Capítulo 8

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Istar había sentido como un rayo de electricidad y angustia recorría todo su cuerpo cuando de la nada uno de los guardias se paró frente a ella, dicho guardia era joven así que le pregunto – ¿Por qué una joven de familia noble vendría a un mercado de esclavos?

Istar, sabía que a los novatos como a él no se les informaba todo lo que acontecía en el reino con tan solo ingresar a la guardia, así que inmediatamente asumió que él era nuevo – Creo que sentirme sin tantas atenciones me agrada – contesto nerviosa

– andar sin protección es peligroso

– no importa, pero dígame ¿Cómo supo que no era una esclava más?

– las esclavas no llevan vestidos blancos, creo que su disfraz no es tan eficiente, necesita una capa más larga

– lo tendré en cuenta, ahora si me lo permite, me retiro

– la llevare a su casa

– se lo agradezco, pero no es necesario, aunque tomare encuentra sus servicios

– Como desee, pero si me necesita estaré por allá – dijo señalando un puesto

– claro, muchas gracias

Dio un gran suspiro de alivio al ver que aquel joven guardia no la había reconocido, entro en el puesto de flores y dijo – vendedor muéstrame los mejores lirios que tengas

– claro

El vendedor le mostro unos lirios muy hermosos, pero que ya estaban maduros Istar sabía que no iban a resistir el viaje de regreso, entonces reitero – vendedor vengo de tierras muy lejanas y hoy mismo tengo que emprender el viaje de regreso, necesito que lo resistan puesto que son para un regalo

– Bueno pues entonces tengo estos otros – dijo mostrándole unos botones

– perfectos, me los llevo todos

Compro todos los botones que encontró y para pagar solo entrego una prenda de ceda para que el vendedor quedara más que satisfecho; el vendedor daba unas cuantas indicaciones más sobre las flores, cuando Istar se levantó de la silla en la que se encontraba, entonces cayo un botón, Istar se agacho para recogerlo, pero el vendedor se adelantó lo que le permitió ver por completo es rostro de Istar y a diferencia del joven guardia el longevo hombre la reconoció – eres tú, sabes ¿Cuánto te ha buscado el rey?

– ¿De qué me habla?

– eres Istar, lo sabía desde el principio aunque no te reconocía bien

– No sé de qué me habla – salió corriendo, el vendedor estaba seguro que era ella, aunque decidió dejarla ir. Sus esclavos lo veían sonreír, sabían que algo tramaba.

– ¿Señor? – dijo uno de ellos esperando una respuesta

– el rey pagara una buena suma por tener noticias de su pequeña y querida esclava

Lejos de ahí Istar suspiraba con alivio, entonces inmediatamente comenzó su viaje de regreso a Alea, la Alea que consideraba su casa. En el palacio había dado instrucciones para que le dijeran al rey de su ausencia, pero no el motivo, pidiendo confiara en ella; para cuando le dieron la noticia al rey no lo comprendió, pero lo acepto.

Pasadas dos semanas Istar llego justo en la fiesta, entonces se aseo, cambió sus ropas, y fue al jardín a plantar las flores y a la recamara del rey para decorarlo con otras que había conseguido.

Terminada la fiesta un muy cansado rey se dirigió a su recamara: cuando llego se encontró con la agradable sorpresa de flores y con Istar, tan radiante, tan bella, usando el más hermoso de los vestidos que él le había dado en alguna ocasión; a pesar de la cercanía y amistad que ambos se tenían Kail en ningún momento tuvo alguna otra intención hacia Istar, sin embargo en ese momento después de dos largas semanas de privación, Kail por fin lograba apreciar por completo la hermosura de la doncella que tenía frente a él, Su amada y bellísima Istar pensó sin refreno, ¿Amada? reflexiono el rey ¿Qué me sucede? se preguntaba con extrañeza; irradiaba tanta alegría que abrazo a Istar, aunque todavía no sabía que eran esa clase de sentimientos, que sometían sin piedad su corazón; claramente su ausencia lo había entristecido en gran medida, pero cuando la vio, ahí parada junto a su cama, rodeada de flores se sintió tan alegre, tan dichoso que no lo podía explicar; Istar pronto lo llevo al jardín mostrándole las flores que había plantado para él – Muchas gracias por el regalo – decía sin poder dejar de sonreír

– era lo menos que podía hacer

– pero ¿Cómo las trajiste? – preguntaba impresionado

– es una larga historia, pero ahora hay que descansar

– quiero escucharla, tenemos toda la noche

– Tiene que descansar – insistió, lo que menos deseaba era que Kail volviera a enfermar, así que sin más remedio Kail le hiso caso a Istar y como un niño pequeño se fue a dormir en medio de todas esas flores; al día siguiente el rey escucho ansioso el relato de Istar.

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Versión actualizada del 8° cap. No se olviden votar y comentar. Gracias. 


LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora