Istar no se separaba del rey, ni un instante, lo velaba de día y de noche sin descanso alguno, todos en aquel palacio se encontraban enteramente al pendiente de la salud de su principal ocupante, la preocupación de Istar era evidente, los médicos no paraban de visitar la recamara de Kail, aquella enfermedad no parecía ceder ante nada, Istar se encontraba sentada a un lado de Kail y mientras tocaba su frente decía llena de abatimiento – no baja su fiebre, Ahrang ¿Podrías traerme más agua fría?
– enseguida
– ¿Qué mal es que le aqueja señor? ¿Por qué sufre de esta manera...
– es injusto ¿No? – decía Cristiana mientras ingresaba en la habitación
– majestad, discúlpeme – muy apurada se levantó de la cama e intento hacer una reverencia, Cristiana la freno tomándola de un hombro
– no, no es necesario
– pero...
– eres la luz de mi hermano, yo soy quien debería...
– ni lo mencione, lo hago porque quiero, además él no merece sufrir de esta manera
– Lo sé, siempre me he preguntado ¿Por qué? siendo él tan bueno, ha sufrido así, es decir su enfermedad lo ha consumido, sin duda, pero lo que realmente lo puso mal fue perder a su familia – Cristiana suspiro – sin embargo con contigo él es feliz
– pero yo no...
– por favor cuídalo mucho, yo sé que si tu permaneces a su lado vivirá por mucho tiempo – Cristiana tenía fe y confianza en Istar, Kail no había tenido algún tema de conversación especifico con ella años atrás, sin embargo después de conocerla, él no dejaba de hablar de miles de cosas, sonreía tanto que se podría decir que era feliz y si Istar era su felicidad, ella lo apoyaría incondicionalmente, amándola de la misma manera que era amado y cuidado su propio hermano.
De noche cuando todo el palacio dormía, Reinald decidió ir a ver al rey y a Istar
– ¿Cómo está? – pregunto con cierta malicia y sabiendo que estaba inconsciente
– Igual – contesto sin dejar de ver a Kail
– ¿Se va a recuperar?
– Tiene que recuperarse – estaba tan preocupada que había olvidado con quien hablaba,
Reinald muy molesto le tomo el cuello, la levanto de la silla en la que se encontraba sentada y amenazo – él tiene que morir
– Suéltame – decía ya casi sin aire, aunque sin demostrar miedo alguno, Reinald con más fuerza y azotándola contra la pared reitero
– si él vive solo será para matarte, recuerda que no eres hija de Alea y no creo que quieras que alguien le informe a su majestad de eres de Cali o ¿Si? – Istar negó con la cabeza, ella prefirió callar, la soltó y recalco – él tiene que morir o de lo contrario no solo se va a ir él, después tú lo vas a acompañar
– él no merece morir, no es nada de lo que tú me has dicho
– ya te lo dije si él no muere, tú lo vas a remplazar y después te va a alcanzar
– Mátame entonces – reto desafiante y dispuesta a morir ahí mismo
Reinald dio la media vuelta y se marchó no sin antes insistir – tú eres la que decidirás
Istar no se despegó de su lado en toda la noche y se repetía así misma No, él no morirá prefiero dar mi vida antes que entregar la de él. La fiebre de Kail era tan intensa que comenzó a alucinar, el palacio entero se estremeció ante los gritos que daba – ¡¿Por qué me dejaste?! ¡Te necesito! no quiero estar solo – las horrorosas imágenes en su cabeza lo atormentaban, pues en ellas todos lo abandonaban para morir: su hermana, sus padres, su esposa, su hijo y entonces deseo estar muerto, pues ahora la mente mezclaba el presente con su pasado y al igual que antes ahora estaba abandonado a merced de la soledad, sin creerse capaz de resistirlo, no ahora que ella había llegado a su vida y como un bálsamo curaba sin querer y de a poco sus profundas heridas, fue entonces cuando le llegó el turno a Istar, pues sin poder evitarlo su subconsciente temía perderla y al contrario de sus deseos y sus frescas ilusiones ella se marchaba también – ¡No más! – volvió a gritar, pues la Istar de su cabeza se marchaba con un pálido semblante mientras cruelmente le decía que no iba a arriesgar su vida solo por hacerle un poco de compañía aun rey enfermo – ¡No me dejes! – Grito llorando sin consuelo
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LA ESCLAVA Y EL REY
RomanceIstar es una joven que creyó estar enamorada dos veces en Calí, hasta que conoció en la peor de las circunstancias a Kail: siendo una escava por degradación de título a manos de su propia hermana se internó en el reino de Alea, se convirtió en la gu...
