CAPÍTULO 4.

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Durante la semana siguiente fue como si Tyler y yo no nos hubiésemos dirigido la palabra nunca. A decir verdad, cuando empezamos a quedar por las tardes a estudiar, seguíamos tratándonos por las mañanas como desconocidos en el instituto, pero esta vez era diferente. Le había escrito un par de veces, pero ni si quiera me había contestado. A la tercera, y sin mucha esperanza, le pregunté si había guardado el selfi que nos hicimos. Me mandó la foto horas después y no añadió nada más salvo el archivo.

Tenía las manos dentro de la taquilla, ocultándome de miradas curiosas mientras observaba la fotografía de Tyler y yo en el móvil. No dejaba de recordar sus palabras, eso de que el ángulo no era el adecuado y que estaba torcida, pero yo seguía creyendo que estaba muy bien. Incluso diría que quedaría bastante bien enmarcada.

- ¿Qué estás haciendo? – la voz de Chloe a mi lado me pilló tan de sorpresa que me incorporé y se me cayó el móvil al suelo. Tuve suerte de haberlo bloqueado o habría visto la foto.

- Me has dado un susto de muerte. – suspiré mientras me lo guardaba en el bolsillo trasero, pero Chloe me observaba como si me faltara un tornillo.

- ¿Qué hacías? ¿Buscar una puerta trasera a tu taquilla? – se burló. Sin duda mi comportamiento, visto desde fuera, parecería sospechoso.

- Solo buscaba un libro. – me excusé deseando dejar el tema. – ¿Ocurre algo?

- Quería preguntarte por tu rodilla. Sé que nos dijiste que todavía te molestaba pero tu sustituta me pone de los nervios. – comenzó. – Odio sus piernas y siempre se le olvida algún paso. Sé que se esfuerza, pero si no vales, no hay nada que se pueda hacer.

Estaba por responderle que era imposible que regresara a las animadoras cuando un golpe contra las taquillas me interrumpió, tanto a mí como al resto de personas que estaban intentando mantener una conversación. No tardé en darme cuenta de que era Tyler siendo apresado contra las taquillas por Montgomery. Juraría que a ese chico le faltaba poco para meterle un puñetazo y fui incapaz de quedarme observando como el resto.

- ¡Eh! ¡Suéltale! – grité. Monty me miró con una ceja enarcada y yo avancé un par de pasos hasta ellos. – ¿De qué coño vas, Montgomery? ¿No te cansas nunca de ser un capullo?

- ¿A caso te has convertido en la defensora de este friki? – cuestionó burlescamente.

- Tan solo estoy harta de tus tonterías. – le rebatí. – Así que coge tus humos gallitos y vete por donde has venido.

- Y si no, ¿qué? – me retó.

- Si no, montaré una escenita. – le expliqué. – Y creo que lo que menos te conviene es acabar en el despacho del director de nuevo.

Monty no hizo el amago de moverse, pero me fulminó con la mirada. Acababa de volver al instituto después de que le expulsaran por pegarse con Alex Standall, pero estaba segura de que si yo fuese un tío probablemente ya habría comenzado una nueva pelea. Tuvo que aparecer Bryce y ponerle una mano sobre el hombro para que se relajara.

- ¿Qué hacéis vosotros dos peleando? – nos preguntó. – Deberías relajarte, Monty. – le sugirió, y luego dirigió una mirada a Tyler. – Y dejar al pobre chico tranquilo.

- Tienes razón, Bryce. – masculló, aunque se notaba que no lo hacía de buena gana. Aun así, elevó las manos en son de paz y se alejó. Le miré como asegurándome de que no planeaba nada mientras Bryce le daba un golpecito amistoso a Tyler en la espalda, lo que pareció sentarle todavía peor porque le apartó el brazo de un manotazo.

- Eh, tranquilo, tío. – masculló Bryce.

- Estoy harto de esto. – escupió con la respiración agitada. Le miré con el ceño fruncido con marcada preocupación, y cuando nuestras miradas se unieron, supe que ahora su rabia se avecinaba sobre mí. – Déjame en paz tu también.

Marginado | Tyler DownDonde viven las historias. Descúbrelo ahora