—¿Algún rastro de Luke? —preguntó Quirón desde su silla de ruedas en cuanto vio a Dante cruzar el umbral de la Casa Grande.
—Nada... —gruñó Dante, dejándose caer pesadamente en uno de los sillones de cuero, con la ropa sucia de barro y sudor—. Hemos estado peinando el puto bosque durante cuatro horas y ni rastro. Es como si se lo hubiera tragado la tierra.
En la sala, además del centauro y de él, se encontraban Annabeth y Percy. El hijo del mar seguía inconsciente sobre una camilla, pálido y sudoroso, con la mano derecha envuelta en un vendaje tan grueso que parecía un mazo de asedio.
—¿Cómo está el chaval? —preguntó Dante, frotándose los ojos con agotamiento.
—No va a morir, lo cual ya es más que suficiente dadas las circunstancias —respondió Quirón.
Dante soltó un largo suspiro, echando la cabeza hacia atrás para mirar el techo de madera.
—Lo tuve a tiro... Podría haberlo decapitado allí mismo... —murmuró, arrastrando una frustración que le quemaba las entrañas.
—Te creo, Dante. Estoy seguro de que habrías acabado con él si te lo hubieras propuesto, pero en la fracción de segundo que importaba, decidiste cargar con Percy. Eso le salvó la vida —le consoló el centauro con voz calmada—. Tomaste la decisión correcta.
—Eso espero —repuso él, cerrando los ojos.
El silencio inundó el lugar, espeso y cargado de tensión, hasta que un gemido rompió la quietud. Percy empezó a revolverse en la cama.
—Sigue entre los vivos... —anunció Dante, incorporándose.
Annabeth se apresuró a darle a beber un poco de néctar de un vaso, lo que hizo que el chico terminara de abrir los ojos, desorientado.
—Aquí estamos otra vez —balbuceó Percy.
—Cretino —le regañó Annabeth, aunque el alivio desbordaba en su voz—. Estabas verde y volviéndote gris cuando Dante pateó la puerta contigo a cuestas. De no ser por los cuidados mágicos de Quirón...
—Bueno, bueno —intervino el centauro con una sonrisa afable—. La constitución natural de Percy tiene gran parte del mérito.
—¿Cómo te encuentras, chaval? —le preguntó Dante, apoyándose en el marco de la cama.
—Como si me hubieran congelado las entrañas y después las hubieran metido en el microondas —respondió él, intentando incorporarse con una mueca de dolor.
—Bien, teniendo en cuenta que te han inyectado veneno puro de escorpión del abismo, yo diría que es un diagnóstico optimista. Ahora tienes que contarnos, si puedes, qué ocurrió exactamente en el bosque —pidió Quirón.
Entre sorbos de néctar y paradas para recuperar el aliento, Percy les relató la historia. La traición, la invocación del escorpión y los planes de Cronos. Cuando finalizó, un silencio gélido se adueñó de la enfermería.
—No puedo creer que Luke... —empezó Annabeth, pero la voz le falló. Su expresión, dividida entre la tristeza más profunda y un profundo enfado, se endureció—. Sí... Sí puedo creerlo. Que los dioses lo maldigan... Nunca volvió a ser el mismo tras su misión en el Jardín de las Hespérides.
—Hay que avisar al Olimpo de inmediato —murmuró Quirón, oscureciendo el gesto—. Partiré ahora mismo.
—¡Luke aún está ahí fuera! —protestó Percy, alterándose e intentando levantarse—. ¡Tengo que ir tras él!
Quirón meneó la cabeza con severidad.
—No, Percy. Los dioses...
—¡Los dioses no harán nada! —le espetó el chico, furioso—. ¡Zeus ya ha dicho que el asunto estaba cerrado!
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ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSON
FanfictionDescubre quién eres... Cinco años... Cinco años en el Campamento Mestizo, donde Dante se convirtió en uno de los semidioses más respetados. Sin embargo, la aparición de un nuevo campista y el despertar de un mal ancestral pondrán aprueba sus capacid...
