XVI

449 55 8
                                        

La bala zumbó a escasos centímetros por encima de la cabeza de Helena justo cuando Dante se tiró sobre ella, derribándola contra la hierba. En cuanto tocaron el suelo, el hijo de Ares giró sobre sí mismo, se puso en pie de un salto y encaró al batallón de espectros que ya comenzaba a rodearlos.

—¡Atrás! —bramó, desenvainando las dagas. En respuesta, los soldados de la Unión levantaron sus fusiles fantasmales, dispuestos a disparar una nueva descarga.

—¡Pensaba que éramos hermanos de armas! —le recriminó Dante al oficial.

—Si fueses un auténtico hijo de Marte, no irías de la mano de esa escoria —respondió el general Abner Doubleday con desprecio, levantando la mano enguantada para dar la orden de fuego. Pero antes de que pudiera bajar el brazo, Dante se movió con una velocidad sobrehumana.

Un destello de bronce celestial cruzó el aire y la cabeza incorpórea del general salió volando por los aires, separándose del cuello con un corte limpio. No tenía la certeza absoluta de que aquello fuera a destruirlo permanentemente, pero el efecto secundario fue inmediato: los soldados, desconcertados al ver a su líder decapitado, rompieron filas presas del pánico.

—¡Corre! —le gritó Dante a Helena, agarrándola de la muñeca.

Aprovechando el caos entre las filas enemigas, cruzaron a toda velocidad el parque hasta alcanzar el malecón sin mirar atrás.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —exigió saber Helena, trotando a su lado y recuperando el aliento.

—Un puñado de fantasmas de la Guerra de Secesión ha decidido que somos su blanco de prácticas.

—¿Qué has hecho para cabrearlos tanto? —le acusó ella con los ojos abiertos de par en par.

—¡Nada! Te lo juro por el río Estigio —se defendió Dante.

—Entonces, ¿por qué corremos?

—¡Porque han intentado volarnos la cabeza!

—¿Por qué motivo?

—No lo sé... —mintió Dante. El general había sido cristalino respecto al desprecio hacia la "escoria griega" de Helena, pero prefirió tragarse ese detalle para evitar una discusión en plena huida—. ¡Por aquí! —señaló, cambiando de rumbo hacia los restos de piedra del histórico Fuerte Sumter.

—¿Nos han seguido? —preguntó Helena, apoyando la espalda contra el muro de piedra.

—No lo creo —respondió Dante, recuperando el aliento. Para fundirse con el entorno, los chicos se mezclaron de inmediato con un grupo numeroso de turistas que realizaban una visita guiada por las instalaciones del fuerte—. ¿Qué te parece si nos largamos ya de esta maldita ciudad?

—Me parece un plan excelente —concedió Helena.

Siguiendo a hurtadillas al grupo de civiles, Dante y Helena llegaron casi hasta la salida. Sin embargo, Dante detuvo a la chica en seco al ver que un par de patrullas de espectros cruzaban cerca de allí.

—Buscad al traidor y a la griega —escucharon murmurar a uno de los fantasmas con tono amenazante.

—Joder, sí que se han tomado esto como algo personal —masculló Dante una vez se alejaron.

—¿Cómo es posible que tú puedas verlos y oírlos con tanta claridad? —le preguntó Helena extrañada—. Es decir, no eres hijo de Hades.

—Supongo que será porque son los espíritus de caídos en combate... —respondió él, encogiéndose de hombros.

De repente, una oleada de vértigo lo sacudió y flaqueó, terminando por apoyarse pesadamente contra una de las paredes de piedra para no caerse. Una extraña vibración recorrió su cuerpo. Al levantar la vista, fijó los ojos en la puerta de madera contra la que se había recostado; era un acceso viejo y corriente, a excepción de un detalle tallado con precisión en la parte superior: el dibujo de una lechuza.

ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora