Capítulo 46

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*6 horas antes*

Liam corrió hasta su coche y no fue hasta que estuvo adentro que notó el par de lágrimas que caían de sus ojos, no era posible que Theo estuviera tan cerca y a la vez tan lejos, estaba en New York, a unos metros, a unas calles, a unas avenidas, pero estaba en la ciudad y no había nada que pudiera hacer al respecto a menos que pusiera en riesgo la libertad de Theo. Había amenazado al ojiverde, claro que si, pero por nada del mundo iba a cumplir esa amenaza.

Encendió el coche y se dirigió a su departamento. El cansancio físico es duro, pero el cansancio mental es el más difícil de sobrellevar; es aquel en el que no puedes dejar de pensar, le das vueltas y vueltas al asunto y no puedes llegar a una conclusión y al final no puedes levantarte, no porque tus músculos no te lo permitan, sino porque moverte implica pensar y tu cerebro ya no da para más, así que lo único que quería hacer era recostarse en su cama y dormir; por desgracia, un par de metros después se dio cuenta que eso era algo que no podría hacer en su propia casa por dos razones: la primera era que desde que Theo se fue, su departamento no hacía más que obligarlo a pensar y leer el libro que él menor le había recomendado. La segunda razón era que pudo ver el coche de Brett estacionado enfrente del edificio, lo que significaba que haría de todo menos descansar.

– Mierda– golpeó el volante con rabia y recargó la cabeza en sus manos. ¿A dónde más podía ir?– ¡Carajo!– dijo para acelerar el coche y alejarse lo más rápido de ahí.

Manejó sin ningún rumbo durante horas hasta que el coche le indicó que se le agotaba la gasolina, así que se detuvo en la estación más cercana y llenó el tanque mientras golpeteaba el volante con sus pulgares. ¿Qué hora era? No estaba muy seguro de cuánto tiempo llevaba manejando pero no podían ser más de las 12. Pagó la gasolina y al encender el coche miró el reloj del estéreo. Eran las 3 de la mañana y el castaño aún no tenía lugar donde dormir, el único lugar en donde se le ocurría pasar la noche era una locura, pero era la mejor opción para descansar.

Salió de la estación y manejó a una velocidad normal hasta el departamento de Theo y se encontró con una recepcionista diferente, por supuesto, era el turno de la noche. Suspiró y sonrió con la mayor calma que sus pensamientos le permitían.

– Buenas noches, ¿puedo ayudarlo?

– Vengo a ver al señor Shepard– sonrió un poco más.

– Lo lamento, el señor Shepard no ha vuelto desde la tarde– hizo una cara apenada.

– Oh, eso lo sé– los celos lo consumían, estaba seguro que Derek no mentía respecto a buscarle alguien que lo hiciera olvidarse de la escena de la tarde– Está en mi casa– mintió– Verás, soy su novio y estamos de aniversario, entonces lo dejé dormido en mi casa para venir a hacerle un regalo– sonrió de nuevo.

– Oh... No sabía...– sonrió apenada– Pero no puedo dejarlo pasar.

– Te daré mi identificación– sacó su cartera y le entregó una credencial.

– Haré una excepción esta vez, señor Dunbar, pero le pido que la próxima vez consiga la llave– presionó un botón haciendo que las puertas del ascensor se abrieran.

– Muchas gracias– en verdad estaba agradecido– ¡Te debo una!– salió corriendo hasta el ascensor y se metió con una sonrisa sincera y se cerraron las puertas.

Al llegar al departamento, recorrió el lugar con la mirada y salió de la pequeña caja. Caminó al rededor de la sala y suspiró pesado; tenía la esperanza de encontrarse a su novio en ese lugar pero claramente se había equivocado, el lugar estaba completamente vacío.

Al llegar a la habitación abrió la puerta y miró la cama con nostalgia, la última vez que durmieron ahí no había ningún problema, la última vez que pasaron la noche en esa cama había sido mágica, por el contrario, se despidieron en el departamento del ojiazul y probablemente eso era lo que hacía despreciar tanto esa habitación. Ahora ni siquiera habían cruzado palabra por casi un mes.

Casi se arrastró hasta la cama, la desatendió de un lado, abrazó uno de los almohadones que aún tenía el aroma del menor y estando listo para dormir, sollozó dejando caer varias lágrimas mojando la tela.

– Te extraño– y se quedó profundamente dormido.


...


Abrió la puerta y se quedó petrificado. 

Era Liam, Liam estaba acostado en su cama.

Tenía el cabello hecho una maraña, su cabeza estaba recargada en una de las almohadas blancas mientras abrazaba los almohadones negros. Tenía la boca ligeramente abierta y la mitad de su cuerpo estaba tapado con el cobertor, mientras la otra mitad recibía calor por parte de los rayos del sol que entraban por la ventana cuyas cortinas estaban entreabiertas. Parecía un ángel, acostado entre un montón de nubes.

– Sé que ya no quieres hablar de esto, pero...

– ¡Cállate!– susurró exaltado a su amigo, mirándolo con molestia.

– ¿Qué pasa?– susurró Derek. Theo señaló al cuarto y se recargó en el marco de la puerta observando cómo respiraba pacíficamente– Nos vemos en un rato– dio un par de palmadas en su hombro y se alejó de él saliendo del departamento.

A pesar de no haber recibido ninguna respuesta por parte del mayor sobre Theo teniendo alucinaciones sobre la persona que estaba ahí, no podía creer en lo más mínimo que Liam estuviera ahí, recostado de la misma manera en que lo estaba cuando lo vio por última vez. Liam acostumbraba a dormir a la mitad de la cama, dejándole siempre a Theo un pequeño espacio de los dos lados para dormir con él, así que como era costumbre, rodeó la cama lentamente intentando no hacer ruido y acarició su mejilla apenas rozando, Liam se removió un poco y se aferró más fuerte al almohadón. Repitió el movimiento esta vez sentándose a un lado de su espalda y suspiro con tristeza. No estaba listo para deshacer esa escena tan perfecta para comenzar un infierno, pero mientras más rápido fuera, más rápido acabaría. Tal vez alguien por fin lo hacía pagar por todos sus crímenes, por todos sus pecados.

– Es hora de despertar dormilón– besó su mejilla.

Estocolmo [THIAM]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora