógica o si el peligro de acabar en comisaría era más real de lo que imaginábamos. Una notoria parte del grupo intentó huir, y muchos lo habrían conseguido si no hubiese sido por el discurso motivacional de Clay. Sus palabras consiguieron que contratacáramos, esta vez incluso con más fuerza. Habían liberado a la bestia y ahora parecía no haber formada de retenernos.

Entre varios conseguimos liberar a Jessica, quien se alejó junto a Ani, y luego liberamos a Estela, quien tal vez nos agradeció unas quinientas veces que hubiésemos regresado a por ella.

- ¡Vete! – le grité. – ¡Ya has hecho suficiente! ¡Vete!

Esta vez sí que me hizo caso, seguramente porque verse cara a cara contra la policía le había aterrado y no quería arriesgarse a que eso se repitiese. Sonreí satisfecha al verla alejarse lo suficiente como para ponerse a salvo. Lo que no esperaba es que alguien chocara contra mí con tanta fuerza como para tirarme al suelo, logrando que me golpeara la cabeza contra el asfalto. Ni si quiera tuve tiempo para ver quién era o por qué bando luchaba porque un agente colocó su rodilla sobre mi espalda y sacó las esposas.

Marginado | Tyler DownDonde viven las historias. Descúbrelo ahora