Capítulo 28

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Todo el día viajaron, había sido tan cansado para Istar que se quedó dormida en brazos de su futuro esposo, por la tarde en medio del desierto, había comenzado la acampada del ejército calines. Hakim había decidido que la columna se separaría de ellos, quería que Istar viajara lo más cómoda que se pudiera, no había prisa, sabía que sus padres tal vez se molestarían por tardar unos días más, pero no importaba.

Los padres de Istar y Beth estaban sumamente consternados cuando el rey Hakim los había mandado llamar, desde la perdida de Istar y la muerte de Beth, prácticamente ninguno de ellos había salido de casa, seguían incrédulos de lo que había sucedido: una de sus hijas sufría mientras la otra se llenaba de lujos, era injusto, sin embargo no lo sabían y al igual que el rey se sentían sumamente arrepentidos y desesperados por lo que habían hecho. Hakim se había percatado del cansancio de Istar y noto que se había quedado dómida durante el camino; al bajar del caballo fue asistido por dos guardias para no despertarla. Un par de horas después en medio de la noche Istar despertó dentro de una carpa entre sabanas de seda y velas a medio escocer, al levantar su cuerpo advirtió que Hakim la observaba – te quedaste dormida durante el viaje

– l-lo siento

– solo descansa, debes de estar agotada

– estoy bien te lo aseguro

– me alegra, sabes todo este tiempo, todo, no te he dejado de amar nunca, nunca

– Lo sé, l-lo siento

– no... no lo sientas, lo siento yo, yo que no sabía que te hacía daño

– Eso es cosa del pasado – insistió Istar, lo que menos quería era que Hakim comenzara de nuevo a disculparse, ya tenía suficiente de disculpas, afirmaciones amorosas y halagos que no tenían ningún significado para ella

– Sabes... esa extraña costumbre de Kail – reitero Hakim tratando de cambiar el rumbo de la conversación

– ¿Cuál?

– la de no estar juntos hasta casarnos

– si ¿Qué hay con ella?

– la voy a respetar

Istar abrió bruscamente los ojos, Hakim era un rey y no era propio de un hombre como él no tomar a cuanta mujer tuviera en frente y si encima de todo se iban a casar era lo más lógico y natural, aunque no iba a discutir con el rey de Cali – ¿Enserio?

– claro, es una bonita costumbre ¿No crees? – Istar solo asintió con la cabeza – nos vamos a separar de la columna militar, vamos a viajar más tranquilos tardaremos dos semanas, pero será más calmado

– e-está bien

Por otra parte en Alea, Kail se encontraba encerrado en su despacho deseando que nada de aquello hubiera sucedido, miraba con nostalgia el certificado de libertad de Istar era casi el único recuerdo que tenia de ella, meditaba en las múltiples obligaciones que tenía para con Istar como por ejemplo: comer, aunque las ganas de hacerlo se hubieran esfumado tenía que hacerlo por esa mujer de la llevaba impresos sus besos en la piel, de la que se obligó a memorizar cada una de sus caricias que ahora quemaban su carne, tenía sellados los besos que le desgarraban el alma, maldecía haberla perdido, aun parecía recordar su voz, sus sonrisas, hasta el olor que se suspendía en el aire con su andar y que aun frenaba su respiración ¿Cómo podría vivir sin la razón de su existencia? ¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Por qué estaba así de mal?

– Excelencia – insistía Tiberio – ¿Se siente mal?

– si

– ¿Qué pasa?

LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora