[ 5 AÑOS DESPUÉS]
Desde una gran ventana con cortinas blancas que eran movidas por la brisa del mar una pareja se amaba con desesperación.
El alfa le quito poco a poco la ropa, sin dejar de besarlo dulcemente mordiendo un poco los labios, con todo eso sentía arder cada parte de su cuerpo, el rubio tomaba por la cintura al pequeño chico de ojos verdes, sus manos pasaban desde las piernas hasta su espalda tocando el trasero suave y bien tonificado. Era un placer para los sentidos del omega ser tocado sin ningún respecto, le besaba el cuellos, la sensación en los labios de las mordidas eran deliciosas, su entrada estaba mojada, podía sentir como palpitaba por sentir todo el miembro de su alfa adentro, los juegos sexuales se hacia cada vez más extremos sus cuerpos estaban pegados no había espacios entre ellos.
De un momento a otro un dedo fue introducido, siendo mojado por completo las embestidas eran placenteras, Izuku se retorcía de placer.
- Quiero más, te quiero a ti adentro- el hablar era agitado. – Por favor alfa-.
El alfa no espero más tiempo lo acostó sobre la suave cama, ya ambos desnudos, metió su pene poco a poco primero la punta que se mojaba al instante del roce, lo metía y sacaba después un poco más así lo hacía hasta tener todo adentro, no se movía pues tenia que esperar a que se acostumbrara al gran tamaño, cuando el omega ya estaba listo le hizo una señal indicándole que ya podía tomarlo.
Lo besó por todas partes, pero le daba mayor atención a sus pezones rosados, mientras con su faro hacía movimientos circulares muy lentos donde tocaba las paredes de su interior con los cual se perdía de placer, el omega gozaba cada caricias, el alfa era dulce y amoroso pero también algo rudo con sus embestida eso lo agradecía el peliverde.
El ritmo ya era más fuerte tocando sin consideración el punto dulce del omega casi estaba a punto de llegar al paraíso cuando un sonido algo lejanos se escuchaba haciendo que todo se volviera oscuro el alfa desaparecía como si se desapareciera en el aire el cuarto se volvió solo vacío, la vista al mar ya no estaba.....
Izuku abrió sus ojos, el despertador estaba sonando ya eran las 4:30 am. Estaba agitado con su entrada mojada y una erección- Otra vez ese sueño- se levantó de la cama directo al baño.
Ya habían pasado 5 años, algunos fueron más difíciles que otros, el omega tuvo que ir a terapia los traumas que paso fueron duros para él, hace años sus sueños eran violentos y aterradores pero ahora ya eran diferentes demasiado placenteros se podría decir.
Después de enterarse de su embarazo Izuku dejó la escuela pero con la insistencia de su madre, la retomo pero perdió un año cuando regreso sus compañeros se había graduado, se volvió un chico apartado, odiaba que lo viera por su olor así que comenzó a usar supresores unos que no eran tan agresivos, parecía un beta eso le comenzó a gustar, su días como omega no volvieron, una de las cosas que incluyó en su vida fue el ejercicio, de primero solo lo hizo por recomendación de su psicóloga para que se mantuviera ocupado, fue tan reconfortante que se volvió parte de su rutina, de lunes a viernes se levantaba temprano para ir al Gym, regresaba y se iba a la Universidad tomo la carrera de derecho decidí seguir con sus sueños y así ayudar a otras personas, su meta era trabajar con su padrastro en su organización para omegas.
De aquel chico delgado ya no quedaba nada, ahora un chico con un cuerpo más trabajado se podía ver, se hizo fuerte no solo físicamente si no también mentalmente, con esta anatomía tan diferente a las acostumbradas a ver en los omegas los cuales eran delicados por naturaleza, Midoriya no eran tan grande como un alfa pero su cuerpo parecía el de un beta , nadie creí otra cosas y él nunca lo aclaraba, una vida normal eso quería, ya había sufrido demasiado siendo un omega varón, ahora como "beta" le iba bien.
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NUESTRO DESTINO
FantasyUn día tu mundo cambia de la noche a la mañana eso es algo que Izuku un omega conoce muy bien. Un peliverde de 16 años, estudiante de la mejor preparatoria del país tenia un futuro asegurando bueno al menos eso creía, hasta que un fin de semana yend...