—Ya han pasado dos días desde que volvimos... —murmuró Helena.
Se encontraban en el porche de la Casa Grande, en una rápida reunión de emergencia para discutir el estado de Dante. El chico no había pronunciado una sola palabra desde que cruzaron las fronteras mágicas del campamento, y el silencio sepulcral que arrastraba tenía a todo el mundo en vilo. En el Campamento Mestizo, Dante poseía la inquebrantable reputación de ser el guerrero más fuerte, y verlo deambular como un fantasma había supuesto un duro golpe para la moral general.
—¿Sabemos qué fue exactamente lo que le pasó? —preguntó Quirón, frotándose la barba con preocupación.
—No... —reconoció la hija de Apolo, bajando la mirada hacia la madera del suelo—. Nos separamos al final del viaje.
—¿Y el diagnóstico médico? —terció Clarisse, cruzada de brazos y visiblemente tensa.
—Físicamente está perfecto. No tiene ni un rasguño. El problema no es médico... —explicó Helena con un hilo de voz—. No lo entiendo.
—¿Has intentado hablar tú a solas con él? —le preguntó el centauro.
—Es como hablar con una pared. Es como si ni siquiera estuviera en la misma dimensión que nosotros... —contestó la chica, frustrada—. Ya no sé qué más hacer.
—Sin duda, su estado es alarmante. No se ha presentado en el pabellón del comedor en los últimos días y tampoco duerme en la cabaña cinco. La pasada noche pulverizó a dos arpías de la limpieza que intentaron echarle del bosque —informó Quirón.
—¿Entonces qué hacemos? —apremió Clarisse.
—Lo siento... Pero no lo sé —admitió el viejo maestro—. Mucho me temo que Dante solo volverá a ser el que era cuando él mismo lo decida.
—Tengo la sensación de que nunca volverá a ser el mismo... —susurró Helena por lo bajo.
—Recemos a los dioses para que sí.
En cuanto Quirón pronunció esas palabras, una bombilla pareció encenderse en la cabeza de Helena.
—Rezar... —musitó la chica, levantando la vista de golpe—. Eso es. Podemos pedirle ayuda a un dios. El señor D es el mismísimo dios de la locura y la mente. Tal vez él pueda asomarse a su cabeza y averiguar qué está bloqueando.
—No perdemos nada por intentarlo —concedió Clarisse, intentando sonar pragmática.
Quirón dejó escapar un largo y cansado suspiro.
—Hablaré con él.
*********
—Hola, Damián —saludó Dioniso con su habitual desgana.
Al final, entre las súplicas de Quirón y la insistencia de Helena, habían logrado arrastrar al dios del vino fuera de su partida de pinacle para echar un vistazo al chico. Ahora, los tres se encontraban de pie en una de las praderas alejadas del centro, donde Dante se pasaba las horas muertas.
El hijo de Ares estaba sentado en el césped, con las rodillas recogidas y la mirada perdida en la línea del horizonte. No se inmutó lo más mínimo ante la llegada del director del campamento; ni siquiera parpadeó.
—Ejem... Es Dante, señor. No Damián —le corrigió Helena por lo bajo.
—Sí, sí, lo que sea. Veamos qué es lo que pasa en esa cabecita tuya, chaval —dijo el dios, dando un paso al frente.
Helena vio cómo Dioniso alargaba la mano con lentitud, dispuesto a tocar la frente del semidiós para indagar en los rincones de su mente. Pero en el instante exacto en que las yemas de los dedos del dios rozaron su piel, una explosión de aura carmesí pura barrió la pradera.
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ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSON
FanfictionDescubre quién eres... Cinco años... Cinco años en el Campamento Mestizo, donde Dante se convirtió en uno de los semidioses más respetados. Sin embargo, la aparición de un nuevo campista y el despertar de un mal ancestral pondrán aprueba sus capacid...
