En sus sueños, Dante se encontraba en una inmensa y oscura caverna, de pie frente a un foso insondable. Criaturas de niebla gris se arremolinaban a su alrededor, exhalando jirones de humo. Tiraban de su ropa, intentando alejarlo de allí, pero él sentía un impulso antinatural que lo obligaba a caminar hasta el borde mismo del abismo. El foso, ancho y negro, carecía de fondo.
Aun así, Dante tenía la asfixiante impresión de que algo intentaba alzarse desde las profundidades; algo colosal, antiguo y profundamente malvado. El simple hecho de asomarse le produjo náuseas.
—Veo que has conseguido las dagas... —reverberó una voz divertida desde la lejana oscuridad—. Antífates te subestimó. Era demasiado estúpido, demasiado débil.
La voz sonaba inmemorial, fría y rasposa. Lo envolvió como un pesado manto de hielo.
—¿Quién se supone que eres? —preguntó Dante, fastidiado. Estaba harto de voces misteriosas que le hablaban desde pozos y cavernas.
Una risa siniestra recorrió la inmensidad de la cueva, helándole la sangre en las venas.
—Mocoso arrogante. Si supieses quién soy, estarías temblando de terror. Hasta tu propio padre se ha doblegado ante mí —respondió la entidad.
—¿A sí? Pues búscate la vida, porque a mí no vas a asustarme, voz misteriosa —lo desafió el chico. Como única respuesta, una fuerza invisible y gravitatoria comenzó a arrastrarlo hacia el interior del foso.
—No te resistas, chico. Tengo grandes cosas pensadas para ti.
Dante trató de alejarse del abismo, pero la succión era cada vez más poderosa. Luchando contra aquel tirón, cayó de rodillas, buscando desesperadamente aferrarse a cualquier cosa. Sin embargo, la roca bajo sus pies se convirtió en fango húmedo, haciéndolo resbalar sin remedio hasta quedar colgando del borde.
—¿De verdad crees que puedes resistirte? —se burló la oscuridad.
—De momento... parece que aguanto —gruñó Dante, clavando los dedos en una piedra saliente con todas sus fuerzas.
—Criatura insignificante —siseó la voz.
Su tono divertido había dado paso a una irritación palpable. La gravedad se multiplicó. Dante no pudo soportarlo más; sus manos, cubiertas de barro, resbalaron de la roca y cayó al vacío. Se sumergió en la más absoluta oscuridad mientras las crueles carcajadas de la voz lo perseguían en su descenso.
*********
Despertó sobresaltado, con la mayor parte del cuerpo tirada en el suelo y solo la pierna derecha enganchada en el sofá donde se suponía que estaba durmiendo. Temblaba de pies a cabeza. Aún podía sentir la aplastante y escalofriante presencia del titán rodeándolo como un aura de hielo. Cerró los ojos con fuerza, obligándose a tranquilizar su propia respiración.
—¿Qué haces en el suelo? —preguntó la voz de Helena.
Dante volvió a abrir los ojos para encontrarse a la chica en pijama, observándolo desde el umbral del salón.
—Nada... —murmuró él, incorporándose pesadamente.
Mantuvo la vista clavada en el suelo. Se dio cuenta de que aún le temblaban las manos, así que se apresuró a esconderlas debajo de las sábanas. No le apetecía hablar del tema, y si Helena veía aquello, seguro que empezaría a hacerle preguntas.
—¿Qué hora es?
—Las ocho de la mañana.
Dante suspiró, arrastrando el cansancio de mil batallas, y volvió a dejarse caer contra el respaldo del sofá.
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ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSON
FanfictionDescubre quién eres... Cinco años... Cinco años en el Campamento Mestizo, donde Dante se convirtió en uno de los semidioses más respetados. Sin embargo, la aparición de un nuevo campista y el despertar de un mal ancestral pondrán aprueba sus capacid...
