Capítulo 03

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06:00 pm

Las horas de tortura por fin acaban.

— Procura llegar temprano mañana niña —me advierte el señor Marcus, con ese amargado y exigente tono.

Me pregunto si tendrá a alguien que lo quiera.

— Si señor —contesto con seguridad mientras salgo por la puerta trasera del lugar.


******


A penas llego a casa, me dirijo al baño. Empiezo a quitarme los tenis converse color crema que llevo, y seguido mi uniforme que es el típico vestido de camarera; es de un color naranja pastel con detalles blancos y lleva en el lado izquierdo el logo del café. Se ajusta a mi de forma sutil, no es tan ancho ni tan pegado, me permite moverme libremente. No soy una chica con grandes atributos pero tampoco me quejo.

Entro a la ducha donde el espacio es algo estrecho pero lo suficientemente cómodo para mi, como lo es el baño en si.

¿Les digo algo?, debería prestar más atención a las informaciones que pasan en las noticias sobre quienes controlan este pueblo. Tal vez quedé como una idiota hoy, o tal vez quedé como la que le dice a los idiotas su merecido, depende del punto de vista de quien lo vea. Pero... ¿a quién le importa?, yo digo que ese engreído niño rico necesitaba unas palabras fuertes; ¿me apoyan no?

Por alguna razón aún lo tengo en mente, y puedo explicarla: belleza.

Si, ese imbécil tiene un alto grado de hermosura física. Rostro tallado por quién sabe qué, ¿genética del poder?, algo alargado pero con atribución madura como suave a la vez. Su voz es algo profunda y calmada, y su presencia ya saben, toda elegante y poderosa. No debe pasar de los 23 años.

Pero vamos, no voy a ponerme a pensar en ese ahora. El tiene una vida resuelta, yo tengo que invertir y trabajar en la mía.

Al salir me dirijo rápidamente a buscar ropa, lo cual no es muy complicado porque no es algo que tenga en abundancia así que tomo lo más adecuado y me visto a velocidad luz. He aprendido a ser muy ágil con los años.

Esta vez peino mi cabello en una coleta fuerte, aplacándolo bien para que se vea pulcro. Para lo único que me esmero en mi presencia y apariencia es para esto.

Y... ¿qué es "esto"? Solo lo más importante en mi vida después de mi padre. Mis estudios de cocina.

Con mi trabajo a doble turno en el café puedo pagar mis estudios en el instituto Master de Repostería; el segundo de los dos mejores que tiene el pueblo. Tal vez en un pueblo no ofrezcan una calidad excepcional en clases como en una ciudad, pero al estar toda mi vida aquí es a lo más lejos que he podido aspirar, considerando mi realidad claro. No es como que no me gustaría irme a especializar en las mejores academias, por favor, ¿quién piensan que soy?, solo me adapto y acepto mis circunstancias.

Además, el instituto es de lo mejor. En una estadística del 100% tienen el segundo porcentaje más alto entre los tres pueblos más cercanos: 94%; ya que el Master Prime tiene un 97%. Son tres años de seis niveles, de los cuales llevo un nivel aprobado y casi completando el segundo. Clases nocturnas cinco días a la semana y bastantes tareas, más la práctica en casa. A veces siento que tendré un derrame cerebral, corporal y del todo terminado en "-ral", pero bueno, si puedo cumplir mis sueños vale el sacrificio.

Tomo mi mochila del enganche y la cuelgo en mi espalda, más el trabajo de unas 20 páginas que terminé anoche, el cual coloco en el canasto de mi bici para que no se arrugue. Agarro las llaves de la mesita en la sala, cierro tras de mi la puerta y salgo toda empoderada al estilo Elektra; así es, a pelear y a acuchillar por mi futuro...

Su Realidad Y La MíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora