IX

576 67 2
                                        

—Washington D.C., la capital del país —dijo Dante, quitándose el casco y estirando la espalda hasta que le crujieron las vértebras. Había conducido todo el día bajo un sol abrasador, deteniéndose solo para tragar algo de comida rápida y estirar las piernas. Su objetivo inicial era llegar a Richmond, pero el denso tráfico de la I-95 alrededor de la capital los había atrapado como arenas movedizas. Rendido, tuvo que desviarse para repostar.

—Maldito tráfico...

Entraron en una cafetería para comer. Ya eran pasadas las tres, pero esperaba que por lo menos pudieran hacerles unos bocadillos calientes.

—Hey, mira esto —dijo Helena, pasándole un periódico. El Trenton Register-News mostraba la fotografía de un autobús volcado en la zona de Grey hound—. Ese es Percy, ¿no?

En la imagen se veía al joven hijo de Poseidón con la espada en sus manos. En el pie de foto se leía: «Percy Jackson, de doce años, buscado para ser interrogado acerca de la desaparición de su madre hace dos semanas. Aquí se le ve huyendo del autobús en que abordó a varias ancianas. El autobús explotó en una carretera al este de Nueva Jersey poco después de que Jackson abandonara el lugar. Según las declaraciones de los testigos, la policía cree que el chico podría estar viajando con dos cómplices adolescentes. Su padrastro, Gabe Ugliano, ha ofrecido una recompensa en metálico por cualquier información que conduzca a su captura»

Dante parpadeó un par de veces.

—Vaya... La han liado bastante.

Helena suspiró agotada.

—¿Crees que estarán bien? —preguntó, ojeando el periódico en busca de algo más de sus amigos.

—Podemos comprobarlo —respondió Dante con una sonrisa.

La camarera les dio los bocadillos que habían pedido y salieron a comérselos a un parque en las afueras de la ciudad.

—Está bueno —apuntó la hija de Apolo mientras devoraba su comida.

Dante dejó la mochila en el suelo y sacó un pequeño prisma de cristal. Los rayos de sol que se filtraban entre las hojas de los arboles iluminaron el objeto y creó un pequeño arcoíris.

—Oh, diosa, acepta nuestra ofrenda —Dante sacó un dracma dorado de su bolsillo y lo lanzó al arcoíris—. Annabeth Chase.

No ocurrió nada al instante. Pero al poco tiempo los colores del arcoíris vibraron y formaron la imagen de la hija de Atenea. Estaba en lo que parecía un vagón de tren, a su lado Percy dormía plácidamente bajo la atenta mirada de la chica.

—Annabeth —la llamó Helena. La hija de Atenea dio un pequeño respingo que despertó a Percy.

Annabeth alzó la mirada, buscando el origen de aquella voz hasta que encontró la imagen de sus amigos.

—Dante, Helena. Hola, ¿es un mensaje de Iris?

Dante asintió con una sonrisa.

—Hola Annie. Siento haber interrumpido tu momento de paz, pero Helena quería saber cómo estabais. Hemos visto el periódico.

Percy miraba el arcoíris, embobado.

—¿Qué demonios es eso? ¿Ese es Dante?

El hijo de Ares respondió con un guiño de ojo.

—Hola Percy. Me alegra ver que sigues vivo.

—Hola Percy — saludó Helena—. Esto es un sistema de comunicación que usamos los semidioses, no tenemos mucho tiempo así que dile luego a Annabeth que te explique cómo funciona.

ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora