Dante abrió los ojos de golpe, aspirando una bocanada de aire como si acabara de salir del fondo del mar. Estaba empapado en sudor frío. Aunque el brutal puñetazo del rey gigante solo había ocurrido en su mente, el eco del impacto aún le retumbaba en los huesos, dejándole un dolor sordo y palpitante en el pecho.
—Tranquilo... ¿Estás bien? —preguntó Helena, arrodillada a su lado con el rostro surcado de preocupación.
Dante parpadeó, intentando enfocar la vista en la penumbra. Ya era de noche. Y lo más desconcertante: ya no estaban entre las columnas de mármol del Memorial Nacional. El inconfundible olor a tierra húmeda y la silueta de los árboles le indicaron que Helena lo había arrastrado de vuelta al parque donde la Quimera los había emboscado.
—¿Qué ha pasado...? —murmuró con la voz ronca, llevándose una mano a la cabeza dolorida.
—Matamos a la Quimera, pero te desplomaste al instante —explicó Helena, pasándose una mano temblorosa por el pelo—. Justo después empezaron a sonar las sirenas. Al parecer, algún mortal llamó a emergencias diciendo que había un león suelto por la plaza. No me iba a quedar a dar explicaciones, así que te cargué a hombros y te traje a rastras hasta aquí.
Dante soltó un gruñido e hizo el amago de incorporarse, pero sus brazos temblaron y cedieron, obligándole a caer pesadamente contra la hierba de nuevo.
—Oye... quieto ahí —le regañó ella, apoyando una mano firme en su hombro—. Parecemos estar a salvo por ahora. Descansa.
Dante quiso replicar que estaba perfectamente, pero era una mentira colosal. El precio por canalizar el poder puro de Ares lo había vaciado por dentro. Cada músculo le pesaba como si sus huesos fuesen de plomo fundido y el más mínimo movimiento le robaba el aliento.
—¿Cuánto tiempo he estado fuera de juego? —murmuró, arrastrando las palabras.
—Varias horas —Helena se acomodó a su lado, acortando la distancia para permitir que él se apoyara un poco contra ella—. Eso ha sido una completa locura.
—Ya me lo habías dicho —respondió él, esbozando una sonrisa torcida.
—Y te lo diré todas las veces que haga falta —replicó Helena. Sonaba molesta, pero su voz la delataba: estaba muerta de preocupación.
—Estamos vivos. Eso es lo que importa —susurró el hijo de Ares, intentando sonar optimista.
Ambos se quedaron en silencio, refugiados en la oscuridad del parque, dejando que el murmullo lejano de la ciudad los envolviera. Dante intentó mantener la vista clavada en las sombras para hacer guardia, pero la aplastante gravedad de su propio agotamiento lo arrastró irremediablemente de vuelta a las profundidades del sueño.
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—Percy Jackson. Eso es, Dan. El Canal Doce acaba de saber que el chico que podría haber causado esta explosión coincide con la descripción de un joven buscado por las autoridades en relación con un grave accidente de autobús en Nueva Jersey, hace tres días. Y se cree que el chico viaja en dirección al oeste. Aquí ofrecemos una foto de Percy Jackson para nuestros telespectadores
Dante y Helena pasaron la noche durmiendo al raso en el parque. A la mañana siguiente, en cuanto el sol salió por el horizonte, cogieron la moto y pusieron rumbo a Richmond. Allí, pararon en un bar para almorzar.
No habían pedido la comida cuando el noticiero comenzó a hablar del hijo de Poseidón.
—Se está haciendo muy famoso —dijo Dante con una sonrisa.
—Pobre Percy... —suspiró Helena, llevándose una mano a la frente.
—Bueno, si salen en las noticias es que siguen vivos. Eso es bueno –
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ARES #1 // DIOSES DEL OLIMPO // PERCY JACKSON
Hayran KurguDescubre quién eres... Cinco años... Cinco años en el Campamento Mestizo, donde Dante se convirtió en uno de los semidioses más respetados. Sin embargo, la aparición de un nuevo campista y el despertar de un mal ancestral pondrán aprueba sus capacid...
