Capítulo 3

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Lejos del palacio real, en una habitación obscura, iluminada únicamente por un par de velas; se encontraban dos hombres hablando, uno de ellos vestía ropas finas e ideaba todos y cada uno de los planes que ambos ejecutaban, dueño de una mente brillante, conocido por su frialdad y pocos escrúpulos, Reinald decía a su esclavo mal encarado que respondía al nombre de Barrabás – espero que la esclava de Cali resulte eficiente, de lo contrario...

– Mi señor, si me dejase a mí el trabajo – intervino

– ¡No! – Grito con intensidad – no, a ti mí querido amigo te quiero para otros asuntos

– ¿Señor? – preguntaba con la esperanza de que su amo le dijera algo de lo que tenía en mente para él

– Comprueba la eficiencia de esto – exponía mientras le entregaba al hombre un frasco

– ¿Señor? – pregunto esperando un nombre

– pruébalo con mi esposa

– pero mi señor sin su esposa usted no subirá al trono

– mi querido amigo, su hijo o mejor dicho mi hijo sigue vivo y mientras no muera tendré el trono asegurado ya que por su corta edad no puede ascender al trono y el familiar más inmediato soy yo – indicaba con una pequeña sonrisa

– veo claramente que he subestimado a mi señor, le ruego me disculpe

– solo asegúrate de que mi mujer coma bien

– ¿Va a salir mi señor?

– entre más lejos este, mejor

Pronto Reinald salió de la habitación dejando solo a un hombre de unos 37 años, que creía que cuando Reinald llegara al trono todo en Alea cambiaria. Aquel hombre de cara deformada, creía que Kail era débil, pero en contraste, deseaba a Cristiana hermana de Kail y esposa de Reinald.

Cristiana por su lado era una joven castaña de aproximadamente 19 años con un hijo de dos, muy inexperta en el amor se casó con Reinald; la naturaleza de la joven era tranquila y sumisa, tanto que aceptaba cualquier orden que Reinald le diera; a pesar de su infelicidad quería y respetaba a su marido.

Al salir Reinald se vio en la necesidad de cubrirse los ojos, ya que los rayos que emitía el sol eran tan intensos que lastimaban. Pasado un rato de haberse adentrado al jardín se encontró con su esposa de quien ya no hallaba la forma de deshacerse

– ¿Qué haces aquí? – gritaba

– Salí un rato

– pues metete

– pero es un hermoso día, además nuestro hijo parece disfrutarlo

Reinald abofeteo a Cristiana sabiendo que tenía razón – he dicho que te metas

– si mi señor si

Cristiana obedeció, solo para ver irse a un furioso Reinald.

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Versión actualizada del 3° capítulo  

LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora