—¿Por qué hueles a carne chamuscada? —le preguntó Luca a Dante en cuanto los chicos cruzaron la puerta del taller, haciéndole una seña para que se acercara.
Dante lo fulminó con la mirada, mientras Helena no pudo evitar soltar una carcajada por lo bajo.
—¿De qué te ríes tanto? —se quejó el hijo de Ares.
—De que eres un caso perdido —respondió ella con sorna.
—Porque eres tonta —replicó Dante de forma cortante, aunque sin malicia—. A lo que iba: ¿has arreglado ya la moto?
—Y vosotros... ¿habéis acabado con los monstruos que rondaban por los alrededores? —contraatacó el mecánico, cruzándose de brazos con una ceja alzada.
—Más o menos... —terció Helena—. Los bichos están muertos, pero la verdad es que no fuimos nosotros los que los mandamos al otro barrio.
—Nos topamos con otros semidioses en el bosque —explicó Dante, observando de reojo al chico—. ¿Tú sabías algo de su existencia por esta zona?
—No. Yo vivo al margen de esos asuntos; solo he hablado con vosotros en todo el año.
—¿Seguro? —insistió Dante, entrecerrando los ojos con un tono de advertencia amenazante.
—Sí, lo juro por el río Estigio —afirmó Luca con absoluta firmeza.
En ese preciso instante, un trueno seco retumbó en un cielo completamente despejado, sellando el pacto con la autoridad de los infiernos. Dante aguardó unos segundos, comprobando que ninguna maldición divina caía sobre el taller.
—De acuerdo... Te creo —concedió, reconociendo el peso inquebrantable de un juramento de esa magnitud—. En fin, ¿nos vas a entregar la moto en condiciones? ¿Sí o no?
—Ya está lista para correr —dijo Luca, indicando con la cabeza hacia el exterior. Dante se acercó a inspeccionarla. No solo había sustituido los radios rotos, sino que el chasis relucía como si acabara de salir de fábrica—. Podéis llevárosla. Da igual que no hayáis sido vosotros los que limpiaron el bosque; cumplisteis vuestra parte viniendo a preguntar.
—¿De verdad? Al final nosotros no hicimos el trabajo sucio... —protestó Helena, sintiendo un remordimiento de conciencia.
—Helena, por los dioses, no pongas nunca en duda la generosidad desinteresada de la gente —la cortó Dante de inmediato.
—¿Cómo puedes tener tanta jeta? —le recriminó ella con los ojos abiertos como platos.
—Te recuerdo que estamos sin blanca. Si nos regala la reparación, aceptamos con una sonrisa y las gracias por delante.
Ambos jóvenes comenzaron una típica discusión de pareja en medio del taller, hasta que la risa franca de Luca logró distraerlos.
—¿De qué te ríes ahora? —le preguntó Dante con fastidio.
—Perdón, no quería ofenderos. Es solo que echaba de menos tratar con semidioses —sonrió el mecánico—. Ya no recordaba lo absurdamente divertidos que podéis llegar a ser cuando os ponéis a discutir por tonterías.
—¿Y si estás tan nostálgico, por qué no regresas al Campamento Mestizo? —le preguntó Helena con curiosidad. Luca sonrió con calma ante la pregunta y desvió la vista hacia Dante.
—Bueno... Como le comenté a tu compañero ayer, no todos estamos hechos para esta vida de héroes trágicos —explicó—. Algunos preferimos colgar las armas, buscar una existencia mortal y predecible, enamorarnos, formar una familia y trabajar en lo que realmente nos gusta.
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ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSON
Fiksi PenggemarDescubre quién eres... Cinco años... Cinco años en el Campamento Mestizo, donde Dante se convirtió en uno de los semidioses más respetados. Sin embargo, la aparición de un nuevo campista y el despertar de un mal ancestral pondrán aprueba sus capacid...
