Sasuke dejó de pasear con inquietud por el vestíbulo de la casa de invitados y clavó su mirada en la alfombra persa que tenía bajo los pies para buscar las señales de desgaste provocadas por su incesante paseo.
Aquella maldita aventura era muy frustrante.
La necesidad de Sakura no disminuía y su cuerpo siempre estaba tenso y ansioso por sus caricias. Y si su reacción física era irritante, lo que más preocupante le parecía era que ella ocupara todos sus pensamientos.
En sus anteriores amoríos, él nunca había pasado la noche en compañía de sus amantes. Nunca llevaba mujeres a su casa, jamás compartía su cama ni ofrecía nada más que una utilización breve de su cuerpo.
Pero la situación con Sakura era del todo diferente. Debía forzarse a separarse de ella cuando el maldito amanecer le obligaba a marcharse. Volvía a casa con su olor en la piel, se acostaba en una cama que había compartido con ella y la recordaba: desnuda y suplicante bajo su cuerpo. Era una tortura deliciosa.
Y esa enloquecedora necesidad no sólo lo atormentaba en soledad. Cuando había salido al balcón y reconocido al hombre que hablaba con ella, se le había parado el corazón y, después, se le había acelerado al sentir ese instinto primitivo que le instaba a proteger lo que era suyo.
Quería estar más cerca de ella, maldita sea, pero Sakura necesitaba distancia. Ella prefería dejar las cosas tal como estaban: sencillas y sin permitir que los sentimientos y las emociones pudieran complicarlas. En aventuras anteriores él habría estado sin duda de acuerdo con eso, pero esta vez no.
Él sabía que Sakura no era inmune a sus encantos. Se entretenía mirándolo más de la cuenta cuando creía que no se daba cuenta, y cada vez que la estrechaba entre sus brazos podía sentir los latidos acelerados de su corazón contra su pecho. Se acurrucaba contra él cuando dormía y, a veces, incluso, murmuraba su nombre, cosa que dejaba entrever que él aparecía en sus sueños con la misma frecuencia que ella invadía los suyos.
Cuando se abrió la puerta y ella entró, Sasuke se dio la vuelta con rapidez.
Sakura esbozó una tímida sonrisa y luego apartó su mirada.
Evasión, fachadas, escudos: Marcus odiaba todas las armas que utilizaba para mantenerse alejada de él. La ira aceleró su pulso.
—Hola, mi amor —murmuró.
El tono de voz que empleó hizo que ella frunciera el cejo.
La recorrió de pies a cabeza con lentitud y, cuando llegó de nuevo a su rostro, ella se había sonrojado.
Bien. Prefería esa reacción, a la indiferencia.
—Acércate —le ordenó él con arrogancia, a sabiendas que podía eliminar algunas de las barreras que los separaban, por ejemplo, la ropa.
—No.
Su tono de voz sonó duro como el acero.
—¿No?
Sasuke arqueó una ceja. Algo había cambiado en ella: adivinó una rigidez en
su conducta que lo hizo estremecer.
Los ojos de Sakura se suavizaron. Sasuke se preguntó qué habría visto y miró en dirección al espejo que había colgado en la pared, detrás de ella, para verse a sí mismo con una expresión de feroz deseo en el rostro. Apretó los puños.
—Sasuke, no voy a quedarme contigo esta noche. Sólo he venido a decirte que nuestra aventura ha terminado.
Él creyó que iba a quedarse sin oxígeno. No podía rechazarlo tan a la ligera…
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SUPLICAME
RomanceEsta historia NO es mía es una adaptación Ni los personajes me pertenecen
