Evy vive rodeada de personas pero está sola, su burbuja está llena de metas auto impuestas que podrían terminar con sus pruebas teóricas en un chasquido. Entre días de copas en el bar donde trabaja y textos complejos, Evy conoce al misterio en perso...
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La mañana en el bosque perdía la vida que tenia en las noches.
Los días soleados pertenecían a los animales e insectos y ellos lo reclamaban sin dudas. En aquel instante eso variaba un poco. Isadora yacía a los pies de una puerta que llevaría a un mundo subterráneo. Con antorcha en mano se decidió a iniciar el recorrido seguido por Quinag. Tanto Evy como Naheim iban detrás y más atrás Forany y Faber.
—Tengan cuidado, algunos recuadros son endebles —comunicó.
Quinag se mofó.
La voz de Isadora era un eco dentro del camino de piedras. El pasillo era amplio y largo. Llegaba hasta un par de estatuas con formas variadas y de ahí hacia una gran puerta al que la naturaleza parecía haber reclamado hace un tiempo atrás. Quedaban solo los vestigios luego de ser abierto. Isadora lanzó una mirada hacia atrás entregando la antorcha a Quinag.
—A partir de ahora, yo les guiaré —dijo él.
Isadora asintió simple, se quedó a un lado de la puerta la cual sorprendió a Evy.
—¿Por qué? —preguntó la nebula.
—Hay caminos que no debemos seguir. Este es uno, no es para mí, pero esta bien si lo que contiene esta bien —dijo Isadora.
Había una sonrisa modesta en su boca, su rostro mostraba aceptación y compromiso.
—¿Seguimos? —preguntó Quinag.
Quinag continuó incluso antes de que pudiera recibir una respuesta. El camino los llevó a unas escaleras empinadas que terminaban en otro pasillo. La entrada en la que se encontraba era pequeña en comparación al gran salón donde un sol se mostraba ilustre en el techo del lugar. Altas esfinges parecían desear tocar el cielo y el fondo era tan profundo que no podían caminar por otro lugar que no fuera ese pasillo. Forany temía que caer desde esa altura los dejaría incapacitados de por vida.
En el camino de estrellas, planetas y constelaciones se dibujaban en las piedras a través de gemas incrustradas en ellas. Evy sentía caminar a través del mundo perdido, alzó la mirada pues no deseaba perder de vista nada de lo que acontecía. Encontró que Quinag yacía a unos pasos de un umbral iluminado.
—¿Lista para conocerlos? —preguntó Quinag.
Evy respiró profundo y exhaló.
—Eso creo.
—Solo déjame darte una advertencia... —murmuró Quinag—, no esperes que ellos te sigan solo porque eres una nebula. Mitad nebula, en realidad. Hemos peleado, perdido y sufrido. No será simple.
—Aun así, me darás la oportunidad —meditó Evy.
—Todos tenemos derechos a expresarnos. Te daré el tuyo, ante los nuestros. —dijo y atravesó el umbral.
—No dejes que te intimide. Todo va a salir bien y si no, nadie dirá que no lo intentamos —comentó Forany quien le guiñó un ojo.