IV

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—El rayo maestro de Zeus —dijo Quirón, nervioso—. El símbolo de su poder, de donde salen todos los demás rayos. La primera arma construida por los cíclopes en la guerra contra los titanes, el rayo que desvió la cumbre del monte Etna y despojó a Cronos de su trono; el rayo maestro, que contiene suficiente poder para que la bomba de hidrógeno de los mortales parezca un mero petardo.

—¿Cómo demonios se pierde un arma como esa? —preguntó Dante desde el sofá del salón de la Casa Grande.

Su mirada viajó hacia el pasillo donde podía ver las escaleras que subían al desván. Podía intuir una ligera bruma verdosa que descendía por los escalones. El Oráculo ya debía de haberse mostrado frente a Percy.

Pobre crío, pensó, volviendo a prestar atención a su maestro.

—Ha sido robado —dijo Quirón.

—¿Por quién? —preguntó ahora Annabeth.

—Por Percy.

Su maestro respondió tan rápidamente que ambos semidioses enmudecieron. Dante y Annabeth compartieron una mirada, extrañados y volvieron a mirar a su maestro.

—Disculpa, ¿qué? —dijo el mayor.

Solo conocía a Percy desde hacía una semana. Pero era imposible que aquel chico con cara de tonto y alma de boy-scout hubiese robado una de las armas más poderosas de la historia.

—Al menos, eso es lo que cree Zeus —siguió el centauro—. Zeus tiene buenos motivos para sospechar. Veréis, las forjas de los cíclopes están bajo el océano, lo que otorga a Poseidón cierta influencia sobre los fabricantes del rayo de su hermano. Zeus cree que Poseidón ha robado el rayo maestro y ahora ha encargado a los cíclopes que construyan un arsenal de copias ilegales, que podrían ser utilizadas para derrocar a Zeus. Lo único que Zeus no sabía seguro es qué héroe habría usado Poseidón para cometer el divino robo. Ahora el dios del mar acaba de reconocer abiertamente a Percy como su hijo. Él estuvo en Nueva York durante las vacaciones de invierno y podría haberse colado fácilmente en el Olimpo. Por tanto, Zeus cree que ha encontrado a su ladrón.

Un nuevo silencio se instauró en el salón. Quirón miró a sus dos aprendices, esperando que dijesen algo. Dante no sabía que decir. Era imposible. No podía ser tan sencillo robar el rayo maestro. Pero por otro lado... Podía llegar a tener sentido. Tal vez aquel chico los había engañado.

Justo entonces, irrumpió en la habitación el dueño de sus pensamientos. Percy Jackson entró al salón con el rostro pálido y se derrumbó en la silla junto a la mesa de pinacle.

—¿Y bien? —le preguntó Quirón.

—Me ha dicho que recuperaré lo que ha sido robado.

Grover se adelantó en su silla, mascando nervioso los restos de una lata de Coca-Cola light.

—¡Eso es genial! Significa que tú lo tienes.

—¿Qué ha dicho el Oráculo exactamente? —le presionó—. Es importante.

Percy parpadeó varias veces, tratando de aclarar su mente

—Ha... ha dicho que me dirija al oeste para enfrentarme al dios que se ha revelado. Recuperaré lo robado y lo devolveré intacto.

—Lo sabía —insistió Grover.

Quirón por otra parte no parecía satisfecho

—¿Algo más?

Percy volvió a quedarse en silencio durante unos segundos. Alzó la mirada y observó uno a uno a todos los presentes. Cuando su mirada encontró la del hijo de Ares se quedó quieto un segundo de más. Y Dante pudo verlo... Duda.

ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora