La arena de entrenamiento no estaba muy lejos de la Casa Grande. Así que no tardó mucho en llegar al lugar donde Luke estaba dando las clases de esgrima.
—Hola Luke, Quirón dijo que necesitabas ayuda.
—Hola Dante. Gracias por venir —respondió este, amistosamente. Luke Castellán, el líder de la cabaña de Hermes y uno de los miembros más veteranos del campamento. Era el típico chico rubio alto y guapito, aunque una horrible cicatriz que le recorría la cara estropeaba toda esa actitud de chico bueno que llevaba.
Se conocían desde hacía cinco años y jamás habían logrado congeniar. No es que Luke fuera un mal tipo, pero entre ellos siempre había latido una profunda rivalidad. Al principio, todo se reducía a una competencia por demostrar quién era el semidiós más fuerte de todo el campamento. Sin embargo, tras el desastre de la última misión de Luke, a Dante se le otorgó el privilegio exclusivo de liderar las expediciones al exterior. Desde aquel momento, la tensión entre ambos había crecido hasta volverse insostenible.
—¿Qué quieres que te enseñe? —preguntó Dante con la clara intención de picarle.
Luke mantuvo su radiante sonrisa.
—Te recuerdo que yo soy el que da la clase —dijo con tranquilidad.
—Algo que no entiendo. Como es posible que las clases de combate las de el hijo de un mensajero y no un auténtico guerrero —respondió Dante con la característica arrogancia de los hijos de Ares. Esas palabras cumplieron su cometido y la sonrisa de Luke desapareció para dejar paso a una cara totalmente neutral—. ¿Qué pasa? ¿Te has enfadado? ¿Qué vas a hacer? ¿Lanzarme una carta? ¿Tal vez pierdas el próximo paquete que me manden?
Luke se acercó a Dante completamente dispuesto a pelear. Y por supuesto, el hijo de Ares estaba encantado de estampar su puño en su rostro.
—Vale, suficiente —intervino Helena, separando a los dos chicos.
—¿Helena? ¿Qué haces aquí? —preguntó el chico sorprendido.
La chica señaló a toda la cabaña de Apolo que los miraba, expectantes.
—Estábamos en clases hasta que has venido.
—¿Clases de esgrima? —volvió a preguntar mientras levantaba la ceja.
—Sí, los hijos de Apolo servimos para algo más que para curar tus heridas —respondió ella, cruzándose de brazos.
—Helena... No quería decir eso —dijo Dante al darse cuenta del cabreo de la chica.
—Dante. Si has venido a molestar vete. No te preocupes, no se lo diré a Quirón —añadió Luke.
Ahí estaba, esa mirada que tanto detestaba Dante. Una mirada que solo él parecía ser capaz de ver. Afilada. Peligrosa. Oculta.
Dante se mordió la lengua durante unos segundos. Suspiró molesto y se dio media vuelta.
Soy idiota, pensó.
Deambuló unos diez minutos buscando algo que hacer o alguien con quien hablar. Cuando llegó a los lavabos encontró a varios de sus hermanos tirados en el suelo, empapados hasta las orejas.
—¿Qué demonios habéis hecho? —preguntó mientras veía como el agua salía a borbotones del aseo.
—Nosotros no hemos sido —se excusó uno de sus hermanos mientras miraba la puerta de los lavabos asustado.
De esta salió Clarisse, volando propulsada por un chorro de agua. Dante dio un paso al lado, apartándose antes de que chocase con él. Observó la escena expectante y vio como el novato, Percy Jackson, salía de los lavabos completamente seco.
ESTÁS LEYENDO
ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSON
FanfictionDescubre quién eres... Cinco años... Cinco años en el Campamento Mestizo, donde Dante se convirtió en uno de los semidioses más respetados. Sin embargo, la aparición de un nuevo campista y el despertar de un mal ancestral pondrán aprueba sus capacid...
