Capítulo 20

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La cocina, el lugar menos importante de aquel palacio, llego un ciego buscando específicamente a la cocinera, tenía noticias de su hermana. La cocinera muy intrigada salió a recibir al anciano, la única hermana que ella había tenido ya estaba muerta.

Al principio creyó que se trataba de una broma, Tiberio pensaba que Istar estaba desvariando, en que cabeza se podía concebir esa idea – ¿Qué demonios es en lo que está pensando esa muchachita tonta, esconderse... aquí mismo?

– Solo será cuestión de tiempo para que Reinald la encuentre – coincidía la cocinera

– ¿En qué demonios es en lo que está pensando?

Lucio, a pesar de ser ciego podía percibir toda clase de sensaciones y con una sonrisa dijo – creo que esta chica es muy inteligente, ha sido perseguida tanto tiempo que sabe que si sale del reino la encontraran más rápido

– ¿Cómo eso puede ser posible? – decía Tiberio incrédulo, había hecho la guerra ya en muchas ocasiones, lo que le sobraba era experiencia

– piénsalo bien lleva días desaparecida, dime ¿Hasta dónde podría estar hasta estas alturas?

– creo que si algo le sucediera al rey, la cercanía seria ventajosa – intervino finalmente la cocinera

Al final los tres quedaron convencidos de que Lucio podía entrar y salir sin que nadie notara su presencia; los días pasaban y la desesperación de Kail aumentaba, sentía que lo que había vivido con Istar tan solo era un sueño y que la inmensa soledad por la que había pasado regresaría y que esta vez consumiría cada rincón de su corazón sin dejar ni un pedazo para sí; Kail nunca le había gritado a nadie, ya que nunca se había visto en una situación tan estresante para él, pero ahora no quería atenciones, no estaba para nadie, no quería nada, tal parecía que sin Istar ya nada le importaba.

Todos trataban de regresar a la normalidad, sin embargo la depresión de Kail no parecía cesar: se la pasaba discutiendo con Tiberio quien ya no encontraba la manera de clamarlo, la impotencia de Tiberio iba en aumento ya que: Kail parecía no encontrar una forma de liberar todo ese estrés.

Lucio se convirtió rápidamente en la forma más segura de comunicación entre Tiberio, la cocinera e Istar, ni el mismísimo Reinald tenía idea de dónde encontrarla, tal parecía que se la había tragado la tierra, tan impresionado estaba de no encontrar en ningún lado a la Calines que estaba empezando a considerar que realmente alguien se había llevado a Istar y en ese caso debía encontrarla y pagar lo que fuese necesario para que ellos llevaran a cabo su trabajo.

Durante las mañanas: las pequeñas aves parecían cantar con todas sus fuerzas, las flores retoñaban como si fuese a ser a última vez que verían la luz del sol. Aunque todo aparentemente era luz en Alea, solo un cuarto era tristeza y oscuridad; Tiberio había entrado ya en aquella habitación, sabía de antemano que cualquier palabra que utilizara de manera inadecuada podría afectar de manera descomunal a aquel ser, que aparentemente las ganas de vivir se habían esfumado – dime ¿Piensas quedarte ahí, postrado en esa cama, viendo como un reino entero se cae solo porque tú no te sientes de ánimo para gobernarlo?

– Tiberio no estoy para que me sermonees

– no te estoy sermoneando, pero el reino te necesita

– y yo necesito a Istar

– y si la chica no vuelve ¿Dime vas a dejar a tu reino desprotegido y a expensas de Reinald?

– ¿A qué te refieres? Reinald sería un buen rey, además es esposo de mi hermana

– veo claramente, que la venda que esta puesta en tus ojos es demasiado grande, como para que te des cuenta que desde hace años, incluso la boda con tu hermana solo fue un pretexto para asegurar el trono

LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora