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Al día siguiente, tras terminar las actividades matutinas de la cabaña de Ares Dante fue llamado a una reunión el despacho del señor D. Dentro de la habitación ya le esperaban su maestro Quirón, metido en su silla de ruedas y el señor D, apoyado sobre su mesa claramente aburrido.

—Hola Damián —dijo el dios en cuanto entró a la habitación.

—Soy Dante...

Le molestaba profundamente este comportamiento del dios, de hacer como que no conocía a los campistas, a pesar de que conocía a alguno de ellos desde hacía años.

—Sí, sí. Lo que sea. Siéntate.

El dios hizo un gesto con la mano y una silla golpeó a Dante por detrás de las rodillas, obligándole a sentarse. El dios levantó la mano con aire solemne haciendo aparecer una copa de vino.

—Esto señor... —le llamó Quirón.

—Ya, ya lo sé —dijo el dios convirtiendo la bebida en una Coca-Cola Light—. ¿Qué haces aquí?

Dante parpadeó dos veces, mirando al director del campamento.

—Usted me llamó...

El dios se señaló a sí mismo.

—¿Yo te llamé?

Dante levantó la ceja mientras miraba al maestro Quirón de reojo. El centauro suspiró por lo bajo y se acercó a la mesa.

—Señor D. El chico está aquí por la misión.

Dionisio arrugó el entrecejo.

—Pensaba que los que iban a recuperar el juguetito de Zeus ya se habían ido.

Quirón carraspeó.

—Y lo han hecho. Dante está aquí por la otra misión.

—¿Qué otra misión? —preguntó el señor D.

—Ya sabe señor... La otra misión.

—Yaaa... Esa misión. Sí, claro —dijo el dios, colocándose bien en su sillón—. Damián. Estas aquí por una importante misión. La misión es...

Se giró hacia Quirón quien decidió continuar él con la conversación.

—El Olimpo ha solicitado que enviemos un destacamento para revisar una sospechosa cantidad de monstruos en la zona de Florida.

Dante levantó una ceja y se echó hacia delante. No era raro que el Olimpo hiciese solicitudes como aquella, pero era obvio que había algo que no le estaban contando.

—¿Solo eso? ¿Qué ocurre?

El señor D dejó de prestar atención a su lata de Coca-Cola y miró al chico.

—¿Te parece poca misión?

—No señor. Es solo que no entiendo por qué organizan una misión solo por unos monstruos de más —dijo Dante— Normalmente los dejamos en paz. No dañan a los humanos.

—Deja de hacer tantas preguntas —le espetó el dios—. Se te ha encomendado una misión. Cúmplela.

Dante agachó la cabeza, acatando la orden.

—Sí señor.

—Sube a hablar con el Oráculo. Te daremos más detalles una vez bajes —dijo Quirón.

El hijo de Ares asintió y abandonó la habitación, camino al desván.

Cuatro pisos más arriba, las escaleras terminaban debajo de una trampilla verde, tiró de la cuerda. La portezuela se abrió, y de ella bajó una escalera traqueteando. El cálido aire que llegaba de arriba olía a moho, madera podrida y algo más... Olor a serpientes.

ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora