Capítulo 5

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Una vez que Istar se acostumbró a la proximidad y confianza que el rey le daba solo se dedicaba a él, todos los días se levantaba, se aseaba y preparaba el baño, le daba de desayunar mientras trataba inútilmente de convencerlo de que ella no pertenecía a la mesa real, le leía durante horas, después le daba de comer, lo obligaba caminar un rato y le volvía a leer, se aseguraba de que comiera, además de que durmiera a sus horas; poseía una inmensa paciencia para limpiar la sangre que de vez en cuando le salía de la nariz.

Todos en el palacio se preguntaban ¿Por qué lo hacía? incluso ella misma desconocía la razón de sus acciones, había cambiado por completo la visión de su objetivo y a ojos ajenos estaba cada vez más cerca del rey, pero más allá de algún interés que pudiera tener se notaba que el rey disfrutaba de su compañía – esta mañana me has sorprendido, no sabía que dominaras otros idiomas

– l-lo lamento – sabía que se había puesto en evidencia

– No lo lamentes – la regaño – yo no lo lamento – el rey adoraba ponerle pequeñas trampas mientras ella leía, trataba de descifrar que tan lejos llegaba la educación de la joven calinés, tomo una fruta y se la tendió

– gracias excelencia

– ¿Me puedes contar de ti?

– ¿De mí?

– sí, una historia... una historia feliz

Istar se revolvió incomoda – ¿Una historia feliz mi señor? No es adecuado que un rey quiera saber algo tan... tan... común

– no quiero que me alecciones acerca de mi comportamiento, quiero saber

– Bien – Istar podía percibir su enojo y lo que menos deseaba era que su condición empeorara debido a su comportamiento – bueno hubo una vez que escale un árbol, me caí, me rompí un brazo y me torcí un pie

– ¿Cómo eso puede ser una historia feliz? – pregunto casi riéndose a carcajadas

– bueno excelencia la parte feliz viene después – Kail recupero la cordura y nuevamente la miro interesado – pase tres largos meses en cama, con un espantoso dolor de cadera y comiendo una montaña de frutas, pero para pasar el tiempo me enseñaron a bailar

– ¿Bailar? Pero tenías un pie...

Istar se sonrojo – bueno algunos de ellos no necesitan hacerse de pie – Kail no entendió aquel gesto, sin embargo su interés se renovó – y cuando pude apoyar ambos pies me enseñaron el resto

– ¿Te gusta bailar?

– Si – sonrió alegre y francamente

La cocinera miraba de lejos la manera en la que Istar y Kail conversaban, él prácticamente no paraba de hablar, muy pensativa entablaba conversación con uno de los generales de la armada de Alea – míralo ¿De dónde salen tantas palabras?

– creo que de la soledad a la que había estado sometido

– ¿Tan crueles fuimos con él? ¿Crees que sea correcto la cercanía que han adoptado?

– si

– ¿En verdad? ella prácticamente está abusando de su gentileza

– más bien es al revés

– ¿Qué?

– ella sabe de antemano que él está enfermo y que ella podría enfermar de lo mismo, aun así está con él, al principio igual que tu creí que ella era una arribista y que se estaba aprovechando, pero con el paso de los días me he dado cuenta de ella tal vez es la mejor medicina que exista en este mundo para él, dime ¿Acaso no lo has notado?

LA ESCLAVA Y EL REYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora