Capítulo 31

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Por días Hakim se encargó de que la atención médica no le hiciera falta a Istar, quien cada día protestaba – pero no es necesario, ya estoy mejor

– nada de réplicas, no quiero que el rey de Alea venga a intentar matarme solo porque no te cuide como era debido

Istar no podía hacer nada, ya era bastante generoso Hakim con ella y dejarla en libertad era algo de lo que se podía arrepentir – ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer después de que me marche?

– primero cancelar los preparativos de la que sería nuestra boda

– no creo que sea completamente necesario... puedes buscar una esposa que de verdad te ame

– No – contesto tajante – jamás voy a encontrar a la indicada... ya la perdí

– no... no, yo no lo creo

– ¿A no?

– puede estar más cerca de lo que te imaginas

– ¿Qué?

– Vamos, no me digas que no te has dado cuenta – Hakim se encogió de hombros, no sabía de qué estaba hablando Istar y es que estaba tan ocupado buscándola, que algunas cosas le habían dejado de interesar – ¿Es enserio? No puede ser, la matarías y aun así no te percatarías

– lo siento, pero solo podía pensar en buscarte, esa era mi principal preocupación

Istar suspiro – pues espero que comiences a poner un poco más de atención

– espera ¿No me vas a decir de quien se trata?

– no... es algo que tú tienes que descubrir, no puedo facilitártelo todo

– pero...

– investígalo, si realmente estas interesado búscala por tu cuenta

El resto del día Hakim se volvió loco tratando de asimilar las palabras de Istar, Buscar el amor ¿Ahora? Sin duda Hakim tenía que darle un primogénito a su vasto reino.

Kail por otra parte comenzaba a acostumbrarse de nuevo a la soledad, pero en esta ocasión era por elección propia, pasaba largas horas encerrado en su despacho y por más que intentaba no podía olvidarla, lo único que el tiempo le demostraba era que tarde temprano él moriría: solo y lejos de la única persona que realmente le importaba. El anhelo de volver a verla era tan grande que en algunas ocasiones se sumergía en sueños muy profundos en donde podía verla, abrazarla; ese anhelo hacia que su piel reaccionara ante el recuerdo más fugaz, como si pudiera tocarla: esa emoción del tacto con el ser que se ama. Como si consiguiera olerla: ese poderoso aroma que sería la medicina perfecta para sus penas. Como si alcanzara observarla: su acompasada respiración. Como si pudiera sentirla: comprobar los latidos de su corazón mientras recorría su cuerpo. Como si lograra oírla: su voz... ¿Cómo era su voz? ¿Por qué había olvidado su hermosa voz? ¿Olvidaría su rostro también? ¿Cuándo iba a comenzar a parecer un recuerdo lejano? ¿Este dolor era real? ¿Solo había sido un fantasma? No, ella no había sido ningún fantasma en su vida, sin embargo anhelaba cada día y con más intensidad su propia muerte.

Durante los siguientes días la condición de Istar no hiso más que mejorar, con casi tres meses de embarazo la futura madre lucia radiante, el dolor de la separación había desaparecido por completo – mi querido niño – decía – vas a convertirte en el primogénito de Alea, una tierra basta y llena de esperanza, donde tu padre reina... aun no lo conoces, pero es un gran hombre: es generoso, inteligente, fuerte y todos lo quieren mucho

– nada parecido a mi ¿Cierto? – afirmaba Hakim mientras irrumpía en la habitación

– no tienes por qué pensar de esa forma, también tienes tus cualidades

LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora