Capítulo 8

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En el suroeste de Inglaterra una madre estaba cocinando algo de katsudon, sabía que eso le encantaba a su pequeño, su apetito era mayor del que recordaba y su gusto por el picante aumento, bueno mientras comiera estaba bien, le gustaba ver su mejillas pecosas más grande lo hacía ver adorable, si tan solo su sonrisa regresara todo sería perfecto, cuando llegaron a casa, no hablaron de nada solo tomó sus maletas y se encerró en su recamara, en unos días más tendría que regresar a la escuela esto le preocupaba a Inko pues su bebe estaba mal pero no sabia como ayudarlo.

Tenía buena comunicación con su hijo, pero ahora no decía nada solo comía en silencio con la mirada perdida, algunas veces que entraba a su cuarto llegó a escucharlo llorar le partía el corazón, lo más doloroso pasaba por las noches donde se tenía que levanta a consolar un Izuku tembloroso, se despertaba gritando y con un mar de lagrimas tan asustado que la beta lloraba solo de verlo, no sabía que le pasó a su pequeño pero lo que fuera debió de ser horrible para que su cachorro estuviera así.

- Amor ya te dieron la cita con el especialista- Inko estaba angustiada, seguía preparando los alimentos.

- Sí el lunes a las 10- Contestó el a alfa rubio – le comenté un poco al médico como estaba Izuku, a las 7 tenemos que ir primero al laboratorio, llevarlo en ayunas le van a hacer algunos exámenes de sangre y orina- Toshinori también estaba preocupado por la salud de su nuevo hijo, busco un especialidad en omegas un conocido que sabia que era bueno en su trabajo, quería volver a ver al omega feliz otra vez, que le preguntará sobre su trabajo, que pasara todo el día con una sonrisa en su rostro esa que alegraba a todos a su alrededor. Ahora solo una aura gris se podía observar.

- Cariño ya esta la comida- La beta fue hasta la recamara del omega.

- Ya voy madre , tengo mucha hambre- si no fuera por la ganas de comer no saldría de la cama, Izuku solo quería dormir para olvidar todo, pero hasta sus sueños eran traicioneros pues las pesadillas siempre seguía unos ojos rojos lo atormentaban dormido o despiertos no podía olvidarlos.

- Amor el lunes queremos llevarte a hacer un chequeo- ya estaban los tres en la mesa Inko apretaba la mano de su esposo esperando que su hijo aceptará ir.

- Esta bien madre, no me eh sentido bien últimamente creo que es bueno ir- de verdad desde que pasó aquel encuentro el pecoso tenia muchos malestares, el creía que se debía a su celo, su cuerpo estaba cambiando gracias eso.

- Saldremos de casa temprano porque te van a hacer algunos estudios- Inko se tranquilizó un poco, por que su hijo no se negó a ir, esperaba que pronto todo pasara y su cachorro regresar a la normalidad – hijo ya casi se terminan tus vacaciones ¿No te alegra ya regresar a la escuela?- quería animar de algún modo a su pequeño.

- – contesto desanimado.

La comida continúa en silencio para los tres, el omega termino las dos porciones que se sirvió, recogió sus platos, para retirarse a su cuarto, mientras un par de recién casados solo se miraban entre ellos, con la esperanza de que todo esto terminara pronto, era difícil ver a un chico tan lleno de vida como Izuku apagado por razones que no conocía, sentir la impotencia de no poder hacer nada por él, todo la casa olía a tristeza y miedo, apenas era perceptible el aroma único de fresas con menta tan rico que comenzaba a tener el omega.

El lunes llego y la familia se levantó tempranos pues la clínica estaba algo retirado de su hogar, el camino no fue diferente a lo vivido estos días el silencio reinaba, Izuku no hablaba nada y ellos no sabía que decirle, guarda silencio era su mejor opción, la mañana estaba fresca, por lo cual todos iban bien abrigados, un suéter verde que usaba lo hacían ver adorable junto usas orejeras  con forma de orejas de conejo, la beta no sabía cuando creció  tanto su hijo y  ya no era un niño pero para ella siempre lo sería su cachorrito dulce y tierno.

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