La ciudad del Lago de Rosa

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El paisaje se convertía en un lienzo de colores al pasar un camino de rosas, violetas, amarillos y zafiros y llano a otro alto y montañoso, no era lo que Evy esperaba

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El paisaje se convertía en un lienzo de colores al pasar un camino de rosas, violetas, amarillos y zafiros y llano a otro alto y montañoso, no era lo que Evy esperaba. La alta colina que caminaba el bestial mamífero se hacía cuesta arriba para cualquiera, motivo por el que yacían a un lado del camino probando dulces de flor en un pequeño establecimiento donde un butaqui les atendía. El resto de los viajantes se encontraba en la parte trasera del sitio refrescando los pies, luego de un día de camino sin nada más que tierra fértil por ver, lo entendía.

Frente a ella otra colina se vislumbraba imponente. Tenía varias flores pintadas a mano y un par de guirnaldas que le adornaban justo alrededor de una pequeña excavación donde la figura de una mujer de seis brazos relucían con el mismo tono de la roca.

—Fesrzan —murmuró Naheim—. La diosa de la montaña, cada año le rezan para que el mundo siga intacto y ella siga durmiendo.

—Fesrzan —secundó Evy—. La he oído mencionar.

Naheim la miró impávido, no tendría por qué y aun así lo hacía. Al final ella le demostraba que era una criatura con mucho por conocer.

—De la universidad, supongo.

—No —negó con la cabeza para hacer énfasis, había dejado el último bocado del dulce en su mano—, de mamá.

—Las nébulas son algo curiosas de ver —murmuró llamando su atención—. Solo conocí a una, era alguien muy especial.

—¿Era? —Evy arqueó una ceja.

—Hace mucho que no la veo —respondió.

—¿La querías? 

Naheim lo meditó.

—No sabría decirlo —contestó.

Antes de que Evy pudiera preguntar algo más, el gerenta se levantó pesadamente de la roca donde se encontraba y levantó un ala en señal de regreso.

—Ese es el nuestro —indicó Naheim

Evy miró hacia atrás. El butaqui yacía en la puerta, ladeó la cabeza sin ninguna otra expresión en su rostro. Evy se despidió con un ligero asentimiento de cabeza. Volvió la vista al frente y corrió hacia Naheim quien le esperaba para ingresar a las cabinas. Una vez que todos estuvieron dentro, el animal se levantó sobre sus cuatro patas y empezó a andar. Agradecía que dentro del lugar fueran tan solo seis. De haber sido más la pequeña cabina la sofocaría. 

—Después de esto veremos el lago de Amarila —comentó Naheim.

—¿Qué son los fragmentos? —Torció el tema.

Le había rondado por varias horas y en su momento no había estado del todo segura.

—Cualquier cosa, hasta un mechón de cabello —contestó él.

Sus dedos se movieron por los bolsillos de su ropa hasta dar con una pequeña libreta, removió cada página y, cuando encontró lo que buscaba se lo mostró a Evy.

Las lunas de EvyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora