Capítulo 28

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Un adormilado omega abrió sus verdes ojos poco a poco sentía dolor en todo su cuerpo, se encontraba en una cama suave, traía una bata de hospital color hueso, en su mano estaba puesta una intravenosa y a un lado una maquina monitoreando sus signos vitales, no sabía cuánto tiempo había paso en ese estado, por las enormes ventanas que dejaban ver lo alto que es encontraba ya se veía la luz de sol. Lo último que recordaba era que después de un pequeño festejo donde el pelirrojo no deja de halagarlo le dijo que iría a tomar un baño, camino hasta la ducha pero todo se comenzó a poner borroso, sin aviso comenzó a vomita de color rojo después de eso se desvaneció, todas sus fuerzas se fueron de su cuerpo. Ahora se encontraba en un cuarto extraño no parecía un hospital más bien se diría que era un penthouses era lujosa todo en tonalidad blanca, se quiso sentar pero no pudo solo se quejó despacio.


Ya estaba un poco más consciente, se percató que su aroma estaba por todo el lugar el supresor yo no estaba haciendo efecto era hora de tomar otra dosis, pero no había ahí alguien más para pedir alguno, se sentía raro ya que solía no dejar llegar su aroma natural, su esencia era algo dulce, pero con el respirador puesto no era fácil distinguirlo aun así comenzó a percatarse de otro aroma en ese enorme cuarto era madera, se asustó mucho, su corazón se alteró haciendo que la maquina marcara una elevación en su ritmo cardíaco, esto hizo que un alfa que había estado acostado todo ese tiempo en una sillón grande era una especia de sala que había en el lugar, no durmió en toda la noche estuvo al pendiente del pecoso.


El rubio se puso de pie avanzando hasta la cama donde miro que el pecoso ya estaba consciente, el omega abrió grande sus ojos se dio cuenta que lo que tanto ocultaba con recelo se había descubierto, no lo podría negar su aroma a fresas con menta lo desenmascararon, agacho su mirada no quería enfrentar los ojos furioso de su destinado temía lo peor de los casos.


-¿Fue divertido?- Pregunto Katsuki con un tono de ironía, pero no recibió respuesta alguna -me imagino que si- se contestó solo a no escuchar palabra alguna del pecoso.


Midoriya dejo ver un rostro triste sus ojos se llamaron de lágrimas que mojaron su cara, provocando ardor en las heridas a su paso, comenzó a temblar, el miedo se apodero de él, su aroma se transformó dejo notando el pánico del omega, se quedó mudo por completo, no estaba preparado, pero enfrentarlo en ese momento.


-Eres el omega más inconsciente de este mundo- estaba que mataría a cualquier persona que tuviera enfrente, ahora no sabía contra quien iba esta furia, pues se sentía como un total estúpido todo este tiempo tuvo a su destinado en sus narices, aunque su lobo se inquietaba al tenerlo cercas, pero él creía que era por la rivalidad que se tenía, ese chico no tenía un parecido con su destinado en lo más mínimo, pero cuando lo miro en los vestidores desnudo se dio cuenta que ese "beta" era el mismo chico misterioso de la fiesta aquel omega cubierto de pecas, pero lo más difícil de comprender fue la noche anterior cuando llego con el pecoso a urgencia lo ingreso en un hospital de donde eran dueño, era un lugar costoso y el mejor cuarto estaba reservado para los Bakugos, fue atendido de inmediato, lo mandaron a hace estudios, Katsuki estaba aturdido todo paso rápido, unas horas después de llegar lo estabilizaron tenía fuertes golpes internos pero no había huesos rotos ni órganos dañados, con reposo y medicamento estaría bien, le dieron permiso de ingresar ya entrada la madrugada. Habían sedado al más pequeño su sorpresa fue grande al entrar y percibir ese olor que tanto busco por años que emanaba del Izuku, su lobo quería correr para abrazarlo, no todo paro ahí otro detalles surgió en esa habitación pues cuando llegó el doctor traía una maquina especial para hacer ecografías en los estudios de sangre fue revelado que el chico estaba en estado y querían saber si con los golpes no le habían provocaron un aborto, estuvo atento a la pantalla cuando una pequeña mancha se dejaba ver, le digiero lo que media era pequeño aun, casi no sé notaba, le explico el doctor que solo estaba formado el corazón por el poco tiempo que tenía, cada latido era fuerte resonaba en el cuarto una sonrisa se formó en su rostro, seria padre eso lo hacía feliz, no hubo daño alguno pero igual todavía no estaba del todo a salvo pues el estado del peliverde era grave cualquier cosa podría pasar, era cuestión de esperar unos días más para saber cómo evolucionaba, después de eso ya no lo dejo solo apaga el teléfono que no deja de sonar el Eijiro llamaba cada 5 minutos esto lo estaba viviendo loco, tenía mucho que procesar todavía.

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