La cocinera fue a buscar a Istar, ya había tardado demasiado en labores simples, sin embargo al entrar a la habitación se quedó perpleja al ver que Istar le estaba leyendo al rey con una confianza que nadie se había atrevido a tener, ingreso al estudio e interrumpió – Discúlpeme majestad, pero esta niña no debería estar aquí – dijo tomándola del brazo y fulminando a Istar con la mirada – su rango es extremadamente bajo para dirigirse a usted
– ¿Rango bajo? – pregunto
La cocinera comenzó a mangonearla con fuerza, mientras la sacaba de la habitación, el rey un poco molesto alzo la voz – cocinera ¿Por qué te la llevas?
– esta esclava solo se tiene que limitar a la cocina excelencia
– enserio y ¿Quién lo dice? – pregunto con sarcasmo
La cocinera no supo que decir: él que daba las órdenes era él – esta joven se quedara de hoy en adelante con migo, necesito un intérprete y ella es perfecta – finalmente ordeno
– pero señor ¿Quién ocupara su puesto? además está muy sucia, usted podría enfermar
– pues consíguelo, ella se quedara con migo todo el día, de hoy en adelante y en cuanto al resto, a mí no me importa y considero que a ella tampoco
Por primera vez después de años de esclavitud Istar sintió amargura por su lastimera condición, sabia lo desalineada que estaba, hacía mucho que no usaba ropa sin enmendaduras y mucho menos fina; algún tiempo atrás ella era considerada una belleza sin igual, su procedencia no era cuestionada y mucho menos su palabra; ahora que era una esclava, aun conservando la mayor parte de su belleza, muchas personas en el palacio incluyendo la que le habría ayudado en un momento de necesidad, dudaban de sus intenciones. La chica era callada, se dedicaba únicamente a lo que se le ordenaba, comía muy poco y sobre todo jamás hablaba de su origen; ella se había quedado sin habla, el rey Kail no era nada de lo que Reinald le había descrito, al contrario era: amable, tranquilo, benévolo, el digno rey que representaba y si Kail era todo lo anterior, también era un joven alto de unos 22 años con un cuerpo que a vista de Istar era delgado y frágil; pronto la cocinera se retiró e Istar avergonzada por sus pensamientos y su condición física, se quedó con el rey, este al instante dijo – dime ¿Cómo te llamas?
– Istar excelencia – contesto inclinando la cabeza, sintiendo la dureza de su rango, el dolor de la deshonra, odiando por vez primera la degradación de su título y maldiciendo el estigma en el que la habían encasillado
– Istar... es un hermoso nombre, ven – suplico mientras extendía su brazo y estiraba la mano tratándola de alcanzar
– ¿Disculpe?
– acércate, déjame ver tu rostro
– p-pero... estoy muy sucia
– No importa, ven – su pesar aumentaba y la amabilidad del hombre que tenía frente a ella no ayudaba. Istar se acero a Kail tomando su mano, él se levantó de la silla en la que se encontraba, la llevo cerca de la ventana, hacia la luz, toco su rostro y lo alzo hacia él y realmente era alto, Istar tuvo que ponerse de puntas para alzar el rostro tanto como Kail deseaba; él sonrió dio la media vuelta y comenzó a buscar en su escritorio, seleccionado finalmente un libro, el que él consideraba el más difícil, se lo entrego y le dijo – bien comienza a leerme este – Se la pasaron encerrados en el estudio, ella leyéndole y él escuchando atentamente cada una de sus palabras, estaba fascinado con ella, pues además de dominar el idioma entendía lo que leía – Es agradable sin duda, estar tan cerca de una persona que tiene la capacidad de entender lo que lee ¿No crees?
– S-si creo que si – sonrió nerviosa
– ¿Por qué estás tan nerviosa? – bufo significativamente frustrado, pues durante todo ese tiempo lo miraba con cierto temor
– es que n-no sé cómo debo comportarme c-con usted
Kail sonrió – que amable de tu parte considerarme como un rey, pero dentro de estas paredes solo soy Kail, contesta con sinceridad y sin miedo, me gusta escuchar a las personas educadas – Istar sonrió genuinamente, como en mucho tiempo no lo hacía, la perspectiva de las cosas comenzaba a cambiar para ella, pues después de querer asesinarlo por considerarlo un hombre cruel y arrogante, paso a desear conocerlo un poco mejor. Después de llegar a esa conclusión, comenzó a moverse con más libertad dentro de esas cuatro paredes y comenzó a levantar los libros – ¿Desea que lea algo más? ¿Dónde puedo poner esto? – pregunto mostrándole el libro que le había dado
Kail estiro el brazo para que se lo diera – deseo que me acompañes a cenar y esto – dijo tomando el libro – lo guardo yo
– pero...
– es una orden Istar
Aquellas palabras la dejaron sin más alternativas que obedecer, al llegar al patio él se sentó cómodamente en el puesto principal y ella se quedó de pie, pues en teoría la servidumbre no se sentaba a la mesa con la realeza – ¿Qué esperas? – pregunto Kail pues seguía esperando que ella tomara un lugar a su lado
– p-pero
– sabes, voy a prohibirte esa palabra, te pido que te sientes, nadie se ha sentado a comer con migo en mucho tiempo, por favor
Turbada se sentó con toda la educación que tiempo atrás le habían dado, miro a su alrededor y se sintió avergonzada, el resto de los mozos la miraba con recelo, sin entender quién era ella para sentarse con el rey, sabía que no encajaba – s-señor, por favor déjeme de pie – Kail la miro con más atención – se lo ruego, este no es mi lugar
– No – contesto inmediatamente, tenía curiosidad y no planeaba ceder bajo ningún concepto – sirvan – ordeno al resto de la servidumbre que los rodeaba, los mozos se acercaron y rápidamente les sirvieron, Kail la miraba intensamente, analizando sus modales, sus formas de moverse y comer, pues tal y como él sospechaba ella no era una esclava común y corriente. Después de la cena ella le acompaño a su habitación y le ayudo a recostarse – Istar – la llamo antes de que pudiera irse – no... no me siento bien
Minutos más tarde cayó enfermo. Istar se dio cuenta inmediatamente de que nadie en el palacio quería atenderle por miedo a su enfermedad, tenía fiebre y nadie se acercaba para colocar el pedazo de tela húmeda en su frente: se desesperó y muy enojada arrebato el pedazo de tela de la mano de un sirviente, se lo coloco en la frente y grito – ¡Son unos inútiles! ¡Su rey está muriendo y ni uno de ustedes es capaz de compadecerse de su sufrimiento! ¡Debería de darles vergüenza!
Lo velo toda la noche, sin embargo el cansancio se adueño de ella y se quedó dormida a los pies de la cama del rey, el cual cuando despertó, la observo tan detalladamente que logro memorizar su rostro: la comisura de sus labios, el contorno de sus ojos, cada línea, cada expresión mientras dormía, cuando por fin abrió los ojos de nuevo y lo miro recuperado de su crisis, casi extraña la tranquilidad que le proporcionaba el ver su acompasado respirar; ella se incorporó rápidamente y se disculpó – buenos días excelencia... veo que ha despertado, perdone me he quedado dormida
– no tengo nada que perdonarte
– ¿Cómo se siente excelencia?
– bien, quiero salir
– enseguida, traeré su ropa y alistare su baño
El rey se aseo y salió al jardín, desayuno, comió y ceno ahí mismo; Istar no se le despegaba ni en el sol, ni en la sombra y así llena de ternura y compasión tomo la decisión más importante de toda su vida: quedarse con él para cuidarle y velar por su salud. Todos en el palacio decían que era un acto suicida y que seguramente moriría, pero Istar no le tenía ninguna clase de miedo a la enfermedad que padecía el rey.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Versión actualizada del 4° capítulo
ESTÁS LEYENDO
LA ESCLAVA Y EL REY
RomanceIstar es una joven que creyó estar enamorada dos veces en Calí, hasta que conoció en la peor de las circunstancias a Kail: siendo una escava por degradación de título a manos de su propia hermana se internó en el reino de Alea, se convirtió en la gu...
