Especial: El primer hijo

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Por enésima vez consecutiva Istar se negaba a que la tratasen como a una inútil, estaba harta de que Kail, Tiberio e incluso su padre creyeran que caminar un par de minutos al día era peligroso, que no comer algunas veces porque estaba indispuesta era un disparate y que estar todo el día en cama era benéfico para ella y él bebe; no señor sin duda no iba a hacer nada de aquello. Esa mañana en particular sentía unas nauseas terribles, estaba cansada de estar mucho tiempo en la cama y sin duda necesitaba un poco de aire fresco; caminaba tranquila, a su ritmo, contemplaba el palacio y a las personas que había en él, su camino se vio interceptado por Ezra – mi señora – exclamaba con sorpresa

– Que tal

– usted está...

– Gorda lo sé – aventajo con resignación

– iba a decir embarazada

– A si – Istar toco su ya abultado vientre – lo estoy

– Felicidades

– Gracias... y ¿Qué te trae por aquí?

– Mensajero, estoy a cargo de la Alianza

– que bien

– gracias

– ¿Por qué?

– por cumplir con tu palabra y permitirme ser el pegamento de los dos reinos

– no es nada... yo...

Istar no pudo decir nada más – ¿Istar? ¿Qué haces aquí? – pregunto con enfado aquella voz que la había desesperado esa misma mañana

– Nada solo camino un poco, estoy cansada de estar en cama – contesto irritada

– no deberías lo sabes

– creo mi señor que hay asuntos que demandan su atención, será mejor que usted se dedique a lo suyo

– No hay nada más importante en estos momentos, Ezra por favor entra en el despacho te atenderé en un rato – Istar se cruzó de brazos y joven mensajero se retiró – Istar no debes de salir del cuarto de esta forma

– ¿Por qué no? me siento o me sentía perfectamente bien

– ¿Te sentías?

– me sentía bien hasta que tu llegaste

– ¿Qué quiere decir eso?

– Nada Kail, no quiere decir nada – contesto visiblemente molesta

– ¿Istar pasa algo?

– Pasa que estoy harta de todo esto: No puedo caminar, no quiero comer si mi cuerpo no me lo pide y no quiero estar todo el día en la cama, no estoy inválida Kail

– por favor Istar, ya hemos discutido esto

– y el problema es que no me escuchas, esa actitud sobreprotectora que tienes con migo me está fastidiando

– Y ahora yo soy el culpable, te estoy cuidando – contesto más enojado

– tú lo llamas cuidados, yo digo que son exageraciones... Cristiana ya te lo dijo, mi madre ya te lo dijo, incluso los médicos ya te lo dijeron yo estoy bien y nada malo va a ocurrir si me levanto del letargo en el que me tienes

– he dicho que no, ahora vamos te llevare a tu cuarto y enviare a alguien para que te cuide – Kail la tomo del brazo, pero ella se negó a hacer lo que él quería – Istar – trato de sonar severo

LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora